Eduardo Vega.27 octubre, 2019

“Mi papá era miembro de una banda muy peligrosa, los Hijos del diablo. Los miembros de esta banda se dedicaban al robo, al narcotráfico, cometían asesinatos por drogas, mi padre estuvo en la cárcel en varias ocasiones.

Natalia nació entre el
Natalia nació entre el "diablo" y la pobreza, no tuvo otro camino que las drogas y la prostitución. Ilustración Francela Zamora.

“Mi mamá vendió todo lo que tenía para poder sacarlo; después de eso a mi papá lo estrangularon y lo tiraron a un río. Dijeron que el asesinato había sido por venganza. Ese día mataron a varios que tenían que atestiguar en un juicio. Fueron apareciendo tirados en diferentes lugares”.

Esto lo narra “Natalia”, quien sufrió un infierno entre drogas, cárceles, pobreza y fue explotada sexualmente. Cuando habla de su vida no puede olvidar que su padre integró aquella banda tan peligrosa, algo que la marcó de por vida.

Su historia, que reproducimos, está contada en el libro “He aprendido a vivir bajo el sol”, editado por la Fundación Rahab, que lucha contra la trata de personas y el comercio sexual.

“Natalia” no es el nombre real de la protagonista de esta durísima historia. Omitimos el verdadero porque así nos lo pidió ella, quien sí autorizó la publicación de su testimonio.

“Para ese entonces (cuando le mataron al papá) yo tenía diez años y mi hermano trabajaba en un organismo policial. Él cubrió la noticia, pero no se dio cuenta de que era mi papá. Él hasta le tiró la sábana encima. Eso salió en las noticias y nadie de la familia le puso atención. Mi mamá luego nos contó que él (el papá) estaba llevando drogas a Puntarenas y andaba por muchas partes consiguiendo plata.

“Fue muy duro cuando nos dimos cuenta de la noticia porque nadie quería a mi papá por todo lo que había hecho. Es más, a mi hermano lo despidieron del trabajo porque pensaban que no era apto para estar en un puesto así por el papá que tenía.

"Mi mamá estuvo en prostitución desde los quince años, cuando se juntó con mi papá. Él la animó a protituirse, también la condujo al consumo del alcohol y drogas ilícitas y estuvo en esa condición hasta que falleció.

Natalia vivió en el infierno de la prostitución, prácticamente, desde que era una niña. Foto Shuttlerstock, únicamente con fines ilustrativo.
Natalia vivió en el infierno de la prostitución, prácticamente, desde que era una niña. Foto Shuttlerstock, únicamente con fines ilustrativo.

“Mis hermanas desde muy pequeñitas fueron atrapadas en explotación sexual comercial. Consumían drogas y alcohol; una de ellas murió muy joven, en la calle, por una golpiza que le dio el compañero con quien vivía.

“Todas nosotras nos juntamos con hombres con las mismas características de nuestro padre. Hombres que pertenecían a bandas de delincuentes, involucrados en robos, asesinatos, agresiones en todos los niveles, narcotraficantes.

“Yo viví con mis papás hasta que a mi papá lo mataron. Entonces mi mamá se volvió adicta".

Fue entonces cuando “Natalia" comenzó a rodar de un lado para otro.

Sin rumbo...

"Después de la muerte de mi papá yo nunca más vi a mi mamá; si acaso dos veces. Yo viví con una tía, pero ya después se enfermó muy grave, estuvo internada en el hospital y se murió. Entonces me fui con mi mamá, pero ahí tenía muchos problemas porque ella lo que hacía era mandarnos a prostituirnos.

"Decía que yo lo que tenía que hacer era tirarme a la calle porque todas mis hermanas le habían dado plata a ella de esa forma. Entonces yo decidí irme de mi casa, pero como a los tres meses me prostituí.

“Ahora sé que valgo mucho, aprendí que es ser mamá y ser responsable con mis hijos”. Natalia, rescatada de comercio sexual.

"Me junté, quedé embarazada de mi primer hijo, pero me separé. Él (la pareja que tenía) me trataba muy mal, me fui a trabajar pero me tuve que devolver (donde la mamá) porque ya estaba muy gorda, pero ya a los siete meses de mi hijo me volví a ir.

"Estuve mucho tiempo en el ambiente de la prostitución, en ese tiempo estaba tan joven que no me importaba nada. Lo que me importaba era que amanecía sin un cinco y en la noche trabajaba y ya tenía plata.

"A muchas de mis amigas (también prostitutas) las mataron. Una de ellas trabajaba conmigo y la dejaron en un cafetal. Tenía dos hijos.

