Eduardo Vega.31 mayo

La humanidad todavía no ha inventado un material que pueda detener los sueños, por eso, en cualquier parte del planeta las ilusiones siempre derrotan a las adversidades. Ese es el caso de tres niños de Guararí de Heredia, a quienes les importa poco las limitaciones económicas porque se concentran en sus sueños de ser científicos y deportistas.

En La Lucía de Guararí vive doña Wendy Chambers con su esposo Johnny Sanarrusia. Ellos alquilaban una casita, pero justo antitos de que el coronavirus nos golpeara con toda su fuerza, a don Johnny lo despidieron de la construcción en la que trabajaba como peón.

La periodista Betania Artavia, quien produce el periódico Heredia Hoy, fue quien nos llevó hasta esta humilde familia.

Este es el
Este es el "escritorio" que deben compartir los tres hermanos, eso sí, a ratos se convierte en mesa para comer. Cortesía.

Al arrancar la cuarentena y frenarse casi todas las actividades laborales, la construcción se detuvo y ya don Johnny no pudo ni ha podido conseguir trabajo.

Como económicamente la situación pasó de castaño a oscuro y al no poder pagar el alquiler, decidieron irse a vivir con la mamá de doña Wendy, quien con mucho amor les facilitó un cuartito de tres metros de ancho por tres metros de largo para que vivieran ellos dos y los tres hijos: Randy (12 años), Mathías (6 años) e Isaac (4 años).

Un solo cuarto

En ese cuartito pusieron las camas y casi ya no quedó campo para nada más, tampoco es que tenían mucho. Al comenzar a golpear el Covid-19 las clases escuelas, colegios y universidades, se suspendieron y comenzó para los hermanitos, y miles de estudiantes del país, las clases virtuales.

Con las clases virtuales comenzó un gran problema para estos niños. ¿Dónde y cómo estudiar? Haciendo de tripas chorizo, doña Wendy se buscó dos baldes para que en uno se sentaran y el otro lo usaran como escritorio, ya que tienen una computadora gracias al programa Puente para el desarrollo.

Randy no se arruga, cumple con sus tareas sentadito en el balde. Cortesía.
Randy no se arruga, cumple con sus tareas sentadito en el balde. Cortesía.

Ya con lo del lugar de estudio resuelto, se vino otro problema, quién y a qué horas usa la compu, porque la necesitan Randy, Matías y hasta Issac que está en materno y ha tenido que hacer sus bretecitos.

Eso no es todo, como hablamos de una familia que la pulsea y duro, doña Wendy nunca se ha dejado vencer por la adversidad y como hasta hace tres años solo tenía sexto grado de escuela, se puso a estudiar y ya está en tercero de colegio, le va pura vida en las clases, debe estudiar el doble, dice, porque le cuesta aprender, pero no se detiene.

Compartir todo

“Somos cuatro estudiantes que deben compartir una computadora, eso complica todo. En mi caso he sido la más afectada, porque yo tengo que ayudarle a mis hijos a estudiar a supervisar que hagan sus trabajos y los entreguen a tiempo, dejando todas mis obligaciones de último, en ocasiones no puedo ni terminar lo mío… el coronavirus nos tiene muy complicados”, explicó doña Wendy.

Sentado en uno de los baldes, Randy asegura que él no le va a aflojar al estudio porque quiere ser un gran científico y ser capaz de encontrar la cura para el coronavirus o bien, ayudarle a otras personas a estar bien de salud con sus investigaciones.

Sueños intactos

Randy, está en sexto grado en la escuela de Guararí y nos aclara que ama la ciencia, pero que podría hacer una excepción en su ilusión de ser científico para estudiar otra de sus pasiones, la cocina, también quiere ser un gran chef.

Mathías, Randy e Isaac, le ponen bonito a sus estudios, no se quejan, pero les gustaría tener espacio para vivir. Cortesía.
Mathías, Randy e Isaac, le ponen bonito a sus estudios, no se quejan, pero les gustaría tener espacio para vivir. Cortesía.

Matías, a sus seis años, también está en la escuela de Guararí; todas las materias le gustan; sin embargo, siente que lo suyo es ser un deportista de alto rendimiento, todavía no hay un deporte que lo tenga atrapado completamente porque le gusta el fútbol, correr y hasta nadar, además, le gustan las matemáticas.

