.1 abril
Un pequeñísimo enemigo, invisible a simple vista, ha sacudido al planeta y todas nuestras vidas.
Un pequeñísimo enemigo, invisible a simple vista, ha sacudido al planeta y todas nuestras vidas.

Una de las tantas enseñanzas que nos ha dejado la pandemia del coronavirus, y todavía faltan más, es aprender a vivir día a día debido a que las dudas y la incertidumbre se han adueñado de nuestros pensamientos.

Planear a mediano o largo plazo, como muchos lo hicimos al inicio de año de este 2020, ahora es un sueño de opio. Lo único claro que tenemos hoy es que no hay nada claro.

Vivimos al día porque somos conscientes, hoy más que nunca, de que las cosas pueden cambiar en un abrir y cerrar de ojos, de allí que la poquita plata que tengamos es para usarla en lo relevante, en lo imprescindible.

La agencia de pubicidad BBDO reporta que mientras el consumo de productos médicos subió un 38%, en el otro extremo, la compra de lujos cayó menos 7%, artículos de belleza menos 9% y de moda menos 17%.

Y esas cifras también son claritas en reflejar como el COVID-19 nos ha hecho volver los ojos hacia lo sustancial, lo importante, como lo es la austeridad, la familia, la solidaridad, porque los dioses que han regido a estas vacías generaciones como el lujo, belleza y moda, hoy son lo menos relevante.

Hay que estar verdaderamente desquiciado para hoy estar pensando en lo que hacen las Kardashian, las piruetas de Grevin Morgan, las broncas de Keyla Sánchez con los municipales. Y quien habla hoy de Coco Vargas y sus “altísimos” valores.

¿Dónde quedó la preocupación por rajar ante amigos, conocidos o familiares, con fotos en Facebook en las que aparecemos en algún rincón del mundo que hoy debe estar lleno de coronavirus.

Como podemos ver, no todo ha sido malo con la aleccionadora pandemia.