Por: Rocío Sandí.  15 mayo
El sancarleño dice que al fin encontró el trabajo de sus sueños. Foto: Albert Marín.
El sancarleño dice que al fin encontró el trabajo de sus sueños. Foto: Albert Marín.

Dagoberto Barrantes Salas trabajó la mayor parte de su vida manejando un camioncito en el que transportaba cargamentos de arroz, madera y otras cosas a Guanacaste, la zona sur y Limón, pero hace casi cuatro años recibió una mala noticia que le cambió la vida.

Al sancarleño le diagnosticaron un padecimiento en la columna que lo obligó a dejar las manejadas a un lado y buscar un estilo de vida más tranquilo y menos sacrificado.

“Mientras estaba buscando opciones para ganarme la vida llegó un señor y me pidió que le hiciera un carro Land Rover en miniatura. Yo nunca había hecho algo así, pero como hace años tuve uno le dije que yo se lo hacía. La verdad, no sabía que tenía talento para trabajar con la madera.

“Duré como mes y medio haciéndolo y me costó muchísimo porque fue demasiado el trabajo y para colmo me quedó feíto. El señor que lo encargó nunca llegó a recogerlo, pero me quedó el diseño”, recordó Barrantes, quien es vecino de Aguas Zarcas.

Don Dago lleva sus trabajos a exposiciones y subastas. Foto: Albert Marín.
Don Dago lleva sus trabajos a exposiciones y subastas. Foto: Albert Marín.

Fabricar su primer chuzo le permitió a don Dago darse cuenta que trabajar la madera era su gran pasión por lo que decidió entrarle de lleno y perfeccionar la técnica de los carritos.

El artesano se inclinó por hacer reproducciones de Land Rover porque según él esos carros son muy simbólicos en Tiquicia, ya que antes era utilizados por los campesinos para bretear.

“Yo empecé a promocionar los carritos, así que iba a eventos, a subastas y a exposiciones. Pedía permiso a los organizadores de cada actividad y llevaba uno o dos carros, pero ahora llevo hasta 22 a una sola actividad.

“He estado en el FIA (Festival Internacional de las Artes) en San José. Ya me han llamado de Honduras, de Panamá y de Estados Unidos y me han dicho que quieren entablar un negocio conmigo, aunque todavía no se ha formalizado nada, pero bueno ahí voy”, dijo el hombre lleno de esperanza.

Por dentro los chuzos están llenos de detalles. Foto: Albert Marín.
Por dentro los chuzos están llenos de detalles. Foto: Albert Marín.
El mejor trabajo

El sancarleño dice que muchas veces ha tenido que hacer cosas que no le agradan para ganarse el arroz y los frijoles, pero ahora encontró lo que para él es el mejor de los trabajos.

“Esto es una pasión para mí, así que cuando trabajo la madera no siento hambre ni sueño y en las noches solo siento ganas de que amanezca para trabajar en mis carros, esto me encanta.

“Trabajo desde mi casa, tranquilo y sin presiones, así que me parece un sueño esta nueva vida que tengo”, agregó el artesano.

43 horas dura el artesano haciendo un chuzo

Dagoberto tiene un hijo y tres nietos que viven en Estados Unidos, por lo que aprovechó para mandarles varios de los chuzos que él hace.

“Hay mucha expectativa en ese país por este negocio, de hecho un señor me dijo que debería irme a vivir allá y dedicarme a eso, pero a este país no lo cambio por nada del mundo.

Barrantes está tan enfiebrado que a veces se levanta a las dos de la madrugada para que le rinda el día, pese que a la esposa no le hace mucha gracia que trabaje tanto.

Recicla de todo

El talentoso hombre dice que muchos de los materiales que utiliza en sus trabajos son reciclados.

“Yo voy a las mueblerías y les pido la madera que les sobra; si voy por la calle y veo una tabla tirada la recojo porque sé que me funcionará. También reutilizo las tapitas de la goma loca, los alfileres y hasta los audífonos de los manos libres para usarlos como foquitos de los carros”, explicó el emprendedor.

El artesano usa hasta audífonos viejos en sus creaciones. Foto: Albert Marín.
El artesano usa hasta audífonos viejos en sus creaciones. Foto: Albert Marín.

El artesano se toma tan a pecho su brete que hace poco hizo un curso de Administración de Empresas para organizar mejor su tiempo y los recursos que le genera su ‘bisnes’.

Los carritos de don Dago son un poco ‘cariñosos’, pero es porque llevan muchas horas de trabajo y dedicación. Los precios de los chuzos están entre los ¢90 mil y los ¢245 mil.

Barrantes dice que ama lo que hace y espera seguir construyendo carros miniatura hasta el fin de sus días.

Si usted quiere contactar a don Dagoberto para encargarle un carrito o invitarlo a un evento para que exponga sus trabajos puede llamarlo al teléfono 8842-1911.