En octubre, en todo el mundo se habla de la lucha contra el cáncer de mama.
En los procesos de enfermedades y pruebas es común que la fe sea uno de los pilares fundamentales; ahí es donde aparece santa Águeda, la patrona de las personas que luchan contra el cáncer de mama o cualquier padecimiento en los senos.
Recientemente, la doctora Yorleny Calvo Chaves, una cirujana oncóloga, compartió en un foro que se llevó a cabo en la Asamblea Legislativa la historia de la santa y de verdad que duele en el alma.
La especialista dijo que a santa Águeda se le conoce mundialmente como la patrona de la patología mamaria. A ella acuden miles de mujeres para pedirle que una biopsia salga bien, que el tratamiento funcione o incluso para tener una buena lactancia.
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¿Quién fue esta joven y por qué sufrió tanto?
Para entender esta enorme devoción, hay que viajar en el tiempo hasta la isla de Sicilia, en Italia, por allá del año 235. Según relatan los archivos de Vatican News, Águeda era una muchacha muy educada, de una familia rica y noble.
Desde muy jovencita, ella decidió consagrar su vida a Dios. Sin embargo, su inmensa belleza llamó la atención del despiadado gobernador Quinciano, quien se encaprichó con ella y le hizo propuestas indebidas.
Como la joven se mantuvo firme en su fe y lo rechazó por completo, el gobernador se llenó de ira. Primero, la mandó a encerrar a una casa de prostitución, pero ella se mantuvo pura e inquebrantable en sus creencias.
El cruel castigo que la convirtió en mártir
Al ver que Águeda no cedía ante nada, Quinciano ordenó que la torturaran de la forma más dolorosa y humillante posible para las mujeres de esa época: mandó a que le amputaran sus pechos.
La doctora Calvo explicó que en aquellos dolorosos tiempos usaban una especie de tenaza redonda con filo para este cruel castigo. La gran mayoría de mujeres no aguantaban y morían de dolor, desangradas o por graves infecciones.
A pesar de estar en un estado terrible dentro de un frío calabozo, la sagrada tradición cuenta que esa misma noche se le apareció San Pedro y, de forma milagrosa, sanó por completo sus graves heridas.
Un milagro que selló su santidad
El gobernador, furioso al verla curada y sin perder la fe, ordenó tirarla sobre carbones ardientes. Justo en el momento en que ejecutaban la orden, un fuerte terremoto sacudió la ciudad y asustó a todos los presentes.
La valiente joven fue sacada de las brasas. Tras agradecerle a Dios por darle la fuerza y la paciencia para soportar tanto sufrimiento, entregó su espíritu. Eso ocurrió un 5 de febrero del año 251.
Su fama de santa milagrosa creció aún más un año después, cuando el temido volcán Etna hizo erupción. Los pobladores, asustados, pusieron el velo de Águeda frente al río de lava ardiente y la corriente se detuvo de inmediato.
Actualmente, su gran fiesta se celebra cada 5 de febrero. En Europa es toda una tradición, e incluso las panaderías hacen pancitos con forma de senos para recordarla.


