Este domingo por fin se dio lo que los ticos estaban esperando: el carismático Julián Valverde fue puesto en libertad por las autoridades estadounidenses.
Tras pasar más de tres días angustiantes detenido por tener su licencia vencida, Julián subió un video hecho un mar de lágrimas. Con el corazón en la mano, agradeció todo el apoyo y reconoció que aprendió una dura lección.
Pero, ¿por qué todo un país se volcó a darle ánimos y oraciones a un muchacho que muchos ni siquiera conocen en persona?
El verdadero ser tico salió a flote
Para entender este hermoso fenómeno, conversamos con la psicóloga María Ester Flores, experta en temas de familia. Su explicación deja claro por qué reaccionamos así ante la angustia ajena.
“Te voy a contestar como la gran familia costarricense que somos. A lo tico, somos un sistema familiar muy empático”, nos detalló la doctora con ese tono cercano que la caracteriza.
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Según la experta, al ver a Julián pasar por un momento tan traumático y saber que vive solo en otro país, a todos se nos despertó de inmediato ese instinto protector.
“Todos de alguna manera nos sentíamos la mamá de ese muchacho, el hermano, el amigo, la hermana... como si oyéramos a un familiar nuestro que tiene cabanga y le hace falta su gente”, explicó María Ester.
Una lección de vida
Aunque el joven cometió una falta a la ley y él mismo reconoció su error, la psicóloga resalta que en Costa Rica nos ganó el corazón sencillo y el amor por los nuestros, por eso dicen que somos pura vida.
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“Dijimos: ‘Qué pecadito con mi chiquito, que me lo tienen ahí por no poner la licencia al día’. Es una lección de vida, pero nos fuimos por el lado de la empatía”, agregó la doctora Flores.
Esta reacción masiva en redes sociales nos demostró que, a pesar de que siempre hay posiciones divididas, la inmensa mayoría quiso darle apoyo simplemente porque es uno de los nuestros.
Una familia llena de valores
Ver a miles de ticos peleando por un compatriota es un reflejo de que nuestros valores de solidaridad siguen intactos y listos para salir a la luz cuando alguien nos necesita.
“Somos buena gente, somos sensibles, somos pura vida (...) tocó el corazón del verdadero ser tico”, concluyó la experta con muchísimo orgullo.
Hoy Julián ya está libre, sano y salvo. Seguramente nos seguirá haciendo reír en sus redes sociales, pero esta vez con una gran lección aprendida y sabiendo que en Tiquicia tiene a todo un ejército familiar que lo respalda.


