Ricardo Villalobos Arce tenía 52 años y una vida marcada por el esfuerzo.
En 1996 alcanzó uno de los momentos más importantes de su carrera al convertirse en campeón novato de la Vuelta a Costa Rica, pero después de aquel triunfo el ciclismo le puso pruebas muy duras que terminaron alejándolo de las competencias.
El deporte seguía siendo parte de él y, en los últimos años, soñaba con correr en montaña fuera del país, tal como alguna vez lo hizo representando a Costa Rica sobre una bicicleta.
La mañana de este miércoles, don Ricardo murió en un accidente múltiple ocurrido en Guápiles. Él viajaba en motocicleta de regreso a su casa cuando varios vehículos chocaron y, producto del impacto, algunos de los carros terminaron golpeando la moto en la que viajaba.
Don Ricardo había salido temprano para repartir pan que él mismo preparaba y también para cumplir con entregas de una panadería para la que trabajaba.
Alexander Sandoval, su exentrenador de ciclismo, y Federico Bonilla, uno de sus amigos, describen a Ricardo como un hombre trabajador, servicial y de esos que no se rendían fácilmente ante las dificultades.
Una vida sobre la bicicleta
Sandoval, conoció a Gordillo, como le decían de cariño, en la década de los 90 y desde entonces compartieron muchas experiencias, entre ellas varios viajes fuera del país en los que representaron a Costa Rica junto al equipo de ciclismo.
Después de la victoria en 1996, pese a todo su esfuerzo, no consiguió volver a coronarse campeón, él sufrió dos accidentes graves.
El primero ocurrió en una de las curvas del cerro del Aguacate. Ricardo perdió el control de la bicicleta y sufrió lesiones muy graves.
“Tuvo un pulmón perforado, varias costillas dislocadas y la pared intestinal seriamente dañada”, recordó Sandoval.
Los médicos, incluso, tuvieron que colocarle una malla abdominal para fortalecerle el abdomen.
Apenas unos meses después regresó a la bicicleta.
Sin embargo, otro accidente terminó por frenarlo nuevamente. Mientras entrenaba, un camión pasó muy cerca de él y la fuerza del viento lo lanzó hacia un lado de la carretera.
Esta vez sufrió fuertes lesiones en la cabeza y llegó a tener cuatro coágulos.
Después de aquello, explicó Sandoval, Ricardo ya no volvió a ser el mismo dentro del ciclismo y finalmente decidió retirarse.
“Fue una persona excepcional, con un carácter muy bello, colaborador, amable y siempre muy servicial”, expresó su exentrenador.
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Nunca dejó de luchar
Ricardo no abandonó el deporte ni las ganas de mantenerse activo.
Federico Bonilla recuerda que, después de los accidentes, se convirtió en una persona todavía más aferrada a sus creencias y acostumbrada a dar palabras de aliento a quienes lo necesitaban.
“Era una persona que nunca se rendía ante la adversidad, siempre quería estar activo físicamente, además muy trabajador, muy sobresaliente”, dijo Bonilla.
Ricardo también tenía las responsabilidades propias de un padre de familia. Deja un hijo de 10 años y compartía la vida con su esposa, Olga Mc Carthy.
Ella fue precisamente una de las últimas personas con las que Ricardo habló antes del accidente.
“Se dirigía para la casa, él me llamó y me agradeció por haberle dejado un café en un termo, se iba a venir a bañar y luego iríamos a una predicación”, contó su esposa.
“Pasó una hora y lo comencé a llamar porque ya era mucho el tiempo, pero nunca me respondió. Estaba preocupada”, recordó Olga.
La respuesta llegó de la manera más dolorosa. Su hijo mayor llegó a la casa y le dio la noticia del accidente.
A Ricardo le quedaron pendientes muchos sueños. Entre ellos, volver a salir del país para correr en montaña, una ilusión que mantenía viva después de haber representado a Costa Rica como ciclista.


