Karen Fernández.16 junio

Un puntarenense vivió hace tres años una de las experiencias más duras y amargas de su vida: la niña a la que consideraba su hija, no era suya.

Francisco quiere evitar que otros hombres vivan lo que él vivió y espera que su historia sirva para crear consciencia en las madres para que no hagan ese daño. Foto: Cortesía
Francisco quiere evitar que otros hombres vivan lo que él vivió y espera que su historia sirva para crear consciencia en las madres para que no hagan ese daño. Foto: Cortesía

Francisco, como lo llamaremos a solicitud suya, regresó a casa una Semana Santa y estaba cuidando a su niña porque la mamá no estaba y llegó un notificador del Poder Judicial a dejar un sobre para ella.

Ahí pudo observar que se trataba de la prueba de paternidad que la mujer había solicitado meses antes para ver quién era el padre de la niña que actualmente tiene cinco años.

Francisco y su expareja se conocieron como compañeros de trabajo y comenzaron una relación ocasional de dos meses que desembocó en el embarazo de la mujer.

“Por actitudes violentas de ella que no me gustaron yo había terminado nuestra relación un lunes, y al viernes ella me llamó y me dijo que estaba embarazada.

"Me fui a hablar con ella cara a cara y le hice dos preguntas solamente: ‘¿Es mío? y ¿Qué quiere hacer?’ A lo que me dijo que sí y que lo iba a tener, por lo que le dije que no se preocupara, que yo me iba a hacer responsable y que le ponía una única condición, que cuando naciera el bebé, le hiciéramos una prueba de ADN, a lo que ella accedió”, narró el hombre de más de 40 años.

El embarazo fue muy difícil, por los achaques la madre llegó a perder nueve kilos en ocho días y pasó meses muy complicados. Él estuvo a su lado pagando los gastos médicos y luchando porque la niña naciera sana.

“Me gasté todos mis ahorros por la liquidación del trabajo (¢5 millones) para tener todo listo, la ropita de ella, la cuna, además de los gastos de taxi al hospital dos veces por semana que debía correr a emergencias.

"Yo fui a sacarla, con toda la ilusión, del hospital cuando nació con la ropita que le escogí, pero cuando estábamos en admisión me negué a firmar el acta para que le pusieran mi apellido hasta que no se hiciera la prueba de ADN que habíamos acordado”, contó el porteño.

Como la niña estaba recién nacida y el recorrido para hacerle la prueba era tan lejos, decidió esperar un tiempo para hacerla; sin embargo, pasaban los meses y la madre de la pequeñita nada que hacía la prueba, hasta que Francisco se le plantó cuando la menor tenía poco más de un año y no le quedó otra que realizársela.

Los niños forman sus vínculos afectivos en los primeros dos años. Foto: Shutterstock
Los niños forman sus vínculos afectivos en los primeros dos años. Foto: Shutterstock
Baldazo de agua fría

El día que llegó la notificación, Francisco abrió el sobre y fue así como se dio cuenta que no era el papá de la niña.

“Me fui inmediatamente de la casa. En estos tres años nos hemos vuelto a ver quizás unas diez veces porque una amiga psicóloga me recomendó alejarme por más que me doliera, porque era lo mejor para la niña, para que creara un vínculo con su verdadero padre y su familia paterna.

"Me costó aceptarlo, al principio pasaba frente al residencial donde vivían y sentía el deseo de bajarme, porque yo a esa niña la amo, pero accedí por su bien”, recordó el hombre que aún se quebranta al recordar esos momentos.

“El ser humano como medida de defensa se acostumbra al dolor y yo no espero pasar una Navidad o un Día del Padre con ella, prefiero mantener los pies sobre la tierra”, Francisco, padre que en realidad no lo era.

Era tan cercanos que la niña aún le pregunta a su madre por ese hombre que ella no recuerda como su padre, pero que sí tiene presente los momentos bellos que compartieron durante año y medio y que se rompieron de forma abrupta por la desoladora noticia.

“Creo que cuando tienes un hijo no está ligado a la sangre, sino a las emociones. Una criatura que usted espera con tanta ilusión y que usted realmente ama, era como un rayito de sol que tenía en medio de la tormenta que vivía en ese momento. Los juegos, los chineos, los cuidos eran cosa de todos los días como en toda relación de padre e hija”, asegura Francisco.

“No es bonito que alguien se burle de uno de esa forma, todo el amor que yo le di a esa niña ella me lo devolvió con creces y eso no tiene precio”, Francisco, padre engañado.

Francisco tiene otra hija de 16 años con la que ha logrado festejar estas fechas del Día del Padre, pero aún lamenta que las cosas sucedieran como se dieron con su otra pequeña.

Psicólogas: “Lo más importante es el menor”

“Lo más importante siempre va a ser el bienestar del menor”, en eso coinciden las sicólogas Karina Fernández, Rocío Solís y María Ester Flores al consultarles si estaba bien que la figura paterna de un niño se aleje de ella al descubrir que no son el papá.

“Durante los cinco primeros años los niños crean los vínculos más fuertes de su núcleo familiar, además de la confianza y la seguridad. Si no se cuenta con la presencia de una figura paterna podría crear otros problemas de personalidad”, explicó Fernández.

El vínculo de padre e hija no se debe romper de manera abrupta por cualquier circunstancia, debe pensarse en el menor siempre. Foto: Shutterstock.com
El vínculo de padre e hija no se debe romper de manera abrupta por cualquier circunstancia, debe pensarse en el menor siempre. Foto: Shutterstock.com

Para ella además, la separación no debió darse de forma abrupta, sino paulatinamente, pues claramente la niña ha manifestado que aún lo recuerda, por lo que había un vínculo importante.

Flores cree que fue un error el romper la relación, y que si bien comprende el dolor que pudo haber enfrentado el padre por la traición, esa separación puede desarrollar sentimientos de culpabilidad en la niña o posteriores reproches de la menor a su madre por la situación.

Finalmente, Solís indica que tanto los hombres como las mujeres debemos ser muy responsables y claros.

“Si no estamos seguras que ese sea el padre de un niño, hay que decirlo, no ocultarlo porque va a afectar al niño cuando se sepa la verdad. No podemos cargar los errores que cometemos en un menor, que es quien realmente va a sufrir todas las consecuencias y a la que también se le engañó”, aseguró Solís.

La especialista recomienda apoyar ese proceso con ayuda psicológica para poder sanar las heridas emocionales poco a poco. Tanto el niño como el adulto engañado deben recibir terapia.

Aunque no se quiera, todas las experiencias que vivimos, quedan registradas en nuestro subconsciente y tienen un impacto (positivo o negativo) en nuestra vida.