.7 febrero
Shirley Miranda Núñez, quien transportará estudiantes en su micro, le da alcohol en gel a Josué Alfaro Sánchez, quien va al kinder. Foto Eduardo Vega
Shirley Miranda Núñez, quien transportará estudiantes en su micro, le da alcohol en gel a Josué Alfaro Sánchez, quien va al kinder. Foto Eduardo Vega

Miles de estudiantes que hoy vuelven a clases lo harán con la sentida ausencia de un papá, una mamá, un hermano, un abuelito, o un tío a causa del covid-19 que ha enlutado más de dos mil hogares costarricenses.

Todavía en muchas familias hay serios problemas económicos porque el papá o la mamá están sin trabajo o con jornada laboral reducida.

Nunca en su historia, el país había enfrentado un inicio de clases tan delicado como este, en el que se mezcla la alegría de volver a las aulas con grandes retos educativos por el desfase académico de los estudiantes, la tarea del MEP de disminuir la brecha tecnológica entre los alumnos y la amenaza del coronavirus.

Si todos los años es una tarea enorme el ingreso a lecciones, en cuyas primeras semanas siempre surgen una serie de anomalías, como faltante de materiales, de educadores, de pupitres, este comienzo es titánico, por eso más que nunca se necesita la ayuda, el esfuerzo y la buena voluntad de todos.

Entiendo el lógico temor de los papás. Es válido sentir nevios pero también es válido colaborar, atender el llamado para los cuidados sanitarios, ser parte de la solución y no agravar el problema.

Llevan también un papel importantísisimo los sindicatos, expertos en señalar problemas, y rasgarse las vestiduras. Hoy se vale la crítica sana para resolver, no joder por joder. El tacto, la moderación, la comprensión deben decir presente.

Y ni qué decir la gran tarea de los educadores, deben transmitir seguridad, pero también protegerse, ser estrictos a más no poder con el cumplimiento de las medidas sanitarias, tanto ellos como los alumnos. Solo juntos sacaremos la tarea.