“Mi mamá todos los días nos explica que si queremos algún día dejar de estudiar sentados en un balde tenemos que ser responsables con nuestras tareas y ser aplicados para sacar buenas notas y lograr algún día tener un título universitario, por eso estudiamos en donde sea sin fijarnos en las condiciones”, explica Randy.

Matías tampoco se deja derrotar, si bien se le ha complicado entender lo de los horarios para usar la computadora y los horarios en que los baldes dejan de ser escritorios para convertirse en mesa para comer, es puntual en la entrega de los trabajos.

“Voy a estudiar mucho para ayudarle a mi familia. Cuando sea grande le voy a comprar una casita a mis papás para que ya no tengamos que vivir en un solo cuarto y también compraré un escritorio con sillas para estudiar”, dice Matías.

Sueñan con una casita

Son momentos difíciles para esta familia, que a pesar de todo le agradece a Dios tener un techo donde dormir, pero tampoco aflojan el sueño que han luchado desde hace muchos años, tener casa propia, algo que se les ha negado porque las instituciones del Gobierno le cierran las puertas y cuando le han apostado a esas fórmulas de los barrios de asociaciones en las que hay que pagar mensualmente para estar en una lista, les han robado el dinero.

Doña Wendy es por estos días maestra de materno, primero de escuela y sexto de escuela, además, ella está en tercero de colegio por madurez. Cortesía.
Doña Wendy es por estos días maestra de materno, primero de escuela y sexto de escuela, además, ella está en tercero de colegio por madurez. Cortesía.

“Me duele mucho lo que pasa en mi país, aquí en Guararí hay muchas familias extranjeras que ya tienen casa dada por nuestro Gobierno, pero como yo soy tica parece que no califico. Le dan a toda la gente extranjera que pide, pero a un tico lo mandan de oficina en oficina y nada.

“Tengo tres hijos, mi esposo es peón de construcción, vivimos los cinco en un solo cuarto, somos una familia que lucha duro por superarse, pero eso no vale”, comenta con amargura doña Wendy, quien nos da su número 6241-0179, para quien quiera colaborar con su caso.

Duermen los cinco en dos camas, una matrimonial y una individual que son las que caben.

“Pasar la cuarentena encerrados en un espacio tan pequeño trae sus consecuencias, cuando hay sol, creo que, por el calor, se dan muchos problemas, los chiquillos se desesperan, se estresan y hasta comienzan a pelear entre ellos.

“Y ni le digo cuando hay frío porque Matías es asmático y se pone muy mal, algo que nos estresa a todos porque con su tos todo el día, los demás no pasan un momento tranquilo y les duele mucho ver a su hermanito enfermo”, comentó la mamá.

“Eso es motivación”

“Estos niños reflejan la real capacidad del ser humano, son un ejemplo puro del deseo natural de aprender que hay en todos nosotros, especialmente cuando hay carencias económicas y un lugar adecuado.

“Estos hermanitos tienen lo que mejor que se puede tener. No se trata de que en lugar del balde en que se sientan tengan una silla de doscientos mil colones, se trata del amor de su familia, de la unión del hogar, eso es un pilar fundamental para la superación personal”, es el primer análisis que hace la sicóloga María Ester Flores al saber de esta familia.

Después de un día bien atareado, se guardan los baldes y a la camita. Cortesía.
Después de un día bien atareado, se guardan los baldes y a la camita. Cortesía.

“Sus corazones y su cerebro están dispuestos al aprendizaje. A diferencia de otros niños que tienen una vida muy fácil con todo a la mano, ellos tienen la capacidad de asombro muy desarrollada, la capacidad de agradecer y ser felices con poco.

“Yo soy de zona rural y conozco muchas familias en situaciones similares y estos niños son un ejemplo a seguir porque tienen un deseo de salir adelante muy grande, no son niños que los venza cualquier obstáculo”, agregó la sicóloga.

Le comentamos e incluso le mandamos las fotos a la gente del Ministerio de Educación, pero dijeron que no iban a decir nada al respecto.