Franklin Arroyo.28 abril, 2018

Las despedidas de soltero no volverán a ser las mismas con lo que ofrece el hotel de paso Flamingo, en Belén.

La gente de ese lugar está empeñada en que nadie olvide sus últimos ratos de soltería y armó un menú muy apetitoso repartido a todo lo alto de tres niveles en un mismo aposento. Esa es la novedad, que no se trata de solo un piso, como es lo usual.

Antes de meternos de lleno en el sitio quisimos saber qué opina un sexólogo de que alguien que está por casarse se mande con una pachanga en un motel en un espacio lleno de gente y entonces buscamos al doctor Mauro Fernández.

"La mayoría de las despedidas son más jocosas que reales, o sea, los regalos son sexuados pero con una connotación más de broma que para instar a una relación sexual. Lo que los amigos hacen es poner a prueba la fidelidad de novio y, por lo general, si hay actos sexuales, quienes participan son los amigos", señala el experto.

"Es como decirle al novio 'nosotros somos los solteros y podemos disfrutar de todo esto, usted que se va a casar no'. Hay que tomar en cuenta que a las despedidas generalmente van amigos de ambos y hasta familiares. Cuando llevan un maripepino para ellas eso se convierte en un show donde la novia ríe”.

Muy bien surtido

Ahora sí, regresemos al Flamingo, que en ese espacio pensado para las despedidas de solteros (o más) tiene minibar, jacuzzi, pantallas, duchas, un sauna y una salita con sillones para unas cinco personas. Allí mismo se encuentran el columpio del amor y un tubo, que desafían la imaginación de los usuarios, que deciden qué usos darle.

Las escaleras llevan a una habitación espaciosa con una cama redonda que se sacude más que la tagada y que sin duda volverá locos a los amantes de los juegos mecánicos.

La cama redonda dispone de cinco movimientos para deleite de los amantes. Hay otra rectangular. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
La cama redonda dispone de cinco movimientos para deleite de los amantes. Hay otra rectangular. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

En ese cuarto hay un baño con regadera. Ese baño tiene dos entradas: una con puerta que va al sanitario y otra sin puerta que da a la ducha. Una puerta interna transparente permite ver todo para calentar más el ambiente.

Junto a la cama, pa'que no le falte, hay un diván vibrador de siete velocidades, una especie de caballito donde el cliente se relaja.

Hay además un balcón con una mesita y sillas, como para unos tragos, y si fue el fiestón fue largo sirve incluso para desayunar (en el lugar se puede pedir comida).

En el tercer nivel hay otro aposento, idéntico al anterior, solo que la cama no es redonda sino rectangular también con cinco movimientos y el diván está al lado con sus siete velocidades.

Carmen Aybar, sexóloga, explica que la cama y el vibrador pueden considerarse juguetes sexuales que pueden encender a algunas personas, pero se debe tener un límite.

"La vibración puede hacer que una mujer tenga un orgasmo porque estimula el clítoris. Es de más utilidad para las damas. Para los caballeros hay una estimulación a nivel anal, que es placentera".

Añadió que en el contexto de una actividad grupal, es un aposento ideal para los más deshinibidos pero aquellos tímidos difícilmente podrán sentirse bien. "Se va a dar como un ambiente porno, es real. No es algo que veo por tele, me está pasando a mi. Ver a varias personas en actividades sexuales es estimulante, pero la sobreexposición puede saturar a la persona y perder la excitación. Se requiere inteligencia emocional", añadió.

Esas habitaciones tienen una capacidad máxima de 15 personas.

El minibar y el columpio del amor están juntos para que se tomen algo y disfruten la vista. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
El minibar y el columpio del amor están juntos para que se tomen algo y disfruten la vista. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

Esta habitación cuesta ¢60.000 la pareja y cada persona adicional paga 15 rojitos, pero tienen paquetes especiales para noches de boda, las despedidas de soltero, encuentros de amigos, pachangones, fiestas swinger (de intercambio de parejas), en fin, el cliente manda. Los fines de semana vale 70 rojitos la pareja y los mismos ¢15.000 por invitado.

Beatriz Cuadra, administradora, nos contó que los cuarticos se utilizan al menos una vez al día. La mayoría de veces llegan parejas y las actividades grupales se distancian cada dos meses.

El jacuzzi es bastante amplio, también está al lado del columpio y unas regaderas al fondo. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
El jacuzzi es bastante amplio, también está al lado del columpio y unas regaderas al fondo. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Sabrosera y media

Si usted está pensando en que su vestimenta no es apropiada para la ocasión, despreocúpese porque Flamingo tiene una tienda con lubricantes, juguetes y ropa sexi. Solo hay que levantar el teléfono y pedir lo que necesita.

Pero usted puede además mandarse unas cervecitas y refrescos.

“Estas habitaciones las pide todo tipo de gente, pero sobre todo parejas extranjeras y algunas nacionales y ha servido para despedidas. Lo máximo que se permite son doce horas de uso”, detalló Beatriz.

El tubo no puede faltar en la habitación. . Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
El tubo no puede faltar en la habitación. . Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

Ya lo ven, las despedidas de solteros, o lo que los clientes decidan organizar, evolucionan con el tiempo. Ya no se quedan en un piso sino que suben de nivel.