Karen Fernández.23 mayo
Wendell Sequeira, padre de familia.
Wendell Sequeira, padre de familia.

Wendell Sequeira tiene dos años y medio de no poder ver a su hija de 11 años porque sus abuelos maternos, quienes tienen la custodia, no se lo permiten.

Su historia empezó en el 2011, cuando pidió la guarda crianza de su hija por que su madre la dejó abandonada con los abuelos maternos.

“La mamá me la entregó por dos meses, me la fue a dejar a la oficina como a las dos de la tarde toda sucia, sin bañar y con los genitales quemados y hasta con una infección", dice.

Entonces la niña tenía 6 años

"Fui y presenté la denuncia ante el PANI por el estado en el que tenían a mi hija y la respuesta fue que la única forma en que yo podría tener a mi hija era yendo al juzgado y pedir la modificación de guarda crianza porque ellos no se podían meter. No me respaldaron”, afirma Sequeira.

La pequeña tiene retardo mental, por lo que necesita asistir a clases especiales para desenvolverse mejor. Pero según un informe que la escuela mandó al PANI, sus encargados no la están mandando a lecciones. En seis meses solo ha asistido unas cinco veces.

“Fui de nuevo al PANI para que me ayudaran por el proceso de negligencia y me dijeron que si en el Juzgado de Familia, como parte del divorcio, se había establecido que la niña debía estar con la madre, lo único que me quedaba era entregarla si no quería que me acusaran de secuestro.

"Lo único que hacía (el PANI) era que iban a hablar con la abuela y como ellos decían que iban a cambiar, ahí quedaba todo”, narró el padre, de 36 años.

Internada por agresión

Sequeira dice que durante el régimen de visitas –que solo duró tres meses porque los abuelos decidieron suspenderlo unilateralmente y sin que mediara una orden judicial– él llevó a su hija al Hospital de Niños para que la revisaran porque le encontró unos moretes y señas como de que había sido golpeada.

“Ahí la tuvieron internada quince días por agresión y hasta elaboraron un informe que le entregaron al PANI. Decía que había sospechas razonables de los golpes y recomendaban una revaloración de los encargados.

"Ellos (en el PANI) solo se limitaron a decir que la niña no estaba en la mejor condición, pero que el juzgado la había entregado a sus abuelos y ahí se debía quedar”.

La respuesta, dice, lo dejó con la boca abierta.

Afirma que, para colmo, los tres tomos del expediente de su caso se perdieron y que nadie ha sabido darle razón

“¿Qué hace falta para que el PANI actúe en beneficio de la niña? Hice el proceso como se debía, bien documentado y la institución solo se la entregó a sus abuelos y les pide que no lo vuelvan a hacer”.

Sequeira aún no tiene una respuesta para su pregunta.

“Para ellos, como la niña ya se acostumbró a que la golpearan, dejémosla ahí, hasta que la maten”, Windell Sequeira, padre preocupado.