Franklin Arroyo.11 agosto

Una vez que acaba la relación sexual, a menudo afloran resentimientos y decepciones producto de la desinformación. Es importante que la pareja sepa que la eyaculación viene seguida de una etapa llamada período refractario, en el cual el hombre experimenta una saciedad sexual, una especie de hastío, provocada por modificaciones hormonales y bioquímicas, que tiene una duración de entre 15 a 60 minutos.

Algunas mujeres interpretan esta súbita apatía, como una utilización de su cuerpo; es decir, piensan que el varón estaba sumamente cariñoso para tener sexo y, una vez que lo consiguió, ya no le importa y la hace al lado, como si ella fuera un objeto sexual. Las quejas femeninas son frecuentes: “Él se duerme apenas terminamos”, “se pone a ver televisión apenas acaba”, “no hemos terminado cuando se pone a hablar por teléfono”.

Esto es una gran ofensa para la mujer, que, de por sí, es blanco constante de múltiples desprecios que la hacen más vulnerable en nuestra sociedad. De ahí la importancia de recordar que esta es una reacción física y no un desaire varonil. Es crucial que el varón opte por modificar parcialmente esta aversión, sin caer en la farsa. Así una vez terminada la relación, puede abrazar a su pareja mientras pasa este fenómeno de evitación sexual.

Cuando el varón termina, la mujer experimenta la situación contraria: quiere más y requiere de muestras evidentes de afecto, cariño y lujuria, situación que puede crear todo un abismo perjudicial y peligroso.

Por eso, los sexólogos recomendamos que la penetración no se inicie hasta que la mujer haya sentido al menos un orgasmo y, preferiblemente varios, para que la retribución sexual del acto, como un todo, compense esa apatía del varón.

En realidad, es simple controlar estas respuestas apáticas, con gestos y posturas más conciliatorias. Si bien al inicio realmente no son espontáneas, al cabo de unos meses se vuelven naturales y hasta deseables por parte del hombre.