Eduardo Vega.11 mayo

Don Édgar Porras Quirós, de 81 años, es un puntarenense de pura cepa, que vive desde 1964 en Estados Unidos y que venció al nuevo coronavirus en tan solo 22 días.

Todavía se ayuda con un tanquecito de oxígeno para respirar, pero eso no le quita la alegría, el positivismo y el orgullo de haber derrotado un virus que mató a muchos abuelos, bisabuelos y ni qué decir a tatarabuelos como él.

Don Édgar tuvo días duros, pero nunca perdió el humor. Cortesía.
Don Édgar tuvo días duros, pero nunca perdió el humor. Cortesía.

La Teja conversó con este roble vía Facebook, gracias a un enlace que nos hizo otra tica, llamada Grettel Carmona, que lleva varios años en Gringolandia viviendo con su esposo y dos hijos.

“Cuando me informaron que era positivo de coronavirus, el pasado trece de abril, los doctores me comenzaron a ver raro, estaban asustados, me repetían que yo tenía 81 años y que en los adultos mayores el asunto es muy delicado.

“Entonces, de una vez les dije, a mí no me vence este virus, así que ni me vuelvan a ver tan raro. Veintidós días después me volvieron a ver igual de raro, pero era porque me estaban dando el resultado del último examen, que me confirmaba como libre de coronavirus”, comentó don Édgar desde Moreno Valley, en California.

Recordemos que don Édgar vive en el país más golpeado en el mundo por la pandemia.

Según el último reporte, en Estados Unidos fallecieron más de 78.000 personas y hay más de 1.300.000 contagiados de COVID-19 y solo entre el jueves y viernes de la semana pasada fallecieron 1.635 personas en ese país.

Tos seca

Desde la primera semana de abril le comenzó una tos seca, por eso llamó a su doctor para contarle, pero le dijo que estuviera tranquilo, que de seguro era un resfriadillo pasajero.

El diagnosticado de Covid-19 no lo hizo perder su sentido del humor. Cortesía.
El diagnosticado de Covid-19 no lo hizo perder su sentido del humor. Cortesía.

Una semana después la tos seguía y le comenzó una fiebre muy alta, además, ya no se sentía muy bien, por eso mejor se fue para el hospital.

Como tenía varios números de la rifa, en el hospital le hicieron el test y rapidito le dieron la mala noticia.

Los primeros días los pasó en la casa, pero como su salud empeoró, terminó en el hospi.

“Me sentí muy mal, fueron dos semanas muy duras, que va, esto del coronavirus no es jugando.

Don Édgar dice que los tres peores días fueron ya en el hospi, porque no aguantaba el pecho.

Siempre dice con mucho orgullo que es puntarenense de la pura cepa. Cortesía.
Siempre dice con mucho orgullo que es puntarenense de la pura cepa. Cortesía.

“Me conectaron a un respirador que hacía un escándalo espantoso y no me dejó dormir esos tres días. Esa fue la parte más dura”, recordó este campeón, que ni siquiera necesitó estar en cuidados intensivos.

Este roble porteño dice que la salvada de él es que tiene una familia muy grande que siempre lo chinea y para muestra un botón, porque tiene cuatro hijos (Ingrid, Norma, Ángela y Édgar); 12 nietos, 7 bisnietos, 1 tataranieto y ya vienen 2 más en camino.

De hecho, cuando le diagnosticaron el virus, su hija Ángela se vino desde Colorado para cuidarlo.

“La verdad es que en casa me chinearon mucho. El coronavirus se sufre mucho y la única forma de derrotarlo es viviendo un día a la vez, pero cada uno de esos días hay que ser positivo, yo estaba seguro de que los tres guerreros que siempre he tenido en mi vida, me iban a defender, son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Mi Dios me sanó, él peleó la batalla por mí”, aclaró.

La mano de Dios

Los doctores le dijeron que era de admirar que una persona de la edad de él, venciera al COVID-19.

Los chineos de la familia fueron importantísimos para derrotar todos unidos al coronavirus. En la foto su esposa doña Fanny. Cortesía.
Los chineos de la familia fueron importantísimos para derrotar todos unidos al coronavirus. En la foto su esposa doña Fanny. Cortesía.

“Dios me ayudó, también yo me ayudé porque nunca me eché a morir, nunca dije que este tatarabuelo ya estaba listo, por el contrario, todas las mañanas le decía al virus que yo iba a ganar y que se resignara porque confiaba en la vida sana que he llevado, comiendo bien y haciendo ejercicios”, dijo.

Aunque el tatarabuelito cumple 82 años hasta el 15 de noviembre (nació en 1938) ya le está haciendo números a la fecha, para pegarse un pachangón en su amada provincia porteña.

Eterno enamorado

Don Édgar dice que vencer al coronavirus no es el único triunfo que tiene en su vida, ya que se siente muy orgulloso de sus 59 años de casado con doña Fanny Hidalgo Campos, otra porteña nata.

“No hay secretos para cumplir cincuenta y nueve años de casados, lo principal es amar siempre y respetar siempre a la esposa, nunca decirle una mala palabra y tratarla como la reina del hogar siempre”, aseguró este caballero, quien trabajó en el sector pesquero en su amado Puerto y en Estados Unidos hizo de todo, ya en los últimos años fue trailero por toda California.

Foto del recuerdo de los años mozos de don Édgar en Puntarenas. Cortesía.
Foto del recuerdo de los años mozos de don Édgar en Puntarenas. Cortesía.
Primo de Carmencita. Don Édgar es primo segundo de doña Vina, sí, de Rafela, ¿no saben quién es?, bueno, de Prematura, ¿tampoco?... de doña Chona mijiticos, la esposa de don Tranquilino, la que nunca faltó a las clases de la niña Pochita. Hablamos de doña Carmen Granados Soto, toda una institución en el humor radial y televisivo desde la década de los 50 y hasta su fallecimiento, en 1999.
“Siempre le he puesto buena cara a los malos tiempos, yo sabía que el coronavirus a mí no me ganaba”, Édgar Porras, sobreviviente de COVID-19.
El porteño es primo segundo de Carmencita Granados, gran humorista tica quien falleció en 1999. Archivo.
El porteño es primo segundo de Carmencita Granados, gran humorista tica quien falleció en 1999. Archivo.