El abogado Francisco Herrera asegura que él cree en la inocencia de su cliente, incluso se le vio con los ojos aguados la mañana de este martes al salir de la condena, en la que a Gerardo Ríos Mairena le recetaron 216 años de cárcel.
“Nos dieron durísimo y estoy muy afectado, estoy dolido, a nadie le gusta perder y hoy yo he perdido. Esta es una batalla de tres rounds, hemos perdido el primero, pero vamos por la apelación y después a casación, porque creo que puedo traerme abajo la sentencia”, dijo el defensor.
Herrera insiste en que la prueba principal del juicio estaba contaminada, aunque el tribunal fue determinante en que las 70 pruebas aportadas por la Fiscalía fueron contundentes.
“Yo sigo pensado que él es inocente, él insiste en eso y yo le creo, le tengo mucho afecto y por eso me duele perder. Vamos a esperar a que esté la sentencia integral para analizar el documento, el tribunal se comportó a la altura, pero bueno prefirieron la tesis presentada por el Ministerio Público”, dijo el abogado.
Le consultamos a don Francisco que de dónde había salido tanto cariño hacia Ríos Mairena y nos comentó que él fue quien le llevó la causa por un delito de venta de drogas, por el que lo condenaron.
“Él se sometió a un proceso abreviado y estuvo en la cárcel, estuvo preso más de tres años, y recibió el beneficio carcelario para salir en diciembre, un mes antes de la masacre” , comentó.
El abogado asegura que ya él había preparado a doña Annia Ríos, mamá del sentenciado, por si lo condenaban.
“Vamos a seguir dando la lucha, la familia de mi cliente es una familia de personas buenas, ellos también están muy afectados. Nos duelen mucho las cosas tan terribles que pasaron esos muchachos, pero mi cliente es inocente”, dijo.
Otra situación que llamó la atención es que don Francisco se quedó durante todos los días de juicio en el apartamento donde se dio la masacre, pues él trabaja y vive en San José.
Le consultamos si no le daba un poco de temor, porque a los vecinos del barrio La Victoria, en Liberia, no les gusta que se les pregunte por la casa y él aseguró que no.
“Hay que tener más miedo a los vivos que a los muertos, además, la familia de mi cliente, que también viven aquí, son muy buenos”, dijo el defensor.



