Desde las 7 de la mañana empezó la pasarela de turistas que llegaron ansiosos por encontrarse con el volcán Poás.
Los que siguieron las instrucciones entraron si problema, entregaban el código de reserva, pagaban el parqueo y se reunían en el centro de visitantes donde les daban las instrucciones de seguridad, un casco y la advertencia de que no se quedarán en el camino porque solo hay permiso de estar en el mirador 20 minutos.
Los primeros dos grupos fueron los más salados porque el coloso se mantuvo oculto bajo las nubes, fue a partir de las 9 de la mañana que el cráter se dejó ver y llenó de alegría a los que se tomaban selfies con el volcán de fondo.
Los que se toparon con problemas fueron los turistas que llegaron sin la reserva y otros que llegaron tarde por lo que les tocó devolverse.
El ingreso está limitado a grupos que no superen las 56 personas que es la cantidad que estimaron pueden atender en caso de una emergencia.
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