Rocío Sandí.17 enero
Don Freddy defenderá en abril su tesis para convertirse en abogado. Foto: Justicia.
Don Freddy defenderá en abril su tesis para convertirse en abogado. Foto: Justicia.

Freddy Zúñiga ha pasado 31 años, de sus 55 de vida, trabajando como cocinero en la cárcel La Reforma, en San Rafael de Alajuela, y dentro de muy poco se graduará como abogado.

Su espíritu de lucha lo ha convertido en un ejemplo de superación para sus compañeros y para los mismos privados de libertad con los que se relaciona.

Él tiene un carácter amable y siempre está de un buen humor. Su barba tupida y sus cejas gruesas marcan su estilo y le hicieron ganarse el apodo de Cachos.

Zúñiga siempre anda elegante y se preocupa por expresarse bien para dar una buena imagen.

Los compañeros de Zúñiga lo ven con admiración. Foto: Justicia.
Los compañeros de Zúñiga lo ven con admiración. Foto: Justicia.

Cuando él entró al Ministerio de justicia tenía 24 años y en realidad lo que le llamaba la atención era poder convertirse en policía penitenciario.

“Yo quería ser agente de seguridad, pero me dijeron que no había plazas en ese momento; sin embargo, a nivel nacional se iban a contratar como 50 personas para trabajar en las cocinas. Me dijeron que podía entrar ahí y después podría surgir la posibilidad de cambiarme”, recordó.

Después de un mes de capacitación, entró junto con otros compañeros a la cocina de Máxima Seguridad (que ahora se conoce como Máxima Seguridad vieja), ahí mismo en La Reforma.

Al ver de cerca los riesgos de trabajar como oficial penitenciario, decidió quedarse como cocinero. Pero este giro no lo hizo a regañadientes, más bien comenzó a apasionarse por su trabajo y a esforzarse por hacerlo de la mejor manera.

El hombre disfruta cocinar y hace su oficio con pasión. Foto: Justicia.
El hombre disfruta cocinar y hace su oficio con pasión. Foto: Justicia.

“El trabajo de la cocina es importante porque debemos recordar que el privado de libertad tiene los mismos derechos de cualquier persona. Por ejemplo, si usted está acostumbrado a tomarse su café a las seis de la mañana y se lo toma a las seis y treinta, ya eso es una molestia.

“Si eso es para uno que está en libertad, ahora imagínese para ellos que están aquí día y noche. Es mi deber porque me contrataron para servir a la población penal, al menos esa es mi perspectiva”, expresó.

El trabajo en la cocina le permitió a Cachos sacar adelante a cuatro hijos y verlos ya como profesionales, lo que le genera un gran orgullo.

Luego de cumplir con esa responsabilidad, le nació la inquietud de descubrir qué más podía hacer por su vida, así que decidió estudiar la carrera de Derecho en la universidad Fidélitas.

Él está muy agradecido con el Ministerio de Justicia por la oportunidad que le dio la institución de trabajar ahí. Foto: Justicia.
Él está muy agradecido con el Ministerio de Justicia por la oportunidad que le dio la institución de trabajar ahí. Foto: Justicia.

En abril próximo, este empunchado cocinero defenderá su tesis, que trata sobre el proceso de inserción de las personas privadas de libertad en los centros de atención semiinstitucionales. Aunque la decisión de llevar una carrera universitaria la tomó cuando ya tenía 50 años encima, supo aprovechar el tiempo.

“Yo le debo al Ministerio de Justicia y Paz honor y lealtad. Si usted le da honor y lealtad a las cosas que hace en su trabajo o en su vida personal, todo marcha como debe ser. Empecé como cocinero, pero quiero terminar como abogado y pensionarme con este ministerio.

“A los más jóvenes les digo que estudien, que no comentan mi error, porque aquí hay muchas oportunidades de crecimiento, pero tenemos que prepararnos para aprovechar esas oportunidades”, aseguró Zúñiga.

“A los más jóvenes les digo que estudien, que no comentan mi error, porque aquí hay muchas oportunidades de crecimiento”, Freddy Zúñiga, cocinero de La Reforma.