Chepito.20 septiembre

El hospital Blanco Cervantes, especializado en ver a personas mayores, le hizo el jueves una grosería de esas grandes a doña María Lía Loaiza, una abuelita de 99 años a quien le negaron la atención porque su cédula había vencido diez días atrás.

Hechos así de tristes nos demuestran que algunas cabezas y algunas instituciones siguen siendo víctimas de ese mal llamado reglamentitis, que en tantas ocasiones pone los papeles y los trámites por encima de las personas.

Una cédula vencida, incluso por más de diez días, no es una razón legítima para devolver para la casa a una señora casi centenaria y darle cita para el 23 de abril del 2020. Eso, además de una grosería, como ya dijimos, revela el poco interés de ayudar que hubo en los funcionarios que atendieron a doña María Lía cuando llegó el jueves con su hija.

En algunas instituciones del Estado, no solo hospitales, sigue habiendo detrás de los mostradores personas con cero vocación de servicio, gente que parece sentir placer en decir “no se puede” en vez de ofrecer soluciones.

Por eso es que a veces, de manera injusta, se juzga a todos los demás y se les llama ineficientes, pero lo cierto es que, por dicha, aún quedan personas con una gran mística que tienen muy clara su labor y que se esfuerzan por resolver en vez de poner piedras en el camino.

Con alguien así debió haber topado doña María Lía en el Blanco Cervantes, pero tuvo la mala suerte de que la atendió uno de los otros, de los que creen que su misión es entorpecer. Ojalá el hospital investigue quién fue y, mínimo, le llame la atención y le invite a aplicar el sentido común en vez de apegarse a los reglamentos al pie de la letra. La cabeza es para usarla.