Franklin Arroyo.13 octubre, 2019

Giselle Retana perdió a su mamá en 1989 y a un hijo en un accidente de tránsito en el 2010.

Las dos pérdidas la golpearon con grandísima fuerza y en noviembre del 2012 llegó a pensar en hacerse daño, pero dice que Chester, el perrito de sus hijas gemelas, llegó como un mensajero divino e impidió que eso sucediera.

Después de eso Giselle decidió darle un giro a su vida, le pidió perdón a Dios por lo que estuvo a punto de hacer y desde entonces logró cosechar éxitos académicos.

Giselle, de 47 años y madre de unas gemelas y de Manuel Hidalgo, quien falleció hace nueve años en un accidente de moto, encontró la manera de continuar. No se dejó vencer por el dolor y podemos decir que es una sobreviviente, una luchadora.

Giselle Retana Portuguez superó la muerte trágica de su mamá y la de su hijo. Fotografía José Cordero
Giselle Retana Portuguez superó la muerte trágica de su mamá y la de su hijo. Fotografía José Cordero

Esta es su historia.

En 1989 Marta Portuguez Abarca –la mamá de Giselle– entró en depresión y el 27 de abril de aquel año se quitó la vida.

“Yo tenía dieciséis años y estaba en clases (cursaba noveno) en el Liceo de Alajuelita, a las siete y quince de la mañana me sacaron del aula. Llegó la orientadora a decirme que recogiera las cosas porque algo había pasado en mi casa y necesitaba llevarme", recuerda.

“Cuando llegamos a la casa había mucho movimiento de personas, incluso ya no había lugar para parquear, estaban la policía, el OIJ y muchos familiares. Me dijeron que mami se había disparado, no había fallecido, pero iba grave. Murió cuatro días después”.

Para la familia el golpe fue durísimo. Eran cinco hijos, tres hermanos mayores que Giselle (dos hombres y una mujer) y una hermanita de apenas cuatro años (Wendy), a la que nadie sabía cómo explicarle la ausencia de su mamá.

“Eso fue un agravante porque ni siquiera podíamos explicarnos nosotros qué había pasado, entonces menos a ella. Me salí del cole para darle soporte a papi. Con la mayor (Lilliana) llenamos el vacío de mami e hicimos las labores de amas de casa. Estábamos dolidos y todos éramos adolescentes. Mi vida y la de mi familia cambiaron”.

Este es Chéster, el perrito que le salvó la vida a Giselle. Foto: Cortesía.
Este es Chéster, el perrito que le salvó la vida a Giselle. Foto: Cortesía.

Pero hubo algo que doña Marta había hecho con su pequeña Wendy que ayudó a que su ausencia fuera, si cabe, menos dura.

"Ella le había enseñado a Wendy que a mi hermana mayor y a mí nos dijera mamá y desde que empezó a hablar así nos dijo. Hasta me da escalofríos pensarlo. Fue más fácil. Iba a la escuela a reuniones y me veían como la mamá”, explicó.

Sin embargo, el cambio fue tan rudo para la familia que los cuatro hermanos mayores, que no tenían ni pareja, se casaron en poco más de un año.

“Yo iba a cumplir dieciocho años. Me casé embarazada de Manu. Todos nos casamos en diciembre del noventa, doce días después de mi boda nació mi hijo”, recuerda Giselle.

Giselle guarda esta foto con su hijo Manu y unas motos que significan mucho. Fotografía José Cordero
Giselle guarda esta foto con su hijo Manu y unas motos que significan mucho. Fotografía José Cordero

El duelo por la muerte de la mamá fue, por supuesto, muy doloroso, pero Giselle y sus familiares se ocuparon tanto en sus nuevas vidas que el dolor se disipó un poco. Ella se dedicó a criar a Manuel y con el tiempo llegaron las gemelas Silvia y Mónica.

Golpe letal

Con el luto en el corazón la vida de la familia transcurrió con relativa normalidad hasta el 10 de octubre del 2010.

Giselle, que estaba entonces en el extranjero, recibió una llamada que le cambió la vida y le produjo el dolor más intenso que jamás ha sentido.

“Como a las doce y diez de la noche sonó el teléfono y cuando contesté ya me habían llamado muchas personas, pero no había escuchado porque estaba dormida. Cuando contesté solo me dijeron 'Manu se murió, véngase”.

De entrada pensó que era una broma.

“Le dije (a una amiga de la familia que la llamó) que me pasara a mi hermana y le pregunté a Lilliana si era cierto y me dijo que sí. Mi mundo se destruyó”.

Giselle le dijo a su hermana que les dijera a todos los que estaban con ella que se tomaran de las manos y rezaran por Manu.

“Logré tomar un vuelo al día siguiente a las dos de la tarde. Llegué a las ocho y media de la noche y mi familia me esperaba en el aeropuerto. No se me olvida que Warren (el hermano mayor) tenía un cartel que decía ‘Estamos con vos’. Solté la maleta y lloré tanto”.

