Franklin Arroyo.26 febrero

La edición del periódico ABC del martes 1 abril de 1930 está en sala de espera en la Biblioteca Nacional Miguel Obregón donde será restaurado, como tantos otros libros, periódicos, revistas y documentos.

Dicho ejemplar se imprimió en San José y está bien enfermo. Es uno de los cientos de pacientes que están siendo curados y que forman parte de los periódicos del siglo XIX, que están pasando por las manos de los doctores de libros en estos momentos.

Este abuelito tiene acidez, oxidación, pegostes, manchas y, en términos generales, luce como un periódico que no sirve pero tiene remedio.

El ABC de 1930 luce así, pero espera quedar rejuvenecido luego de pasar por las manos de los doctores de los libros. Foto: Franklin Arroyo.
El ABC de 1930 luce así, pero espera quedar rejuvenecido luego de pasar por las manos de los doctores de los libros. Foto: Franklin Arroyo.

Los libros, aunque usted no lo crea, se enferman y existen doctores que los curan. Deben hacerles un diagnóstico, una limpieza y cuyo tratamiento para recuperarlos les da un aspecto rejuvenicido para que los visitantes de la biblioteca puedan seguir usándolos.

El ABC del 1 de abril de 1930 tampoco tiene las costuras originales, tiene marcas de cintas adhesivas que cruelmente le pegaron, más suciedad.

Dos de las enfermedades de documentos más comunes son acidez y oxidación y el ABC las padece y está deseoso por entrar a sala de operaciones para ser restaurado.

Don Luis Fernando Gutiérrez es el cirujano o restaurador principal. Este jefe tiene cuatro hombres más a su cargo que deben arreglar, portada a portada, hoja a hoja, cada una de las páginas de los documentos.

La acidez es el exceso de luz sobre el libro y produce síntomas muy visibles: las hojas se vuelven amarillentas y como tostadas y frágiles. El periódico citado está entre cuatro y cinco grados de acidez y debería estar en 7, el punto de equilibrio.

Si estuviera por encima de 7, entonces la enfermedad se llamaría alcalino y es cuando el documento se pone blancuzco, con las hojas suaves y a punto de desintegrarse. Ambas son muy malas.

La oxidación se da por el exceso de humedad, explica don Luis Fernando. Lo ideal es que las hojas se mantengan entre un 50 y 55 por ciento de humedad y ese factor en casas de habitación es difícil de controlar, pues no se cuenta con el equipo necesario. El periódico ABC padece de oxidación, pero al momento de la entrevista, no se sabía en qué grado.

David Calderón, Marvin Delgado, Gilber Cascante, Luis Fernando Gutiérrez y Alejandro Umaña son ejemplo de admiración y paciencia. Foto: Franklin Arroyo.
David Calderón, Marvin Delgado, Gilber Cascante, Luis Fernando Gutiérrez y Alejandro Umaña son ejemplo de admiración y paciencia. Foto: Franklin Arroyo.

“Cuando la humedad sobrepasa el 60 por ciento, el libro se pone suave, frágil y amarillento, al punto que no se puede manipular de forma adecuada”, dijo.

Si la humedad es menor a 50 no pasa nada, pero lo ideal es mantener los porcentajes indicados.

Hay muchas otras enfermedades de libros que pueden ser producidas por la temperatura, el monóxido de carbono que emiten los carros, o por agentes biológicos como comejenes y cucarachillas.

Incluso, los mismos componentes químicos que se utilizan para hacer el papel, como el cloro para hacer el papel blanco, pueden producir padecimientos en los documentos.

Paciencia franciscana
Otro periódico está siendo restaurado con injertos, para que luzca rejuvenecido. Foto: Franklin Arroyo.
Otro periódico está siendo restaurado con injertos, para que luzca rejuvenecido. Foto: Franklin Arroyo.

Para curar el ABC, debe ser en primera instancia foleado, o sea acomodar las hojas y hacer una especie de expediente, con el nombre del libro, año de edición, autor y otras características.

Luego pasa un limpiado en seco. Es decir, quitar la suciedad y manchas con un borrador, con sumo cuidado de no romperlo. Se debe hace hoja por hoja, sin importar cuántas sean. Se requiere paciencia franciscana.

Después se somete a procesos de lavado, en grupos de quince páginas y en mojado.

“Le hacemos una limpieza con agua y jabón neutro, común y corriente, en piletas. Sumergimos cada documento y luego se ponen a secar, con prensas”, dijo Gutiérrez.

Luego de esa primera lavada, siguen los baños, siempre en bandejas, pero esta vez con químicos para combatir cada una de las enfermedades que tengan los documentos. Por ejemplo para quitar la acidez, se utiliza una fórmula basada en hipoclorito de sodio. "Antes, hacemos unas pruebas para que no se manche nada”.

Los libros se sumergen en la pileta las veces que sea necesario y quedan muy rejuvenecidos, pero no como nuevos, pues deben respetar la originalidad del documento.

Cinco estrellas
Estos son los hoteles Cinco Estrellas de la Biblioteca Nacional. Foto: Franklin Arroyo.
Estos son los hoteles Cinco Estrellas de la Biblioteca Nacional. Foto: Franklin Arroyo.

Algunos libros en la biblio nacional también tienen privilegios, como todo en la vida. Se trata de los hoteles Cinco Estrellas, como los mismos restauradores les llaman.

Consisten en unas vitrinas aisladas del medioambiente y de cualquier otro factor externo que pueda dañar al libro, que elimina el riesgo de sufrir daños mientras esté en ese sitio.

Esa posibilidad solo la tienen los libros de ediciones especiales o ediciones únicas. “Si se sacan por un corto periodo, no les pasa nada. La idea es prestarlos a la gente”, dijo Gutiérrez.

Secado de los documentos que han sido sometidos a tratamientos químicos. Foto: Cortesía
Secado de los documentos que han sido sometidos a tratamientos químicos. Foto: Cortesía
Este quedó como nuevo, ya fuera de los tratamientos. Foto: Cortesía
Este quedó como nuevo, ya fuera de los tratamientos. Foto: Cortesía