.7 enero
La certificación de Joe Biden como el nuevo presidente de EE.UU. fue violentamente interrumpida en el Capitolio por fanáticos de Donal Trump. Cuatro personas murieron. (Foto Brendan SMIALOWSKI / AFP)
La certificación de Joe Biden como el nuevo presidente de EE.UU. fue violentamente interrumpida en el Capitolio por fanáticos de Donal Trump. Cuatro personas murieron. (Foto Brendan SMIALOWSKI / AFP)

Estados Unidos, considerado la democracia más antigua del mundo, la cual históricamente ha querido imponer a otras naciones apelando a su poderío económico militar, recibió el golpe más violento en su historia y fue visto en vivo por todo el planeta.

La tristeza, la humillación, la vergüenza es el sentimiento de la mayoría de estadounidenses, de sorpresa en el resto del mundo, y por qué no, hasta de regocijo entre los enemigos del país norteamericano.

El responsable no podía ser otro que el desubicado presidente Donald Trump, quien en estos cuatro años se ha encargado de revitalizar los valores más bajos de una sociedad como el racismo, la xenofobia y la misoginia.

Este miércoles horas antes del asalto al Capitolio, insistió en un fraude en las elecciones de noviembre, ganadas por Joe Biden.

“Hay que mostrar fuerza y hay que ser fuerte. Tenemos que ir a pedir que el Congreso haga lo correcto y sólo cuente a los electores registrados legalmente”, dijo una vez más.

Después de echar carbón a sus irracionales seguidores, estos “profanaron” el símbolo mundial de la democracia, ataque que dejó cuatro fallecidos. Pretendían evitar que se ratificara la victoria de Biden

“Se parece bastante a un golpe de Estado”, “no hay justificación a la espantosa invasión”, ″Las mentiras del robo de las elecciones que salieron de su boca influyeron directamente e incitaron al asalto al edificio del Capitolio”, fueron algunas de las reacciones de diferentes personalidades.

Después de los actos vandálicos, Trump le concedió este jueves la victoria al demócrata Joe Biden y asegura un ordenado traspaso de poderes el 20 de enero, ¿le creemos?