.4 agosto
Román Macaya ayer no estaba convocado, dijeron en Presidencia. Sin embargo, el presidente ejecutivo de la Caja debió levantar la mano y decir presente para ponerle el pecho a las balas. Fotos: Marcela Bertozzi
Román Macaya ayer no estaba convocado, dijeron en Presidencia. Sin embargo, el presidente ejecutivo de la Caja debió levantar la mano y decir presente para ponerle el pecho a las balas. Fotos: Marcela Bertozzi

Escondieron al Dr. Román Macaya, presidente ejecutivo de la Caja, así de simple. El hombre no estuvo en la conferencia de prensa del mediodía de este martes en la acostumbrada actualización sobre el covid-19, a pesar de que el rancho está ardiendo por la fuerte denuncia que hizo La Nación.

El periódico informó sobre la contratación de 12 millones de mascarillas por parte de la Caja a dos empresas bien pollitas. Ambas compras eran por $4 millones y la institución solo ha recibido el 17,5% de las mascarillas encargadas.

La justificación oficial para la ausencia de Macaya es no estaba convocado para este martes. Y con mucha más razón, si no estaba convocado el señor Macaya debió levantar la mano y decir presente, como los grandes, y ponerle el pecho a las balas porque en situaciones de emergencia cobra fuerza el viejo refrán en río revuelto ganancia de pescadores.

Y el río está demasiado revuelto, momento óptimo para que más de un aprovechado quiera hacer fiesta.

Y casualmente porque siempre aparecen esos pescadores es que las autoridades, en las que los costarricenses depositamos la confianza para que manejen con transparencia y sumo cuidado los pocos recursos que hay, estén más pellizcadas.

Una contratación fue adjudicada en mayo a David Landergren Castro, contador público, mientras que la segunda se otorgó a MR Comunicaciones Políticas, de la periodista española Miren Martínez Ruiz.

Ninguno había ganado contratos con la CCSS antes de la pandemia. Tampoco existe evidencia de que contaran con experiencia en el suministro y distribución de equipo de protección personal para centros hospitalarios. Y Macaya mejor se escondió.