Eduardo Vega.19 octubre

A doña Vivian Leal Barquero su vida se le quebró en mil pedazos el 13 de octubre del 2003 cuando los doctores le dijeron que tenía cáncer de mama en grado 4 (muy avanzado).

El tema se complicó una semana después, pues el cáncer se había extendido al hígado, siete días después ya le habían quitado un pecho y a la siguiente semana comenzó la quimioterapia. Todo en cuestión de 30 días.

"El momento justo del diagnóstico provoca que a una se le meta un terremoto en la casa, en la vida. Se derrumba absolutamente todo. El golpe sicológico es devastador. Una no sabe si va o viene, no sabe ni para dónde agarrar, qué hacer, qué sentir.

Diecisiete años después, doña Vivian dirige a otras mujeres por el camino de la buena salud y amor propio. Cortesía.
Diecisiete años después, doña Vivian dirige a otras mujeres por el camino de la buena salud y amor propio. Cortesía.

“Como culturalmente el cáncer se asocia con la muerte, una siente la muerte, siente que todo se acabó. La mente te comienza a jugar pasadas, ya que una cree que va a poder manejar el diagnóstico y que todo en la casa seguirá normal, pero por dentro se siente el temor de morir y dejar a los hijos pequeñitos sin madre. Una siente tantísimas cosas que no sabe realmente qué es lo que debe hacer”, así resume doña Vivian lo que sintió el primer mes después de recibir el diagnóstico de cáncer.

En ese momento ella tenía 29 años, casada con don Mauricio Meneses y sus hijos estaban pequeños en ese momento Alejandro (9 años), Alina 4 y Fabrizio 2.

“Eso era el golpe más duro, creer que iba a dejar mis hijos sin madre y tan pequeñitos, fue el dolor más grande y la peor preocupación”, reconoció.

Es que el cáncer le llegó justo cuando ella tenía toda su vida casi en “perfecto orden”: mamá de tres hijos, un superesposo, trabajito seguro porque tenía 12 años de ser educadora.

“También me daba miedo pensar qué iba a pasar con mi trabajo, siempre se piensa en lo económico”.

Proceso de crecimiento

Entre miedos, la recuperación de la operación, sobreponerse a casa sesión de quimio y mantenerse fuerte para sus hijos, comenzó a nacer la otra Vivian, la que hoy tiene 17 añitos.

“El cáncer en ocasiones es tan castrante que muchas personas deciden detenerse. Esa no fue mi decisión. A partir del 2005 comenzó una nueva etapa, la mejor de mi vida. Después de que me dijeron que me quedaban meses de vida, me llené de cosas recién nacidas: comencé a estudiar sicología, arranqué mi propia empresa y comencé a ayudar a otras mujeres porque aquí el asunto es que, si una queda viva entonces le toca ayudar, hacer algo por las demás. Nunca más volví a dar clases y no me morí de hambre”, explicó.

Por supuesto que durante el proceso perdió su cabello y un pecho, dos circunstancias que nunca la arrugaron.

El cáncer de mama jamás la derrotó, por el contrario, logró sacar la mejor versión de ella. Cortesía.
El cáncer de mama jamás la derrotó, por el contrario, logró sacar la mejor versión de ella. Cortesía.

“Una mujer es mucho más que un pecho o su cabello, eso siempre lo entendí. No soy una mujer que se concentre en lo estético, para mí lo realmente importante y bello está en el interior. El motor principal de una mujer es la confianza en sí misma, ser positiva, saber que sí se puede… conozco a muchas mujeres con un pelo precioso y con sus dos pechos, pero con la autoestima muy baja. También la familia es fundamental, en mi caso tengo un esposo que fue y es un pilar en mi recuperación, así como mis hijos”, advirtió doña Vivian.

Positiva y saludable

Ella ahora se siente y vive como una “chiquilla” de 17 años, los cuales empezó a sumar después de ser diagnosticada. Hoy guía a otras mujeres (tras fundar la organización sin fines de lucro “Destrezas para la salud”) que sufrieron o sufren con el cáncer de mama, y todo tipo de cáncer, a entender que somos lo comemos y lo que creemos que podemos hacer.

Sigue luchando. Aclara esta vencedora que su lucha contra el cáncer no se detiene hasta el día de hoy. “Sigo en tratamientos y análisis, cada cuatro meses me toca Riteve, digo yo, una revisión completa, porque vivo con enfermedad metastásica, eso significa que el cáncer puede salir en cualquier momento. "No tengo cáncer en estos momentos, no me preocupo, pero sí lo mantengo vigilado”, dice doña Vivian.

"Somos mucho más que un diagnóstico. Lo mío es hacer entender a las personas que se debe ser positivo y no dejarse gobernar por las emociones ni pensamientos negativos. Si uno pasa pensando que se va a morir, puede darse, porque yo conozco a seis que terminaron muriéndose.

“El cáncer en ocasiones es tan castrante que muchas personas deciden detenerse”, Vivian Leal, sobreviviente de cáncer.
Su familia fue y es un pilar fundamental en al recuperación del cáncer, asegura doña Vivian. Cortesía.
Su familia fue y es un pilar fundamental en al recuperación del cáncer, asegura doña Vivian. Cortesía.

“Hay que tener un estilo de vida cien por ciento saludable, en la alimentación y en como se vive. Debemos aferrarnos a la espiritualidad. Si usted cree en Dios, agárrese duro. Hay que creer, tener fe y certeza, sea cual sea el desenlace del diagnóstico, entender que se va a estar bien. He visto morir a gente con tanta paz… el cáncer es una escuela de vida por la que pasamos solo los que la necesitamos”, aceptó.