Karen Fernández.23 mayo

Norberto Nelson, mecánico limonense de 48 años, es el padre de una niña de tres años y lleva casi ese mismo tiempo batallando ante el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) para que proteja a su hija.

El mecánico quiere estar seguro de que la niña no corre peligro. Foto: Cortesía
El mecánico quiere estar seguro de que la niña no corre peligro. Foto: Cortesía

“Yo conviví con la mamá de mi chiquita hasta el 22 de abril del 2017, cuando ella tenía diez meses. Estaba cansado de sus borracheras y de los escándalos con sus propios hijos mayores.

“Justamente por esto decidí interponer una denuncia ante el PANi porque desde que mi bebé tenía tres meses ella (la madre) empezó a tomar.

"Me pidieron que tomara fotos y videos para presentar como prueba de que ella pasaba en esa condición y así fue como comenzó mi calvario. Por eso fue que me acusó de acoso y de violencia doméstica”, afirma Nelson.

Sin chance

Dice que cuando lo llamaron a la audiencia en la Corte por esta situación, él intentó explicarle a la jueza de violencia doméstica las razones de su accionar. Dijo que era para proteger a su hija y la jueza le dijo que eran casos separados.

“Le dije que cómo iban a ser aparte si estoy cuidando la integridad de mi hija. Le dije ‘¿entonces la chiquita no tiene prioridad?’ Y esa señora (la jueza) me dijo que no y que me lo decía como jueza. ‘¿Entonces que le pase algo a mi chiquita?, ¿quién se hace responsable?’ y no me dijo nada. La verdad es que ese día salí tan agüevado...”, recuerda.

Nelson añade que la madre de la niña indicó en el PANI que él estaba incumpliendo las medidas cautelares (de no acercarse a ella) puestas a raiz de la denuncia por supuesto acoso y violencia.

"Y me separaron de mi chiquita por tres meses y cuando intenté explicar en la Fiscalía no me tomaron ni los datos ni nada. Se valieron de lo que dijo la mamá de la chiquita.

“Me quieren meter a la cárcel y no es justo. Lo que me queda es pelear la guarda crianza de mi chiquita. El 27 de febrero fuimos a una audiencia y la mamá no se presentó. Ahora, aunque el PANI me autorizó a ver a mi chiquita los martes y los viernes, ella no me la da. Hasta los domingos es que la puedo ver. Me ha amenazado con llevársela a Nicaragua”, sostiene Nelson.

El mecánico opina que si el PANI fuera una “institución seria”, estas cosas no pasarían.