Alejandra Portuguez Morales.2 marzo

Juan Manuel González León, 49 años, ha sido testigo de cómo actúan la muerte o los milagros, ya que trabaja como cruzrojista voluntario desde hace 30 años.

Esa dura experiencia la vivió en carne propia, en el 2016, cuando se enfrentó cara a cara con la muerte, luego de caer de cabeza de una altura de tres metros, mientras se encontraba en un edificio en Panamá.

“Dios me dejó una cicatriz que me recuerda que debo seguir ayudando”, manifestó González.

Él sufrió una fractura de cráneo y, además, tenía un coágulo en la cabeza, por lo que en ese momento la recuperación no era nada alentadora. No obstante, este rescatista venció todos los pronósticos para regresar a bretear como cruzrojista.

A él lo trajeron en un vuelo ambulancia del Servicio de Vigilancia Aérea (SVA) y lo llevaron hasta el hospital México, donde se le pegó una bacteria mientras estaba internado, por lo que la condición se agravó.

“No me imaginaba que me habían tenido que hacer una intervención en la cabeza para liberar un coágulo que se había quedado ahí consecuencia del golpe”, dijo.

“Cuando abrí los ojos, luego de estar inconsciente, no sabía qué había pasado conmigo, pero a pesar de mi lesión estoy bien, mi visión, mi habla, mi escucha todo funciona normal”, expresó este hombre.

Él no tiene bien claro las causas de la caída al parecer, el accidente ocurrió luego de que le intentaran asaltar. El socorrista dio unos pasos hacia atrás y cayó. Afortunadamente sobrevivió y ahora vive para contarlo.

“Llegué con el doble de motivación que con el que había entrado hace más de treinta años a la Cruz Roja de San Antonio de Belén de Heredia”, expresó el sobreviviente.

Agregó que la existencia de su hija también lo ayudó en la recuperación.

Juan Manuel González León, 49 años, asegura que su hija María Valentina González es su inspiración. Foto: Cortesía para LT
Juan Manuel González León, 49 años, asegura que su hija María Valentina González es su inspiración. Foto: Cortesía para LT

"Considero que soy un milagro, como cruzrojista he visto casos que por lesiones menos graves de la que me sucedieron a mí la gente fallece. Ahora sé que dentro del plan del creador está que me quede aquí por un tiempo más.

“Sé que tengo muchas cosas que mejorar como persona, quiero ser una faro para mi hija y sé que definitivamente junto con la mamá aportamos en su formación y en su carácter porque deseamos que tenga el don de pensar y ayudar a las demás personas”, indica.

Juan Manuel González, sobreviviente: Tengo otra oportunidad para mejorar en mi vida y ayudar en mi familia y los que me rodean.

González, cuenta que como voluntario tiene que hacer de todo, desde manejar la ambulancia hasta atender a las personas.

Juan asegura que después de estas lesiones tan graves, no ha sentido miedo de seguir con su vida normal.

“Nunca pensé que lo mejor era encerrarme en la casa, ya que me salvé de está. Uno como cruzrojista también se expone y esto que me pasó más bien fue una luz que me guía y me alienta a seguir adelante”, concluyó.

Don Juan Manuel es administrador de empresas y en la actualidad trabaja como supervisor en una empresa dedicada a la venta de pollos.