Pocas búsquedas y desapariciones terminan sin respuesta.
Para el rescatista José Campos, la búsqueda de David Alexander Gimelfarb es una de ellas.
Han pasado 17 años desde que el joven estadounidense desapareció en el Parque Nacional Rincón de la Vieja.
Pero Campos todavía piensa en él. Lo hace cada vez que escucha hablar de una nueva búsqueda de una persona desaparecida.
Porque David fue su primer caso de una persona que, pese a todos los esfuerzos, nunca fue encontrada, a pesar del enorme operativo que se desplegó para encontrarlo, nunca apareció una sola pista que permitiera reconstruir qué ocurrió.
“Uno está ayudando a unos padres a buscar a su hijo como si fuera el de uno”, recordó Campos.
Y, con los años, entendió algo que marcó su manera de ver las búsquedas: “Ya no hay instituciones, no hay contratos, ya no es trabajo, es humanidad”.
Seis meses buscando a David
Campos estuvo casi cuatro semanas en la búsqueda como miembro de la Cruz Roja. Después, continuó durante aproximadamente seis meses, contratado por los padres del joven.
Recorrieron el parque junto con otros equipos, pero hubo algo que siempre les llamó la atención: no encontraron absolutamente nada.
“No tuvimos una sola huella o rastro verificable de David. Ni un plástico de un confite”, recordó.
Tampoco apareció un sitio donde hubiera dormido, acampado o pasado la noche. Ningún testigo pudo confirmar haberlo visto.
Al operativo se sumaron equipos especializados, perros de búsqueda y apoyo procedentes de Estados Unidos. Incluso participaron dos helicópteros Black Hawk del ejército estadounidense, equipados con tecnología para intentar detectar señales desde el aire.
Pero David no apareció.
Lo único que estaba claro era que había entrado al parque: había firmado el registro de visitantes y su vehículo de alquiler había quedado allí.
Después de eso, el rastro desapareció.
Campos participó posteriormente en otras búsquedas. En algunas encontró a las personas y en otras localizó restos humanos que permitieron a las familias tener un desenlace.
Por eso, el caso de David nunca dejó de acompañarlo.
“De David hasta la fecha nada, no hay respuestas”, dice.
Para Campos, incluso encontrar restos permite cerrar un ciclo. Una familia puede conocer qué ocurrió, despedirse y comenzar a enfrentar el duelo.
Con David nunca hubo esa posibilidad.
“Aquí entendí la suprema importancia de encontrar aunque sean los restos y entregárselos a los familiares para cerrar el ciclo, porque ese ciclo abierto es peor que saber que su familiar falleció”.
Pistas, engaños y falsas esperanzas
La desaparición provocó una cadena interminable de supuestas pistas. Por sus características físicas —alto, delgado, blanco, rubio y de ojos azules— hubo personas que aseguraron haberlo visto en distintos puntos del país, desde Paso Canoas hasta Peñas Blancas y de Limón a Guanacaste.
Ninguna pista pudo comprobarse.
La familia incluso ofreció una recompensa de $100.000, lo que también atrajo a personas que intentaron aprovecharse de su desesperación.
En uno de los casos, personas vinculadas a una prisión intentaron engañar a los padres con una supuesta fotografía de David y una petición de dinero. La investigación determinó que las llamadas provenían de La Reforma.
También aparecieron personas que aseguraban tener respuestas mediante supuestos poderes o métodos que nunca llegaron hasta el joven.
Cada llamada significaba una nueva esperanza para sus padres y después otra decepción.
Un padre murió sin saber qué pasó
Los padres de David, Roma y Luda Gimelfarb, nunca dejaron de buscarlo. Durante años regresaron a Costa Rica para mantener vivo el caso.
En 2018, cuando hablaron con La Teja, Roma, quien padecía cáncer, seguía aferrado a la idea de encontrar a su único hijo.
Murió en marzo de 2019 sin saber qué había ocurrido con David.
Antes de morir, pidió que sus cenizas fueran llevadas al Rincón de la Vieja, el lugar donde su hijo desapareció. Su esposa cumplió su voluntad.
17 años después
David tenía 28 años cuando desapareció. Había viajado desde Estados Unidos a Costa Rica y se hospedaba cerca del parque. Después de su desaparición quedaron atrás algunas pertenencias, entre ellas su pasaporte, teléfono y dinero, mientras su vehículo fue localizado en el Rincón de la Vieja.
Una fuente judicial aseguró que el expediente de David nunca se cerró, solamente quedó a la espera de encontrar la más pequeña pista.
El caso de David forma parte de una realidad que sigue dejando familias en incertidumbre. Datos de la Unidad de Análisis Criminal del OIJ, correspondientes al periodo analizado para este reportaje, registran 59 desapariciones confirmadas: 49 hombres y 10 mujeres.
El grupo de edad con más casos fue el de personas de entre 18 y 29 años, con 21 desapariciones. Detrás de esas cifras hay familias que, como los Gimelfarb, pasan meses o incluso años esperando una respuesta.
Para esta nota, La Teja intentó comunicarse desde hace varias semanas con la mamá de David, pero fue imposible localizarla por teléfono, redes sociales y correo electrónico.
Hoy la pregunta sigue siendo: ¿Dónde está David Gimelfarb? En esta página de Facebook, Help Find David Gimelfarb, aún se espera recibir noticias sobre su paradero.



