La violencia en los centros educativos va en aumento. Así lo alerta el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE (pruebas PISA), el cual advierte sobre un incremento en las agresiones físicas entre estudiantes, así como en los ataques verbales contra docentes y funcionarios en Costa Rica.
Para comprender las raíces de esta problemática, La Teja conversó con la psicóloga María Ester Flores, experta en temas de familia, quien analizó las causas que detonan estas alarmantes conductas.
La especialista señala que uno de los principales factores que ha provocado la pérdida de respeto hacia los profesores, las instituciones y los propios compañeros es una “debilidad” institucional, la cual deja a los educadores en una posición muy vulnerable.
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“Conversando con muchos docentes, ellos piensan que en la familia les mandan a los chicos que son problemáticos o malcriados o violentos y esperan que la institución educativa los corrija. Pero si un docente intenta corregir, poner sanciones o regañarlos, inmediatamente hay una una demanda, los profesores temen ser llevados a juicio”.
Sin embargo, el problema no se limita a las aulas. Flores explica que, dentro de los hogares, también existe una debilidad de autoridad por parte de los padres hacia sus hijos, llegando incluso al temor.
“Como psicóloga de familia le digo, muchos padres tienen miedo a los hijos. Les da miedo que les griten, que les peguen y se da, los chiquillos les pegan, les gritan, tienen una gran fuerza sobre los padres y los padres se se desconciertan y no saben qué hacer, no saben cómo poner límites”.
Aunado a esto, la psicóloga advierte que el acceso a la tecnología, cuando se utiliza de manera errónea, propicia estas conductas agresivas:
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“Un niño muy pequeño que con su manita siente que maneja en una pantalla el matar, el no matar, el agredir, el no agredir, el que gana puntos porque mató más, ese niño en su inconsciente va metiendo que tiene poder sobre su entorno, sobre sus adultos y demás”.
Finalmente, Flores menciona que la ola de criminalidad que atraviesa el país también tiene su cuota de responsabilidad en estos comportamientos. El entorno hostil provoca que, en el inconsciente colectivo, las personas sientan la necesidad de estar a la defensiva, actitudes que poco a poco se van sembrando y reflejando en las escuelas.
Los números respaldan esta preocupación. Según las estadísticas publicadas por las pruebas PISA, las agresiones físicas entre estudiantes pasaron de un 27,5% en el 2022 a un 36,7% en el último reporte, mientras que la intimidación o agresión verbal contra docentes y funcionarios subió de un 22,9% a un 24,2%.