Las agrasiones como prostituta eran un asunto de casi todos los días y sus parejas también la agredían. Foto Shuttlerstock, únicamente con fines ilustrativos.
Las agrasiones como prostituta eran un asunto de casi todos los días y sus parejas también la agredían. Foto Shuttlerstock, únicamente con fines ilustrativos.

“Después yo trabajé en prostitución sola. Me paraba en una esquina y después los hombres me llegaban a buscar a la casa o tenía amigas que contaban que yo estaba joven, que yo trabajaba en eso”.

Nada en la vida de “Natalia” mejoraba, al contrario.

De mal en peor

"Comencé a trabajar en un bar, tenía dieciocho años ya. Yo quería salir de ese ambiente porque me sentía mal conmigo, con mis hijos (ya tenía dos) y porque muy en el fondo yo sabía que eso no era lo que quería. Miraba alrededor mío y aunque yo era la más joven, era la que más pensaba; veía los peligros.

"Para esa época de mis dieciocho comencé a trabajar en un bar junto con una hermana. Allí conocí a un hombre que vendía drogas. Era un ladrón, me pegaba mucho y empecé a tomar. Después quedé embarazada y siguió lo mismo; agresión tras agresión. Eso se convirtió en un infierno. Me ponía una pistola en la cabeza para amenazarme.

"A ese hombre, el papá de mi hija, no le importaba nada ni nadie. Lo mismo le daba pegar un balazo. Un día, afuera de un bar donde yo trabajaba, él estaba peleando con otro y aunque yo le supliqué que no le disparara, lo hizo y tuvo la frescura de llamar a la policía y decirles que a ese hombre le habían disparado. Él al lado mío y con la pistola en la bolsa. Decidí dejarlo ese día, pero me amenazaba de muerte y con matar a mis hijos si lo dejaba.

En ese tiempo, las hermanas de “Natalia” no estaban como ella: estaban peor.

"Andaban en drogas y con hombres que las golpeaban. Yo a pesar de estar en la prostitución no me enredé con ningún hombre. Siempre que iba a buscar a mis hermanas estaban con los ojos morados.

Luz de esperanza

"Yo quería salir de eso porque me daba miedo, pero la presión en mi casa era muy grande. Cuando éramos pequeñas mi mama siempre nos tuvo rodando, recuerdo que cuando mis hermanas llegaban borrachas y llevaban hombres se ponían a tener relaciones delante de nosotros. Todos tomaban, peleaban, se apuñalaban entre ellos. Nosotros comíamos y nos metíamos de una vez debajo de la cama antes de que llegaran todos borrachos.

"Una hermana siempre me llevaba de la mano, cuidándome de que nadie me violara. Una vez, nunca se me va a olvidar, cuando salimos de debajo de la cama, las puertas estaban en el piso. Todo estaba destrozado. Todo en mi casa era un desorden; nunca nadie se preocupó de ponernos en la escuela y ninguna de nosotras fue alfabetizada (no sabemos leer ni escribir). Toda mi familia estuvo siempre involucrada en prácticas ocultistas, de hechicería y brujería.

Es un testimonio de la vida real, de lo que realmente sucede en Costa Rica. Natalia asegura que ella y otras menores, noche a noche, buscaban clientes por sexo. Foto AFP, únicamente con fines ilustrativos.
Es un testimonio de la vida real, de lo que realmente sucede en Costa Rica. Natalia asegura que ella y otras menores, noche a noche, buscaban clientes por sexo. Foto AFP, únicamente con fines ilustrativos.

Hubo un incidente que, como se dice, fue la gota que derramó el vaso.

"Fue cuando un cliente, siendo yo prostituta, me pegó y me obligó a tener relaciones sexuales sin protección y quedé embarazada de mi tercer hijo. Intenté abortarlo y tomé un montón de cosas, pero no se me vino. Tomé pastillas tratando de suicidarme, sin resultado.

Una luz con 22 años. La fundación Rahab inició su trabajo contra la explotación sexual en 1997. Desde entonces su objetivo principal es contribuir a la protección y bienestar físico, emocional y espiritual de las personas que desean salir dela industria del comercio sexual. Puede llamar al 2248-2095 o el 2248-0929. Si desea poner alguna denuncia contra explotación sexual puede hacerlo al 800-8000-654 del OIJ.

"Tiempo después decidí buscar ayuda en la fundación Rahab y desde ese día estoy retirada, ya no me prostituyo, he recibido cursos de capacitación y estoy aprendiendo a leer y a escribir. A veces, cuando me dan ganas de prostituirme, pienso en mi hija, que ella no me pueda reprochar y que no haga lo que yo hice. Si yo fui el reflejo de mi mamá, no quiero que ella haga lo que yo hice”, explicó.