Juan José Ramírez Rojas, originario de San Jorge, en Rivas, Nicaragua, lleva 27 años en Costa Rica, pero todavía recuerda como si fuera ayer el día que tomó la decisión más dura, pero más acertada de su vida.
“Mi patrón allá en Nicaragua me dijo: ‘Mirá Juan, solo esta semana tenemos trabajo, se nos acabó el presupuesto’. Y dije yo: ‘No, aquí es buscando vida’.
“Agarré mi mochilita, metí dos pantalones, dos camisas y la postalita de la Concepción de María (virgen de la Inmaculada Concepción). Eso era todo lo que tenía, ¡ah! y el pase para dos buses, nada más”.
Se vino a los 21 años, soltero, sin nada más que un par de esperanzas y el dato de un amigo que estaba trabajando en Matina, Limón.
“Por carta me dijo que estaba bien, que al menos tenía trabajo. Antes no había teléfonos; el que tenía uno era VIP. Me vine confiado en ese compa.” Lo que no imaginaba era que su primer día en Costa Rica iba a ser casi una pesadilla.
“Apenas llegué a San José agarré un taxi y le dije que me llevara a la parada de Matina… y entendió Orotina. Yo tranquilo, esperando pasar el túnel (Zurquí), porque me habían dicho del famoso túnel antes de llegar a Guápiles.
“Cuando le pregunto a una señora que si faltaba mucho para el túnel, me dice: ‘¿Cuál túnel, muchacho? Aquí es Orotina’. Y ahí me di cuenta de que venía completamente perdido… y sin plata.”
La vergüenza lo quebró. “Casi me pongo a llorar. La señora me regaló dos mil colones; jamás se me olvidará. Si la encontrara hoy, le agradecería. Ella no mostró nada de xenofobia, todo lo contrario. Dios la bendiga”.
Ese día durmió en la parada de buses de Orotina. “No salían buses, no tenía un cinco. Dormí ahí”, recordó.
Al día siguiente, por fin logró llegar a Matina, encontrar la finca y empezar su nueva vida. “Yo entré legal al país, así que al día siguiente me dieron trabajo en una bananera. Ahí duré ocho años”, dijo.
De las bananeras al RIU
Tras casi una década en las bananeras, se hartó del ritmo y buscó nuevas oportunidades.
“Tenía un poquillo de conocimiento en electricidad y me vine para Guanacaste a probar suerte. Dejé la doña en Matina y me vine. Ese experimento duró como dos años, hasta que conocí a un ingeniero que estaba en la construcción del hotel RIU-Guanacaste; era el 2008”.
Cuando llegó, el hotel estaba en obra. “El primer día aquí no supe por dónde entré ni por dónde salí. Era tan enorme que yo me perdí. Te lo juro”.
Pero su disciplina llamó la atención. Cuando el hotel abrió, el jefe de mantenimiento, un español muy profesional, lo buscó. “Me dijo: ‘Juan, quiero que te quedés conmigo, quiero que seas mi apoyo’. El salario era la mitad de lo que ganaba en la obra, pero acepté. Y me eché el hotel al hombro.
“Era el que llegaba primero, el que se iba de último, el que nunca renegaba”. Así pasó de técnico raso a supervisor, y de supervisor a encargado máximo del mantenimiento del hotel. Ahora es el gerente de mantenimiento. “Cuando algo te gusta, das el 100%. Yo di el 200%”.
Futuro en Costa Rica
Juan José tiene dos hijos: Yaosca María (25 años) quien trabaja también en el RIU y Jordi (18).
“A Jordi me lo traje de seis meses a Guanacaste. No se adaptaba al clima. Ambos los tengo bachillerados, a punta de este trabajo”.
Gracias al hotel ha logrado construir lo que nunca tuvo en Nicaragua. “Tengo mi casa, tengo mi carro, he viajado a Estados Unidos… todo gracias a RIU”, comentó.
Y aunque puede volver a su país cuando quiera, el corazón se le quedó en Costa Rica. “Voy a Nicaragua y por la tarde ya me quiero devolver. No me adapto. Lo que tengo, lo tengo aquí”.
Liguista por agradecimiento
Su corazón tico también palpita en rojinegro.
“Yo me hice liguista porque cuando mi hijo nació, tenía paladar hendido y en el Hospital de Niños todo decía: ‘Donado por Liga Deportiva Alajuelense’. Mesas, televisores, abanicos. Eso fue lo que me motivó. No soy fanático loco, pero soy agradecido”.
Hoy, con 50 años, su historia es un ejemplo de lo que significa empezar de cero.
“Algunos dicen que vienen y dejaron una finca allá… yo no tenía nada. Nada. Solo mi mochilita. Lo que tengo, lo hice aquí”.
LEA MÁS: Un diablito nicaragüense en Costa Rica es un verdadero guerrero de la vida
Antes de despedirse, suelta una frase que resume su camino: “Es bonito ver el lado bueno del inmigrante. No todos venimos a hacer daño. Algunos traemos sueños… y la idea es cumplirlos”.
Trabajó duro en la remodelación
Nos cuenta don Juan José que le tocó trabajar duro en los últimos meses con todo el tema de la remodelación del RIU-Guanacaste, que incluyó 300 nuevas habitaciones para tener ahora un total de 1.041, que son más grandes e iluminadas.
Se renovaron las zonas comunes, el lobby, que ahora tiene un estilo abierto. Todos los restaurantes se remodelaron; por eso ahora ofrece una amplia variedad de comidas con opciones internacionales, como su restaurante de especialidades asiáticas y uno de platillos mexicanos. Se renovaron los bares y llegó una nueva heladería.
Con la renovación del Riu Guanacaste, la empresa fortalece su presencia en Costa Rica, donde además opera desde 2012 el hotel Riu Palace Costa Rica y ya cuenta con más de 1.500 trabajadores de la zona guanacasteca.





