¿Cómo se vive un partido de la Copa Mundial 2026 en silencio? Esa fue la pregunta que nos llevó hasta Babalú Cocktail, un restaurante colombiano ubicado en barrio Escalante que no solo tiene prohibido poner música debido a restricciones relacionadas con denuncias por ruido, no pueden ni poner el volumen del televisor.
La escena parecía extraña. Un restaurante colombiano lleno de aficionados de la Sele cafetera, listo para ver el debut ante Uzbekistán, pero sin la posibilidad de ambientar la jornada con música. Sin embargo, lo que ocurrió durante los 90 minutos demostró que cuando juega Colombia, los goles pueden hacer más ruido que cualquier parlante.
Nos enteramos de la situación por medio de un video en redes sociales y decidimos comprobar si era cierto. Al llegar, pensamos que nos habían engañado. Había un camión en frente con pantalla gigante, la narración se escuchaba con buen volumen y el ambiente era el de cualquier fiesta futbolera. Pero la tranquilidad duró poco.
Ni 10 minutos aguantó el sonido
El partido apenas comenzaba y el restaurante estaba lleno de colombianos optimistas y convencidos de que su selección arrancaría el Mundial 2026 con una victoria.
De hecho, cuando sonó el pitazo inicial estuvimos a punto de irnos porque parecía que la historia del restaurante silencioso era falsa. Sin embargo, decidimos esperar unos minutos más. Y valió la pena.
Apenas transcurrían ocho minutos cuando llegaron oficiales de la Policía Municipal de San José y solicitaron apagar el parlante. El sonido desapareció casi por completo. Lo único que quedó fue la enorme pantalla instalada frente al local.
A partir de ese momento, el partido tendría que vivirse prácticamente en silencio. Pero el fútbol siempre encuentra la forma de romper cualquier silencio.
Conforme avanzaron los minutos crecía la tensión entre los aficionados. A los 32 minutos un remate colombiano se estrelló en el palo y más de uno gritó gol antes de tiempo. Fue un enorme susto para los uzbekos y un aviso de lo que estaba por venir.
A los 38 minutos conversamos con el colombiano Luis Montes y le preguntamos cómo terminaría el encuentro.
“Dos a cero”, respondió sin dudar. A su lado estaba Regina Salva, quien se mostró todavía más optimista. “Tres a cero”, pronosticó. Dos minutos después, ambos comenzaron a parecer adivinos.
Al minuto 40, Daniel Muñoz apareció para marcar el 1-0 a favor de Colombia y el restaurante explotó de alegría. Ya nadie extrañaba la música.
Los abrazos, los gritos y los festejos llenaron el ambiente de un ruido mucho más poderoso que cualquier canción.
“Al principio estuvimos herméticos, con miedo. Creo que afectó la presión de la responsabilidad de llevar el ritmo del partido, pero poco a poco los muchachos se fueron soltando y llegó el gol. El pase para ese 1-0 fue más de medio gol. Mínimo metemos dos más”, comentó don Luis durante el descanso.
Escándalo total
En una de las mesas compartían la emoción Monserrat Calvo, Fernanda Hernández, Sofía Zeledón y Zarhay Higuita.
Con el 1-0 a favor tenían fiesta completa, aunque no hubiese una sola canción sonando. Sin embargo, a los 60 minutos el restaurante quedó en silencio (más) por unos segundos, cuando Uzbekistán consiguió el empate 1-1.
La preocupación apareció, pero no la falta de confianza. “Vamos a ganar de fijo”, aseguró Monserrat. Y volvió a acertar. Cinco minutos después apareció Luis Díaz para devolver la ventaja a Colombia con el 2-1. Entonces sí, el lugar se convirtió en una auténtica locura.
Los aficionados saltaron, gritaron y celebraron como si estuvieran en cualquier estadio de Colombia. El supuesto problema del silencio había desaparecido por completo.
Y cuando parecía que la fiesta no podía crecer más, llegó el tiempo de reposición. Al minuto 93, Jaminton Campaz sentenció el partido con el 3-1 definitivo. La celebración fue total.
“Se lo dije, se lo dije que íbamos a ganar”, nos recordó Monserrat entre risas. Le preguntamos entonces si no había hecho falta la música.
Si no había resultado extraño ver un partido tan importante en un restaurante donde los parlantes están prohibidos.
“Para nada. El ambiente lo hacemos nosotros. El ruido lo pusieron los goles”, respondió.
La frase resumió perfectamente la noche.
Los dueños de Babalú Cocktail, Jean Pierre Sánchez y Emmanuel Enao, dos colombianos nacidos en Cali y Medellín, respectivamente, explicaron que ya trabajan en mejoras de aislamiento acústico para recuperar pronto la música en el local.
“Para el siguiente partido de Colombia ya habrá sonido al 100%”, aseguraron.
Pero después de vivir el triunfo 3-1 sobre Uzbekistán quedó claro que, al menos cuando juega Colombia, la música no siempre es indispensable.
Esa noche en barrio Escalante la cumbia no salió de los parlantes, la pusieron los goles, los abrazos y los gritos de una afición que convirtió el silencio en una auténtica fiesta colombiana.







