Eduardo Vega.16 marzo

Dos jóvenes de Ciudad Quesada, Daniela Cortés Víquez y Javier Araya Porras, formaron parte del grupo de 12 muchachos que integraron la delegación oficial de Costa Rica en el viacrucis que se llevó a cabo en el Campo Santa María La Antigua en la Cinta Costera, en Panamá, el vienes 25 de enero de este año en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Fue hasta que ensayaron que los sancarleños se dieron cuenta lo cerca del papa Francisco que estarían. Cortesía.
Fue hasta que ensayaron que los sancarleños se dieron cuenta lo cerca del papa Francisco que estarían. Cortesía.

“Nos correspondía llevar la cruz de la estación quinta a la sexta y cuando estuvimos ensayando y empezamos a ver nuestras posiciones nos dimos cuenta de que estaríamos muy cerca del papa Francisco”, recordó Daniela.

Había sentimientos de emoción y de responsabilidad y, según explicó la joven, ellos querían que todo saliera bien. “Es un gran acontecimiento para gloria de Dios compartir con tantos jóvenes, verlos emocionados, al borde de las lágrimas…”.

“Cuando vimos al papa sentarse en el viacrucis muchos compañeros lloraban, muchos no lo podían creer, otros grababan. Sinceramente, en mi persona y pensamiento principal era 'es un hombre como muchos, es un señor que cualquiera lo ve, es como todos nosotros, un ser humano, pero la diferencia para admirarlo tanto es que en esa persona se refleja el amor, la fe y la esperanza en Jesús y así nos lo transmite”, describió Daniela.

Muy conmovidos y hasta llorando, estuvieron los jóvenes norteños en la JMJ. Cortesía.
Muy conmovidos y hasta llorando, estuvieron los jóvenes norteños en la JMJ. Cortesía.

Javier indicó: “siento que fue para nosotros un placer y un honor haber representado al país en ese sentido, haber cargado esa cruz que había andado por todo el mundo”.

“Después de estar tan cerca del papa y haber hecho eso, existe un antes y un después”, Javier Araya, católico.

Javier también señaló que esa experiencia significó un cambio en su forma de pensar y vivir la fe.

“Después de estar tan cerca del papa y haber hecho eso, existe un antes y un después. A mí me conmovió mucho, (hubo) un compañero que cuando salió el santo padre empezó a llorar un poco. Era un sollozo de tranquilidad, como de felicidad en cierta manera y pues para mí fue muy impresionante”.

“Ver tan cerca al papa y verlo despedirse de nosotros fue maravilloso”, agregó el joven sancarleño.

Según Javier él no sabía que iba a estar en el viacrucis ni que estaría tan cerca del papa, se percató de eso hasta que llegó el ensayo. “Fue un honor, sin duda, una gran alegría”, afirma.