Redacción .29 abril

Ericka Herrera Segura llegó a quitarle un peso de encima al personal médico del hispital William Allen de Turrialba y con esto, a muchos indígenas cabécar.

Ella es la traductora que contrató este centro médico para dejar de pasar penurias con los pacientes indígenas que no hablan español.

Alberto está muy contento porque ya puede ver. Cortesía.
Alberto está muy contento porque ya puede ver. Cortesía.

Tal es el caso de Alberto Obando un joven indígena cabécar que llegó al hospi turrialbeño porque se quedó ciego, temporalmente, tras un fuerte golpe que se llevó en la cabeza.

Especialistas lo revisaron y le mandaron un tratamiento y citas, sin embargo, la que iba a esas citas era su mamá, por lo que los doctores se quedaban bateadititicos.

La preocupación del personal médico en el hospi de Turrialba era grandísima porque urgía que Obando cumpliera con el plan establecido para su recuperación.

Fue entonces cuando se metió en el asunto Herrera, quien mastica el cabécar y el español.

Ella habló con la mamá del paciente y fue así como le aclaró la situación.

Resulta que la mamá y el hijo no entendían por qué él tenía que ir a las citas sino podía ver, por eso su mamá iba al hospi buscando la ayuda médica que tanto les urgía.

Una vez claro el asunto, Albero asistió el mes siguiente a una cita en la Clínica Oftalmológica y en dos toques lo operaron de los ojos. ¡Ya Alberto ve puras tejas!

Salva tandas
Éricka hace todas las rondas con los doctores para poder hablar con los pacientes indígenas. Cortesía.
Éricka hace todas las rondas con los doctores para poder hablar con los pacientes indígenas. Cortesía.

Éricka tiene 19 años y se preparó como técnica para asistir a pacientes; ella aprendió a hablar español en un centro educativo de Grano de Oro del cantón de Turrialba, motivada por su padre, Edwin Herrera, que la ponían a hablar y a escribir las dos lenguas.

La gran salvatandas vive en una comunidad que se llama Sinoli a la que se llega por trillos entre las montañas de Chirripó y actualmente tiene casi un mes de estar trabajando en el hospital.

No podían comunicarse

El personal médico hizo de todo para poderse comunicar con los indígenas: señas, pictogramas y la señalización de todo el hospital en ambas lenguas para que esta población no anduviera como el chiquito de la Llorona.

La doctora María Eugenia Villalta Bonilla, directora del William Allen, dijo que el trabajo de la nueva traductora Cabécar es fundamental porque ella acompaña la visita diaria con los médicos y convierte el mensaje médico en una explicación sencilla para los indígenas.

Además, porque esta población es bastante tímida, desconfiada y siente bastante vergüenza de hablarle a los médicos, por lo que con Éricka se sueltan a hablar.

Los médicos del William Allen ya respiran tranquilos porque se pueden comunicar perfectamente con la población Cabécar. Cortesía.
Los médicos del William Allen ya respiran tranquilos porque se pueden comunicar perfectamente con la población Cabécar. Cortesía.

Se calcula que solo en Emergencias atiende al mes a 145 indígenas. Además, en este primer trimestre del 2019, 62 de cada 100 chiquitos atendidos eran cabécares.

Las enfermedades más comunes que padecen son infecciones respiratorias agudas.

Era un problemón

La situación era tan difícil que el tiempo de internamiento de los indígenas era más largo que el del resto de la población, porque el personal hospitalario prefería asumir el seguimiento y su control y no darles de alta porque no sabían si cumplirían con las órdenes médicas.

Como parte de los cambios hechos en el hospital, también se compraron sillones confortables para que las madres puedan permanecer con sus hijos mientras son internados.

Este lunes, autoridades de ese hospital se reunieron con representantes de la Asociación Indígena de la zona, con la finalidad de conocer aún más de esta población.