Bryan Castillo.1 julio, 2019
Los padres de Jessica recibieron el título. Foto: Cortesía.
Los padres de Jessica recibieron el título. Foto: Cortesía.

Jéssica Ortiz tenía 40 años cuando murió el pasado 11 de junio de paro cardiorespiratorio en el hospital San Juan de Dios, ella tenía un bachillerato y una licenciatura en Psicología y luchaba por conseguir una maestría.

El 25 del mismo mes en que falleció recibiría el título como máster en Administración Educativa en la Universidad Americana (UAM).

Lamentable la muerte se interpuso en ese sueño.

Kattia Navarro, hermana de Jéssica, habló con La Teja y nos comentó que días antes de morir, su hermana estaba muy emocionada, incluso, le dijo a sus padres, don Carlos Luis Ortiz y doña Jenny Madrigal, que les iba a comprar una mudadita para que la acompañaran a la graduación.

“Era una hija bastante cariñosa, no hay palabras para describirla porque era muy especial con las personas que la conocían”. Jenny Madrigal.

Pero el 9 de junio fue hospitalizada y dos días después murió, el mundo se le vino a abajo a sus seres queridos, su partida fue inesperada.

“Ella tenía una desviación en la columna, en la pierna derecha usaba un aparato y un bastón con el que se ayudaba para caminar. El nueve de junio nos dijo que le costaba respirar, ella tenía agua en los pulmones, luego murió y eso nos dolió mucho”, expresó Kattia.

A pesar de esto, Jéssica trataba de llevar una vida normal, era secretaria en un colegio público en Desamparados, de donde era oriunda, daba lecciones de catecismo y estaba próxima a matricularse en la carrera de Medicina.

“Era una luchadora que nunca dejó que sus limitaciones la detuvieran, siempre estaba sonriente, incluso, hacía chistes sobre su discapacidad, ella era así y ese es el recuerdo que nos llevamos. Le gustaba mucho estudiar, sabía hablar inglés y portugués”, recordó su hermana.

Los papás de Jessica estaban felices de la vida por el título que les entregaron. Foto: UAM.
Los papás de Jessica estaban felices de la vida por el título que les entregaron. Foto: UAM.

Jéssica fue sepultada el 12 de junio en el cementerio Montesacro, en Curridabat, ahí se hicieron presentes amigos, parientes, compañeros de trabajo y de universidad.

“Luego del entierro, nos dimos a la tarea de avisarle a varias personas de la universidad y nos dijeron que la graduación era el 25 de junio, todos pensamos que era en julio, pero bueno, lo que queríamos era saber cómo hacer para que nos dieran el título”, dijo Navarro.

El 16 de junio, doña Jenny recibió un llamada, era de parte de la UAM, en la que le pedían que por favor asistiera a la graduación que se iba a realizar en el hotel San José Palacio.

“Yo pensé que nos iban a dar el título y ya, no sabía que nos iban a pasar adelante. Tenía un nudo en la garganta porque la que debía estar ahí era mi hija. La gente nos aplaudió y nos llegó a abrazar, yo les dije que tenían que valorar más la vida porque en cualquier momento se nos va”, contó aún emocionada doña Jenny.

Recuerda que al subir a recoger el diploma, lo único que hizo fue recordar a su pequeña, a quien extraña mucho, pues era la que siempre la acompañaba a todo lado.

“Era una hija bastante cariñosa, no hay palabras para describirla porque era muy especial con las personas que la conocían”, agregó.

Buena estudiante

José Mena, director de la carrera de Educación en la UAM, recordó a Jéssica como una estudiante alegre, pero sobre todo, destacada, ya que tenía las mejores calificaciones.

“Honestamente fue un momento bastante doloroso, ya habíamos hablado con la familia para hacerle este homenaje y por dicha nos dijeron que sí. Los que estábamos entregando los títulos nos volvimos a ver y claro que teníamos lágrimas porque fue un momento bastante emotivo.

“Ese mismo sentimiento lo tuvieron muchas otras personas que se graduaron y sus acompañantes, al final fue algo bonito porque recordamos a una buena persona”, destacó.

Sueño la dejó tranquila

Doña Jenny no ocultó que los primeros días después de la muerte de su hija fueron dolorosos; sin embargo, un sueño de un amigo de Jéssica le devolvió la tranquilidad.

“Este muchacho, que se llama Daniel, me dijo que soñó con mi hija, que le dijo que estaba bien y que me dijera a mí que donde estaba era muy bonito. En ese momento me di cuenta que mi hija está con Dios”.

Debido a los problemas que Jéssica tuvo desde niña, fue sometida a 14 operaciones desde que era bebé y hasta los ocho años, para sus familiares desde niña fue una guerrera a la que siempre recordarán.

Jéssica amaba a los animales. Foto: Cortesía.
Jéssica amaba a los animales. Foto: Cortesía.