Nacional

OPINIÓN: Una marcha justa contra la dictadura en Nicaragua

Calles de San José se llenaron este domingo de banderas nicaragüenses y gritos de libertad

Nada molesta más a una dictadura que haya gente que no baja la cabeza ante las órdenes que manda.

Las dictaduras, como la que padece Nicaragua, no tienen ningún respeto por los individuos libres, los quiere domesticados, haciendo lo que les mandan, aunque esto vaya contra las leyes.

Este domingo, calles de San José se llenaron de banderas nicaragüenses y gritos de “¡libertad, libertad!”. Un día antes, por la noche, hombres armados dispararon e hirieron a Joao Maldonado, uno de los exiliados que organizaba la manifestación de este domingo.

Luego del ataque, a como pudo, Maldonado manejó hasta un hospital, donde tuvieron que operarlo. Al parecer, su vida no corre peligro, pero su estado es delicado.

Personas que integran la UEN --Unión de Exiliados Nicaragüenses-- tienen claro que el ataque contra el dirigente tenía como fin asesinarlo, liquidar su voz, que como tantas más, exigen el fin de los desastres que Daniel Ortega y Rosario Murillo hacen en Nicaragua.

Sospechan que el atentado proviene del régimen que controla la nefasta pareja, que ha ido encerrando, acusando o expulsando del país a quienes le plantan cara. Uno de los casos recientes más conocidos fue el del escritor y abogado Sergio Ramírez, gran crítico de la dictadura nicaragüense.

La Fiscalía, controlada por Ortega, lo acusó de un montón de cargos inventados para justificar su posible detención. No lo agarraron porque se encontraba fuera de Nicaragua, pero él sabe que las acusaciones son una condena para que no pueda regresar a su patria y así lo dice mientras no para de denunciar las atrocidades del dictador Ortega.

Todas las dictaduras --la cubana, la venezolana, la de Corea del Norte-- trabajan igual: en cuanto alguien alza la voz y protesta, defiende sus derechos y habla con la verdad, buscan la forma de silenciarlo, sea con la cárcel o con la muerte.

Hicieron bien los organizadores de la marcha en San José al no suspenderla a pesar del ataque a Joao Maldonado. Haberlo hecho significaba dejarse amedrentar por quienes están interesados en callar a quienes buscaron un país libre para vivir.

Los costarricenses que creemos en la democracia y repudiamos las dictaduras tenemos el deber moral de apoyarlos.