Han pasado casi cuatro años desde la masacre ocurrida el 9 de julio de 2022, que cobró la vida de cinco personas en Huacas de Santa Cruz, Guanacaste, entre ellas una madre y sus hijos.
Doña Amparo Cardoza Orozco es una de las víctimas. Ella es una mujer nicaragüense recordada por quienes la conocieron como trabajadora, luchadora y profundamente dedicada a sus hijos. Vino a Costa Rica no solo por necesidad, sino porque no quería separarse de ellos.
Aunque en el 2024 se dictó una sentencia condenatoria contra los dos responsables del crimen, la resolución aún no está en firme, lo que causa incertidumbre y temor a los allegados de las víctimas, quienes esperan que la condena no sea modificada ni permita eventuales beneficios para los sentenciados.
Así lo manifestó Rosa Báez, amiga de Amparo, quien la conoció años atrás en Nicaragua y luego volvió a coincidir con ella cuando ambas migraron a Costa Rica en busca de mejores oportunidades.
“Ella era una mujer muy buena, amaba a sus hijos y quería salir adelante. Fue una gran alegría para mí cuando ella se vino, porque yo estaba completamente sola y en pocos días pude disfrutar de su apoyo. Ambas soñábamos con regresar un día a Nicaragua con mejores condiciones de vida, porque dejar el país siempre es duro”, relató Rosa.
Vino a Costa Rica en busca de una mejor vida
Amparo llegó a Costa Rica junto con sus hijos con la esperanza de construir una mejor vida. Según su amiga, inicialmente vivieron en un pequeño cuarto alquilado y, posteriormente, se trasladaron a la vivienda donde meses después ocurrió la tragedia.
“Yo vivo a pocos metros de donde ella vivió primero en el cuartito. Luego se fueron para estar más cómodos a la casa donde ocurrió la desgracia. Ella no merecía morir así; ninguno de ellos, eran inocentes. Yo me sentí feliz de ver a alguien de mi tierra tan cerca”, dijo con evidente dolor.
La masacre ocurrió el 9 de julio del 2022, en El Silencio, en Huacas de Santa Cruz, en Guanacaste, cuando hombres armados ingresaron a una vivienda y asesinaron a cinco personas.
Además de Amparo Cardoza, fueron asesinados sus hijos: Miguel Jarquín Cardoza (se desconoce su edad) y Pedro Hernández Cardoza, de 42 años; su sobrino Jonathan Cardoza Rivas, de 25 años, e Isidro Orozco Loáiciga, de 29 años (cuñado de Pedro).
También resultaron heridos dos familiares más. Uno de ellos se salvó al esconderse debajo de una cama.
“Hasta la fecha se dice que fue un error; por las pruebas que los policías consiguieron, los hombres esos iban a buscar a unas personas que vivían en esa casa y que vendían drogas y no sabían que se habían ido y que Amparo había alquilado la casa. Ellos llegaron directo a matar, fue una desgracia”, afirmó Rosa.
La mujer afirma que todavía recuerda claramente el momento en que conoció la noticia del crimen.
“Aún recuerdo con mucho dolor cuando se descubrió la desgracia. El dolor fue inmenso, especialmente para los hijos de Amparo y para todos los que la conocíamos”, comentó.
Tribunal dictó sentencia, pero...
El Tribunal Penal de Santa Cruz dictó sentencia condenatoria contra dos imputados por este caso. Sin embargo, el Departamento de Prensa del Poder Judicial confirmó que la resolución no está en firme debido a que la defensa presentó un recurso de casación, el cual fue admitido por la Sala de Casación Penal y actualmente se encuentra en estudio de fondo.
Esto significa que, aunque sí existe condena, el caso aún no está cerrado judicialmente.
Para Rosa y otras personas cercanas a la familia, la incertidumbre ha sido difícil de manejar.
“La sentencia nos dio mucha alegría a todos, porque sentimos que por fin había justicia. Les dieron la pena máxima, pero ahora llevamos tiempo esperando para saber qué va a pasar con esa pena. Desde hace mucho la sentencia fue dictada, pero no quedó en firme, pues han presentado apelaciones por todo”, explicó.
Su mayor temor es que una eventual resolución cambie el panorama judicial.
“Nos preocupa que algo cambie y que estas personas puedan salir. Hemos tenido paciencia esperando a ver qué va a ocurrir con esa condena; no supe más de los otros hijos de Amparo. Ahora vivo en Santa Cruz, pero me da mucho sentimiento cuando recuerdo el dolor que ellos vivieron”, añadió.
Mientras el recurso sigue en análisis por parte de la Sala de Casación Penal, amigos y allegados de Amparo continúan pendientes del desenlace judicial, aferrados a que la condena se mantenga.
Para Rosa, más allá del proceso legal, la tristeza por el corto reencuentro con su amiga duele.
“Ella vino a este país buscando salir adelante con sus hijos. Era una cocinera muy buena. Tenía sueños, planes y ganas de trabajar. Por eso duele tanto recordar cómo terminó todo”.
La familia de nicaragüenses era originaria de San Dionisio, Matagalpa.




