Eduardo Vega.27 abril, 2020

“Quien llega a trabajar en el 9-1-1 alguna vez en su vida, jamás se lo saca del corazón, por eso me desespera no poder estar sirviéndole al país en el servicio de emergencias en estos momentos de coronavirus. Estoy segura que junto a mis compañeros podría aportar un granito de arena positivo”.

Nina guarda con mucho cariño sus fotos con los excompas operadores del 9-1-1. Cortesía.
Nina guarda con mucho cariño sus fotos con los excompas operadores del 9-1-1. Cortesía.

Estas palabras las dijo Giannina Ortega, Nina para sus amigos, quien trabajó cuatro años en el 9-1-1.

Ella asegura que toda su vida será una integrante más del servicio de emergencias, porque lo aprendido y lo vivido no se lo quitará nadie. Siempre que hay una emergencia en el país, como la actual, piensa en que podría estar ayudando, solo que actualmente vive en Europa.

“Una se prepara bien, lleva cursos de primeros auxilios avanzados, reanimación cardiopulmonar (RCP), cursos para saber atender situaciones de ahogamiento, situaciones de suicidio. El entrenamiento es fuerte y muy bueno, durante unos 8 meses, todos los días y un mínimo de 6 horas por día”, recordó Nina.

La preparación para esa labor incluye también cursos de geografía, cantones del país y sus distritos, las carreteras y los puentes del país, además de lugares estratégicos en las direcciones a la tica, como cuando la gente dice: ‘eso queda del antiguo Higuerón 100 al sur’, entonces deben saber dónde es eso en San Pedro.

Ahora en España se ha dedicado a servirle a sus vecinos, les hace mandandos al súper, a la farmacia y hasta les pasea las mascotas. Cortesía.
Ahora en España se ha dedicado a servirle a sus vecinos, les hace mandandos al súper, a la farmacia y hasta les pasea las mascotas. Cortesía.

Nina estudió Periodismo en Costa Rica y al mismo tiempo trabajaba en el 9-1-1. Hace casi tres años ganó una beca para ir a estudiar a España una maestría en Comunicación Corporativa y Responsabilidad Social.

“Pedí un permiso sin goce de salario por dos años, porque yo dije: ‘voy, me gradúo y regreso’, es que yo quiero mucho al 9-1-1. Sin embargo, en España logré amarrar un trabajo de venta de comidas costarricenses y me iba bien, entonces renuncié del todo a la plaza”, recordó.

Ella apostó a que su empresita, a la cual le puso “Con el sabor de Yamil”, despegara. El nombre se debe a que sus papás, don Marco Ortega y doña Suzie Vega, desde hace 32 años venden desayunos en Hatillo 8 y el negocio lleva ese mismo nombre, “Con el sabor de Yamil”.

En cuarentena

En estos días de pandemia por el coronavirus, Nina está encerrada en su apartamento en Madrid. Ha logrado adaptarse muy bien al encierro y no se desespera; sin embargo, cuando analiza que todo su conocimiento no está al servicio del 9-1-1 sí le entra la desesperación.

“Yo sé que no podría ni hacer teletrabajo porque estoy al otro lado del mar, pero cuando estuvieron ocupando voluntarios yo llamé para ver si de alguna forma podía ayudar, y no hablo de trabajar por dinero, hablo de servir por amor al servicio de emergencias, porque yo sé que puedo aportar”, explica con mucha seguridad.

Amor eterno

Lo de Giannina con el 9-1-1 es un asunto de toda la vida, ella tiene 30 años, pero desde que tenía 5 ya se había enamorado de ese servicio, siempre dijo en su casa que ella quería trabajar ahí… ¡hasta que lo logró!

Toda su vida vivió en Hatillo 8, ahora en España. Antes del coronavirus se dedicó a estudiar y conocer Europa. Cortesía.
Toda su vida vivió en Hatillo 8, ahora en España. Antes del coronavirus se dedicó a estudiar y conocer Europa. Cortesía.
“Servir a los demás es una misión de vida que tenemos los que trabajamos en instituciones que atienden emergencias”, Marvin Palma, jefe de Operaciones del 9-1-1.

“Me tocó atender emergencias en inundaciones, en huracanes (como Otto o la tormenta Nate). Son momentos muy difíciles que ocupan de mucha tranquilidad, para saber sobrellevar una llamada de una persona que está en el techo con su familia porque su casa se inundó y el agua sigue subiendo.

“A uno lo preparan tan bien que se logra atender, con el protocolo, todo tipo de emergencia. Eso es lo que duele y desespera, que entiendo muy bien lo que aprendí, el valor que tengo como trabajadora de un servicio tan útil para el país y estoy tan pero tan lejos”, dice Nina quien nació y vivió toda su vida en Hatillo 8.

Excelente trabajadora. Hablamos con don Marvin Palma, jefe de Operaciones del 9-1-1, quien nos confirmó que Nina siempre fue una excelente operadora, además siempre se le salió por todos lados su amor al servicio y a la institución. “En ella se juntaron dos factores, el personal, porque siempre encontró satisfacción en el servicio al prójimo, y el institucional, porque se le desarrolló y preparó para que ese servicio lo hiciera de la mejor forma posible. El que trabaja en instituciones de emergencia tiene que amar lo que hace para encontrar satisfacción y ella lo ama”, aseguró don Marvin.
Nina pasa la cuarentena leyendo, cocinando y conversando con su familia en Tiquicia. Cortesía.
Nina pasa la cuarentena leyendo, cocinando y conversando con su familia en Tiquicia. Cortesía.

Para llenar ese vacío del servicio al prójimo que tanto practicó en nuestro país, en España se dedica a ayudarle a sus vecinos en todo lo que pueda: irles a comprar comida, pasearles el perro, botarles la basura, en fin, colaborar con el otro, como aprendió en el servicio de emergencias tico.

“Hago lo posible por sentirme útil y ayudar al prójimo, aunque lo que más deseo es estar contestando llamadas en el 9-1-1”, concluyó.