Sucesos

Chofer de bus dejó callados a los médicos

Un accidente dejó a Róger Gamboa frente a un futuro difícil, pero ha salido adelante con el apoyo de su familia.

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A los 31 años Róger Gamboa Barquero veía su vida florecer, estaba casado, tenía dos hijos y poco a poco iba sacando adelante a su familia.

Su futuro se veía prometedor; sin embargo, la vida le tenía preparada una prueba enorme que lo dejó al borde de la muerte.

El 25 de abril de 2003 le estaba cambiando el techo a la casa a un tío, en El Palmar de Puerto Viejo de Sarapiquí, y se cayó. Róger vivía en Cartago y trabajaba como chofer. Aprovechó una semana libre para hacer el bretecito y ganarse unos colones.

Ya iba a quitar la última lámina de zinc y metió la pata de chancho para sacar un clavo, pero al hacer fuerza dio una vuelta, perdió el equilibrio y se fue al suelo desde una altura de unos 8 metros. El golpe lo recibió en las cervicales.

Los hijos del sobreviviente, Jerson (izq.) y Róger, están orgullosos del espíritu de lucha del papá. Foto: Keyna Calderón. (Keyna Calderón)

“Tenía 31 años y uno piensa que como se es joven nada le puede pasar. Yo no tenía ningún equipo de seguridad, ni siquiera estaba amarrado a un mecate.”, recuerda.

El papá de Róger fue el primero en llegar al lugar del accidente. Como en ese tiempo casi no había celulares tuvo que ir hasta la casa de una hermana que tenía teléfono fijo, a unos 200 metros, para que llamaran al 911.

La ambulancia tardó hora y media para llegar. A Róger se lo llevaron a la clínica local, pero como ahí no había para rayos X lo pasaron al hospital de Heredia, donde no había camillas y entonces lo mandaron al hospital México. En el México estuvo un día porque luego lo llevaron al hospital Calderón Guardia.

“Luego de dos días de estar a ratos consciente y a ratos muy mal tuve un paro cardiorespiratorio. Eso me dejó inconsciente casi una semana”, recordó.

Pese a todos los pronósticos negativos, Róger ya puede caminar solo. Foto: Keyna Calderón. (Keyna Calderón)

Cuando despertó escuchaba, pero no podía hablar, no sentía nada. No podía mover la cabeza, estaba muy hinchado pero no se podía dar cuenta porque, como lo tenían en una sola posición, solo veía el cielo raso.

Los médicos decían que no iba a sobrevivir. Estaba internado en Cuidados Intensivos y ya les habían dicho a los familiares que se despidieran de él.

Estuvo en el Calderón mes y medio. Le hacían curaciones y lo sentaban en la cama, pero no podía sostener la cabeza. Después lo mandaron para el Cenare (en La Uruca) por tres meses, salía los viernes y regresaba los lunes.

“Róger quería recuperar su vida, por lo que se esforzó mucho en cada sesión de terapia y poco a poco fue recobrando un poco de movilidad. Al año del accidente pudo ponerse de pie, movía la mano derecha y se podía alimentar solo. El pie derecho empezó a moverse también y luego el izquierdo, lo único que no pudo fue recuperar la movilidad de la mano izquierda.

“Ya han pasado catorce años años de eso y todavía del cuello para abajo no siento nada. Es como si tuviera el cuerpo dormido, si me pica un zancudo por ejemplo, no siento.

08/08/2017 Róger Gamboa sufrió una caída que lo dejó al borde de la muerte pero su valentía lo ayudó a salir adelante: Keyna Calderón. (Keyna Calderón)

“Ahora camino unos ochocientos metros diarios, esa es mi terapia porque desde que salí del Cenare no volví a recibir rehabilitación. Para bañarme, vestirme y esas cosas necesito la ayuda de mi esposa", explica.

Lizeth Arce Zamora, compañera de Róger, también es una luchadora. El día de la caída del esposo el hijo menor de la pareja tenía solo 12 días de nacido y en lugar de echarse a morir Liseth se puso las pilas.

“Cuando regresé a la casa yo usaba pañales, mi esposa prácticamente tenía que cuidar dos bebés y a un niño de seis años, pero ella siempre lo hizo con la mejor actitud", nos cuenta Róger.

“Mi familia ha sido mi apoyo: mis papás, mis hermanos, mis hijos y, por supuesto, mi esposa. A los excompañeros choferes les pido que cuando anden manejando cooperen con una persona discapacitada o un adulto mayor. Yo nunca lo hice y ahora que estoy así me gustaría que ellos piensen que uno en cualquier momento puede tener un accidente", reflexiona.

Esta familia ejemplar le sonríe a la vida. Vive de una pensión de solo ¢178 mil para cuatro personas y Lizeth va a casas a limpiar para ganar alguito más pero, pese a eso, le agradecen a Dios el estar unidos y compartir casa momento. En eso radica la gran fortaleza de esta familia. 

Rocío Sandí

Rocío Sandí

Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana; Periodista de la Universidad Internacional de las Américas, con experiencia en Sucesos, Judiciales y Nacionales. Antes trabajó en La Nación y ADN Radio.

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