“Llegué a los funerales en Alajuelita y pedí que me dejaran sola con él. Había muchas personas, él era modelo y había gente de ese ámbito y tuvieron la delicadeza de permitirme ese ratico. Levanté la tapa y lo abracé, lo besé, como siempre lo hice en vida y doy gracias a Dios por eso. Alguien me decía que no lo podía besar porque le habían puesto algo al cuerpo que me podía hacer daño. Ya el daño estaba hecho, eso era lo de menos”.

Amarillo

Manuel Hidalgo Retana falleció de forma instantánea. Pasó un semáforo en amarillo frente a la Castellana, en el centro de San José, y lo atropelló un carro que lo lanzó contra un basurero. Falleció desnucado.

Manuel iba con otros motociclistas amigos a cenar. Dice Giselle que el amigo que pasó adelante en moto les dijo a los demás ‘muérdanse’. A Manu no le dio tiempo de pasar.

En este collage están las gemelas, Mónica y Silvia, Manu grande y el nieto de doña Giselle, que se llama Manuel. Foto: Cortesía.
En este collage están las gemelas, Mónica y Silvia, Manu grande y el nieto de doña Giselle, que se llama Manuel. Foto: Cortesía.

No hubo caso judicial, Giselle no se interesó en eso, pero algo le mortificaba el alma en medio del dolor. “Decían que él andaba tomado, que andaba en drogas, pero yo sabía que no era así. Mi ángel de luz no podía andar en eso”, dice.

Por eso cuando el agente de seguros del INS le dio el cheque de seguro fue un alivio, pero no por el dinero. “Solo pueden dar la plata a los familiares si la persona sale limpia y Manu estaba limpio. Ese día fue otra llorada. Le dije en oración ‘este dinero es para el estudio de tus hermanas’”.

El perro

Giselle tenía una fe muy grande, pero se peleó con Dios. No comprendía cómo un muchacho sano y bueno terminaba su corta vida de una forma tan trágica y pedía explicaciones.

“Nunca dejé de creer, pero estaba resentida. En las oraciones le decía a Dios ‘qué ingrato, ¿por qué me pruebas así otra vez?’ y en ese momento descubrí que lo de mami me marcó, pero no a este punto”.

Para volver a abrazarse con Dios, sin remordimientos, tenemos que remontarnos a noviembre del 2012. En medio del inmenso dolor que significó perder a su hijo y con sus gemelas de paseo con el papá, Giselle pensó acabar con su vida.

“Me encerré en el cuarto. Sentía que estaba de más en el mundo, que no era necesaria mi presencia. Empecé a llorar y Chester, el perro de mis hijas, que se los había comprado como terapia y que no se lo habían llevado al paseo, empezó a arañar la puerta con las patitas, como muy majadero. Hacía mucha bulla”.

Giselle fue y le abrió.

“Yo estaba hincada en la alfombra y se me subió a las piernas, pero él era cero contacto conmigo y empezó a llorar. Dios mandó ese animalito para que me acompañara, un ser vivo que no razona como uno, me estaba diciendo: ‘estoy sufriendo con usted. Te apoyo’. Y empecé a llorar y a pedirle perdón a Dios”.

Piensa y dice que diez minutos atrás de ese instante no tenía opciones, pero ahora sí. "Y me dije ‘si me levanto es para terminar lo que no he podido’”, es decir, los estudios.

A partir de ese día aprendió a lidiar con el tremendo dolor del alma y puso en marcha sus planes.

“Lo que digo ahora es que tengo una argolla en el cielo y cuando rezo le digo a mi ángel de luz (Manu) que le diga a Dios que me escuche, que tengo una situación, que cómo salgo de un problema. Están juntos y es la mejor influencia”.

Ya han pasado siete años desde ese momento de Chester y Giselle ha tenido una serie de éxitos académicos. Sacó el noveno año y el bachillerato (recordemos que salió del cole por la muerte de su mamá), se hizo masajista profesional, graduada con honores del IECSA. Sacó la licenciatura en Derecho, se incorporó al Colegio de Abogados y este año sacó la especialidad en Derecho notarial y registral.

Mensaje de Giselle a los padres que pasan por situaciones similares: Perdónese, y no se culpen por la muerte de su hijo. Nuestra primera reacción en este proceso es cuestionar que Dios nos arrebate la vida de un hijo pero es un error que cometemos en ese trance de tanto dolor ya que la vida y la muerte le pertenecen a Dios y por ende debemos de aceptar sus designios. Quedamos dolidos y nos preguntamos por el ‘si hubiera’ y eso es terrible ya que pensamos, ‘si hubiera estado ahí , si no lo hubiera dejado ir’ y el hubiera no cambiaría nada lo que ya Dios tenía dispuesto. No se puede evitar el dolor y formará forma parte de nuestra vida, pero sí podemos evitar que nos paralice y es cuando tenemos que transformar ese dolor en metas, en esfuerzo por ser una mejor versión de uno mismos. Todo esto se logra con Dios en nuestra vida y con la inmensa satisfacción de que nuestro amado hijo está orgulloso de nosotros.