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 Además de los cilindros son verdaderas bombas de tiempo, el gas no dura lo que debería. Aleluya, Aresep por fin lo descubrió. Foto Herebert Arley
Además de los cilindros son verdaderas bombas de tiempo, el gas no dura lo que debería. Aleluya, Aresep por fin lo descubrió. Foto Herebert Arley

Doña Cecilia es cabeza de hogar, solita saca a sus hijos adelante con una pequeña soda y cada vez que tiene que correr a comprar gas suplica que ojalá el nuevo cilindro le dure un poquito más, pero su súplica no es escuchada.

Y el motivo es muy simple, el cilindro no le dura más porque lo compra ordeñado. Y ante este secreto a voces, por fin la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) abrió los ojos.

Un reporte anual de la institución sobre la calidad de los combustibles, la electricidad y el gas, confirmó el ordeño de los cilindros de gas de cocina a tal punto que si esta sinvergüenzada no existiera, a los familias el producto les duraría, en promedio, ocho días más.

Y aparte de que los cilindros son verdaderas bombas de tiempo, los usuarios sufren un robo a mano armada. Y lo que más indigna y duele es que de los 700 mil hogares que cocinan con gas, una gran mayoría son conformados por gente humilde, pulseadora, a los que les cuesta ganarse el arrocito y los frijoles.

Según la Aresep, a las empresas envasadores les exigieron frenar ese desmadre, y el año entrante verificarán las correcciones mediante las mediciones del contenido de los tarros.

Aquí el punto es que el asunto del ordeño es viejo, y si ya la Aresep tiene pruebas, pues lo que sigue es aplicar la ley. No es posible que empresas tan ricas obtengan más ganancias de las debidas a costa de los más humildes.

Y si el ordeño lo cometen los distribuidores, pues a ellos también deben entrarle con los tacos de frente. Ahora que la Aresep decubrió el agua tibia, lo que debe hacer es actuar y sin paños tibios.