Karol, Yorleny y Cinthya amaban disfrutar de su familia

Por: Silvia Coto, Keyna Calderón 18 septiembre
Don Rafael con todos su hijos, las fallecidas en el accidente son Cinthya (blanco), Karol (sentada), Yorleny (manga larga). Foto: suministrada por K. Calderón

Las tres hermanas fallecidas el miércoles en el accidente de tránsito ocurrido en Caballo Blanco de Cartago serán recordadas por sus vecinos y familiares como mujeres amorosas, trabajadoras, respetuosas y además muy devotas.

La comunidad llora a todas las víctimas del accidente, don Rafael Ángel Delgado Miranda, de 70 años; sus tres hijas: Karol Vanessa Delgado Segura, de 43 años; Yorleny María, de 32 y Cinthya María, de 30. Además, falleció el hijo de Karol, Kevin Josué Morales Delgado, de 13 años; y dos nietos más de don Rafael, Jimena Delgado Ortega, de 16 años y su hermanito Arturo, de 11 años.

Don Rafita estaba pensionado, era un morado de corazón, además un gran papá y un líder en su comunidad que todavía no encuentra consuelo por lo ocurrido.

Los allegados aseguran que sus hijos y sus nietos heredaron ese don de ser personas siempre dispuestas a servir y a dar amor a los demás.

Aidan Jiménez, es uno de los nietos de don Rafael, quien además de perder a su abuelito, perdió a sus tres tías y a sus primitos.

Él nos contó que tenía 19 años de vivir con su abuelito y su mamá Angie Delgado Segura.

El joven asegura que cuando su abuela murió su tía Karol asumió el rol de madre para todos en la casa y se dedicaba con alma y corazón a la familia.

“Cuando mi mamá salía a trabajar ella estaba ahí, era muy alegre y cuando se enojaba era de verdad, tenía un carácter muy fuerte, pero siempre fue una madre demasiado responsable que sacó a su hijo Kevin (también fallecido en el accidente) adelante hasta su último aliento”, dijo Aidan.

Los vecinos acompañaron a la familia durante la vela. Foto: Keyna Calderón

María Granados, vecina de Caballo Blanco, nos contó que tenía seis años de conocer a la familia.

“Ellas eran muchachas muy trabajadoras y siempre a disposición de ver a sus hermanos, trataron de hacer sus estudios de secundaria, pero no terminaron el colegio. Siempre han sido muy unidas y tranquilas”, contó Granados.

Esta lugareña asegura que don Rafa y sus hijos mayores, que son varones, se dedicaban a trabajar y que sus hijas eran muy hogareñas.

“Nunca se les conoció ningún vicio, muchachas alegres compartían con todo mundo. Karol era una mamá excelente, de carácter, fuerte pero muy respetuosa”, dijo la mujer.

Cinthya trabajaba en el Walmart, ella estudió Recursos Humanos, según sus allegados cumplió 30 años en plena pandemia, el 14 de mayo.

“Cinthya y su hermana Yorleny eran como gemelas, muy católicas, siempre juntas, les gustaba mucho trabajar para la Hermandad Jesús de Nazareno de Dulce Nombre, decoraban las calles de aserrín y ayudaban en las procesiones”, dijo la vecina.

A Cinthya le encantaban las rancheras y cantaba en karaoke con sus amigas.

Una caravana de apoyo y solidaridad pasó la noche del jueves por Caballo Blanco. Foto: Rafael Pacheco

“Era una persona muy seria, dulce, callada, reservada, pero cuando estaba alegre era muy especial. Éramos tres amigas muy unidas junto a Natalia Solano”, dijo María Auxiliadora Pérez Granados, amiga de Cinthya, ella recordó que se conocían desde el kínder.

Pérez asegura que este fin de semana se iban a reunir para armarle el currículo a Cinthya, pues ella trabajaba en limpieza y quería conseguir algo en lo que estudió.

Yorleny también estudió Recursos Humanos y según sus allegados, ella era más callada y tímida.

Los nietos de la familia eran muy estudiosos.

Globos, flores y lazos decoran las casas de la comunidad. Rafael Pacheco

Kevin estaba en sétimo de colegio, le gustaba mucho jugar fútbol y le encantaba Dragon Ball, además disfrutaba de jugar “play".

“Ese chiquito (Kevin) era mis ojos y siempre quise ser un buen ejemplo para él y saber que de la noche a la mañana ya no está, me parte el corazón.

"Yo los vi antes de irse ese día y me pesa que no me pude despedir de ellos bien, jamás creí que no los iba a volver a ver, a veces quisiera devolver el tiempo y darles un abrazo a cada uno”, dijo Aidan.

Jimena estaba en décimo y llevaba contabilidad en el CTP de Dulce Nombre. Arturo estaba en quinto grado. Ellos eran hermanitos y sus papás están con el alma destrozada, pues eran muy apegados y según Aidan siempre andaban felices al lado de sus padres.

“Aunque ellos ya no estén en cuerpo, sé que están en alma con nosotros, mis tías van a estar aquí conmigo siempre”, dijo Aidan.

Los cuerpos fueron velados en el salón comunal Claude Hope la noche del jueves, gran cantidad de vecinos se acercaron a darles el último adiós este viernes en el funeral bajo estrictos protocolos por la situación que se vive con la pandemia.