Karen Fernández.17 marzo

“Dependo del alquiler que me pagan mis inquilinos por una casa que me heredó mi mamá y la pensión de mi esposo, pero la situación se ha puesto tan dura que cuando no tengo quien me alquile, me toca recurrir a mi sobrina o a mi hermano para salir adelante”, contó María Fernández, vecina de Cartago.

Cuando la plata no alcanza, muchos recurren a familiares y amigos para que los salven. Foto de Stock.
Cuando la plata no alcanza, muchos recurren a familiares y amigos para que los salven. Foto de Stock.

Ella agregó que si surge alguna emergencia o pago que hacer antes de que caiga cualquiera de los dos ingresos, debe pedirle ayuda a sus familiares para hacerle frente y cuando ya le depositan el alquiler, entonces paga lo prestado.

Como ella están gran cantidad de costarricenses que ganan menos de medio millón de colones y deben recurrir a familiares o amigos para que le peguen la salvada cuando necesitan alrededor de ¢30 mil para pagar algo urgente, así lo reveló la encuesta “Endeudamiento de los hogares costarricenses”, realizada por la Oficina del Consumidor Financiero (OCF).

Las mujeres, las personas sin trabajo remunerado, quienes están en los grupos de menores ingresos (¢500 mil) y que viven fuera del Gran Área Metropolitana, acuden principalmente (entre 57 y 63 de cada 100) a familiares, amigos o compañeros de trabajo, reveló la encuesta.

“Uno nota a lo largo de toda la encuesta es que la gente que tiene menos educación y menos ingresos, posiblemente de todos modos los productos financieros no están diseñados para llegarle a ese tipo de personas porque los costos de operación son muy altos y por montos muy pequeños que necesitan ellos, es difícil dárselos. Esa combinación de factores hace que queden fuera de los préstamos”, explicó Danilo Montero, director general de la OCF.

Montero dijo que un dato que les llamó mucho la atención es que estas personas piden prestado para comprar comida, combustible o pagar algún medicamento y no es que sean desordenados, sino que no les queda de otra.

“La necesidad de ellos no es de un millón de colones, son ¢30 mil para ir a comprar un antibiótico para el güila o ponerle ¢5 mil de gasolina al carro. Esa es una salvada mientras van jineteando para poder salir al día con los pagos”, agregó Montero.

La ventaja es que si no pagan el día que dijeron que lo harían, los familiares presionan menos que un banco y no cobran intereses descomunales.

“Si les cobra el familiar, piden un chancecito a tal día o al fin de semana, por ejemplo, para cancelarles”, comentó el director de la OCF.

Aunque no se incluyó en la encuesta, don Danilo dijo que los costos de los préstamos para vivienda son tan altos que para este grupo de personas acceder a estos créditos es un sueño inalcanzable.

También esos bajos ingresos los inclinan a tener que comprar la refri, cocina, olla arrocera o cuanto electrodoméstico necesiten mediante tiendas que se los vendan a cuotas, porque no tienen la capacidad para sacar el monto de un solo tiro.

Tarjetas para emergencias

Entre los otros descubrimientos que permitió hacer la encuesta es que una tercera parte de la población que tiene tarjetas de crédito, no la usan, puede ser que se la dieran en una tienda o centro comercial, pero la tienen solo para usarla en un caso de emergencia.

Cuando ya los ingresos son superiores al millón o millón y medio, se ve menos que le pidan a un “compa” o familiar, y van más a un banco a sacar el préstamo más que todo de consumo.

Una tercera parte de quienes tienen tarjetas de crédito, las poseen pero no las usan. Foto: Shutterstock.com
Una tercera parte de quienes tienen tarjetas de crédito, las poseen pero no las usan. Foto: Shutterstock.com

La oficina del consumidor acudió a un par de sicólogos para plantear las preguntas que les permitieran entender también un poco el comportamiento de la gente y hay personas que compran porque se quieren dar el lujo de tener ese carro, ropa o celular específico.

Y encontraron que las personas que muestra más preferencia por ese tipo de cosas, 83 de cada 100 de ellos tienen deudas, pero lo hacen quienes tienen una capacidad de ingreso que les permite tener las deudas al día.

“Las mujeres muestran un grado mayor de preocupación, estrés y agobio ante las deudas que los hombres”, aclaró Montero.

Las personas que tendieron a estar más de acuerdo con que el dinero controla su vida, eran los que debían más plata por diferentes créditos.

“Cuesta mucho atender gastos inesperados de salud”, “usualmente no tengo dinero para atender gastos por cumpleaños, bodas y otras fiestas”, son frases con las que se identificaron quienes no les alcanza la plata por el montón de deudas que han adquirido.

Finalmente, otro dato que evidenció la encuesta es que los funcionarios públicos por diversas razones se sienten liberados de la presión de que el dinero controle sus vidas, por el contrario los del sector privado y más quienes no tienen trabajo fijo, se sienten más controlados por el dinero y los lleva a endeudarse más.

“Las mujeres siempre son bastante más prudentes que los hombres. Ellos son más dispuestos a sacar créditos que ellas”, Danilo Montero, director OCF.