Definitivamente, no podemos hablar del divorcio sin antes mencionar el matrimonio, ya que uno es la contraparte del otro.
El matrimonio es el acuerdo, pacto o compromiso adquirido entre dos personas voluntariamente donde se juran amor recíproco y por ende todas las características propias como la comprensión respeto, solidaridad, fidelidad y todas aquellas actitudes que llevan a reforzar y consolidar ese amor, que será la base primordial para echar a andar un matrimonio.
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Cuando por diferentes situaciones ese amor se resquebraja, es cuando uno de los dos, o ambos, comienzan a analizar el divorcio como una posibilidad de que las cosas van a ser diferentes, es decir, el divorcio viene a ser la salida más segura.
A criterio personal, el divorcio debería ser la ultima opción. Para llegar a este paso, deben necesariamente de agotarse todas las vías de diálogo de consejería y de terapia, en fin, todo lo que ayude a tener una visión diferente a lo que vive la pareja en su entorno.
No existen reglas generales, ya que cada caso es muy particular, pensar o decir que si aquella pareja se divorció por una infidelidad y que lo mismo ocurrió con otra, es aplicar un concepto muy desubicado y fuera de contexto.
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Por eso es muy importante que si no queda más alternativa que firmar el divorcio, se haga con toda la paz y la seguridad de que eso era la mejor para la pareja.
En la próxima entrega hablaré sobre lo que podría pasar cuando en un matrimonio hay hijos y otros elementos fuertes en una relación.
