Eduardo Vega.19 septiembre

El sacerdote Juan José Navarro siempre dijo que era un tilaranense por adopción. Él amó con todo su corazón Guanacaste y se entregó por completo a su gente, hasta que Dios lo llamó a su lado este sábado 19 de setiembre.

El padre Navarro, de 82 años, entregó gran parte de su vida a servir en una Costa Rica, la cual llevaba tatuada en el corazón.

Con el corazón arrugado del dolor, monseñor Manuel Eugenio Salazar, obispo de Tilarán-Liberia, fue quien le anunció a su gente el fallecimiento del padre.

“Con dolor comunico, a la familia diocesana, el regreso a la casa del padre, del reverendísimo padre Juan José Navarro Plaza. Benemérito, fundador, constructor en gran parte de esta diócesis. Dejó su tierra natal (España) y entregó todas sus fuerzas por la evangelización de la diócesis de Tilarán-Liberia ¡Gracias por su entrega a Cristo y a la Iglesia!”, dijo monseñor Salazar.

La diócesis de Tilarán-Liberia lo llora con gran dolor ya que diferentes pueblos de la provincia guanacasteca compartieron el buen corazón de un padrecito que ya todo el mundo veía como tico.

El padre Navarro era español por nacimiento y tilaranense por adopción. Cortesía.
El padre Navarro era español por nacimiento y tilaranense por adopción. Cortesía.

Cuando el padre Navarro recordaba su llegada a Tiquicia, jamás olvidaba que pensó que se venía para un país de indios en taparrabo.

"Después de catorce días y catorce noches desde Barcelona hasta Panamá en el trasatlántico italiano “Donichetti”, arribábamos a Costa Rica, el 28 de enero de 1967, seis pichones de sacerdotes de la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA).

"Llegamos todos a Hojancha y el padre Vara no dudó en mandarnos a recorrer toda la parroquia celebrando misas y confesando. ¡Oh sorpresa cuando en unas confesiones, más de una persona se confesó diciendo: “padre me arrepiento de haber comido gente” ¡Ya está, lo que decía mi madre!

“Pensé que de verdad comían gente y me asusté. Al llegar a Hojancha, con todos alrededor de la mesa, pedí la palabra y les dije lo que me había pasado. El padre Vara no era capaz de hablar, sino que soltó una risa estrepitosa que lo caracteriza. Y después nos explicó el significado de comer gente, (no eran caníbales)”, recordó a carcajada pelada el padre Navarro.

En todo Guanacaste, los fieles católicos, se duelen del fallecimiento dle padre Navarro, un sacerdote que siempre buscó el bien de su pueblo guanacateco. Cortesía.
En todo Guanacaste, los fieles católicos, se duelen del fallecimiento dle padre Navarro, un sacerdote que siempre buscó el bien de su pueblo guanacateco. Cortesía.

“Algo de lo que me alegro es de haber organizado la pastoral en toda la parroquia formando pequeñas comunidades. Formando delegados de la palabra, celebrando todos los domingos en todas las ermitas. También celebraban la Semana Santa en todos los pueblitos etc. Había varios pueblos sin ermitas y se construyeron en casi todos con el dinero que me mandaban de Alemania y el aporte de los feligreses”, dejó escrito el padre Navarro sobre su amada Tilarán, a donde llegó a finales de los setentas.

El padre sirvió también en Esparza, Abangares, Puntarenas y Jicaral. En redes sociales se notó el gran cariño que le tenían, por ejemplo, el comentario en Facebook de Luis Alonso Castro: “Descanse en paz padre Navarro. Le ayudaba como monaguillo en Tronadora (nuevo), adonde llegaba haciendo ruta de misas de domingo de pueblo en pueblo en el viejo Land Rover que tenía asignado”.