Mientras el volcán Arenal rugía con erupciones constantes, un grupo de cruzrojistas se jugó la vida al esquivar las ardientes piedras expulsadas por el coloso para recuperar el cuerpo de un turista estadounidense, que estaba a punto de desaparecer bajo la enorme cantidad de ceniza que caía sobre la zona.
Esa escena parece sacada de una película de acción; sin embargo, se trató de un operativo real que ocurrió en nuestro país en julio de 1988 y que, en ese momento, fue considerado como la misión de rescate más peligrosa realizada por la Cruz Roja.
Uno de los protagonistas de esa impresionante historia fue don Luis Guillermo Vega Mora, quien a la fecha sigue siendo un destacado voluntario de la Cruz Roja.
Como dicen popularmente, Vega es toda una institución, pues tiene 41 años de servicio en la Benemérita y actualmente es el coordinador operativo de la región 9 en San Carlos.
Sin embargo, para aquel lejano junio de 1988, don Luis Guillermo era apenas un muchacho que llevaba pocos años en la Cruz Roja, lo que hacía más impresionante su participación en ese peligroso operativo de recuperación del cuerpo del extranjero.
“Ahí pudimos haber perdido a mucha gente mientras buscábamos a ese señor; pudo haber fallecido algún compañero, porque fue algo muy riesgoso”, destacó Vega.
Búsqueda sin resultados
Este caso se inició el 6 de julio de 1988, cuando las autoridades y cuerpos de emergencia fueron alertados de la desaparición de un turista estadounidense en las faldas del volcán Arenal. Se trataba de Steven Simmler, de 35 años.
Según trascendió, el extranjero entró con un joven de 22 años y una mujer de 39 años, ambos estadounidenses, hasta ese sitio para tomar fotografías del coloso, pues se encontraban de visita en la zona.
De acuerdo con el testimonio dado por el joven a las autoridades, Simmler y él avanzaron más que la mujer, hasta que fueron sorprendidos por una violenta erupción que arrojó piedras, gases y cenizas. Llenos de temor, el joven y la mujer lograron escapar, pero, en medio de la confusión, Simmler se quedó atrás.
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Para aquel momento, Vega formaba parte de un grupo de búsqueda y rescate creado en la región de San Carlos, que llevaba varios meses practicando con equipo de cuerdas y demás.
“Nosotros recibimos la alerta de que unas personas norteamericanas habían subido al volcán a fotografiarlo y que uno de ellos no había podido bajar. Entonces se le dio por desaparecido cerca del cráter del volcán.
“Nos alertaron que había una búsqueda, pero la iba a manejar San José; entonces, ahí llegó toda la brigada josefina. Ellos estuvieron ahí alrededor de tres buscando, pero no pudieron encontrarlo”.
Por el tiempo que había transcurrido, don Luis Guillermo recordó que el caso ya se manejaba como recuperación de un cuerpo, pues la posibilidad de que el extranjero hubiera sobrevivido tantos días en esa zona tan complicada era muy baja.
Por más que buscaron, los cruzrojistas de la unidad de San José no lograron dar con el cuerpo del turista y fue en ese momento que se solicitó la colaboración del grupo de búsqueda y rescate en montaña de San Carlos.
“Nosotros subimos el último día de la búsqueda y se nos dio la directriz de que ya se había buscado por varias zonas y que solo faltaba un sector al que no se ha podido entrar, porque las erupciones estaban afectando esa zona”, recordó Vega.
Reloj fue clave
Don Luis y sus valientes compañeros se internaron en la peligrosa zona que aún no había sido revisada. Aunque sabían que se trataba de un lugar de alto riesgo, el escenario con el que se encontraron superó todo lo que habían imaginado.
“El lugar era muy peligroso, nos encontramos con erupciones que ocurrían cada 10 o 15 minutos, entonces teníamos que jugar con ese tiempo, en el sentido de que caminábamos 10 minutos y buscábamos una piedra o un desnivel del suelo, y nos hacíamos un puñito ahí esperando hasta que por radio nos avisaran que ya había pasado, para luego seguir caminando”, recordó el cruzrojista.
De esa forma, haciendo pausas para protegerse de las erupciones y de las piedras que el coloso lanzaba con furia, los rescatistas recorrieron varios kilómetros; sin embargo, aún no encontraban ni una sola señal del estadounidense desaparecido.
Vega recordó que tras varias horas de búsqueda sin resultados, estaban a punto de darse por vencidos, pero en ese momento ocurrió una situación que cambió todo por completo.
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“En ese momento un compañero dijo: ‘Hay algo que se refleja ahí, ¿qué será?’, y otros compañeros que estaban más cerca de ese lugar llegaron y lo que encontraron fue el brazo del extranjero. El brillo que mi compañero vio fue el reflejo de la luz en el reloj de esa persona y eso nos permitió encontrarlo".
El cruzrojista explicó que de no haber sido por esa situación posiblemente no habrían encontrado el cuerpo, pues este no se alcanzaba a ver a simple vista por una situación muy específica.
“La ceniza del volcán ya lo estaba terminando de cubrir, lo único que aún no estaba cubierto era el brazo, en el que tenía el reloj, y una parte de uno de sus pies. Fue un milagro que lo pudiéramos ver, porque la ceniza ya lo había tapado como en un 80%”.
Salida peligrosa
Llegar hasta donde estaba el cuerpo del estadounidense fue peligroso, pero salir de ahí con el cadáver fue todavía más riesgoso para los rescatistas, quienes tenían que seguir cuidándose de las erupciones del volcán.
“Nosotros trabajamos ahí con una presión tremenda, una presión psicológica y física tremendas. Ahí hubo que correr, agarrar el cuerpo, limpiar un poco toda la zona, envolverlo en una cobija de manta, meterlo en bolsas y en una segunda cobija, luego sellarlo y empezar a bajarlo.
“Cuando empezamos a hacer la extracción, el volcán se adelantó con la erupción y nos cayeron piedras al rojo vivo, a dos metros, tres metros de donde nosotros estábamos. La vimos por un hueco esa vez”, recordó Vega.
Don Luis Guillermo incluso recordó que a uno de sus compañeros le pasó una piedra al rojo vivo muy cerca de un pie, hasta el punto de que incluso llegó a quemarle parte del pantalón.
Según el cruzrojista, tardaron aproximadamente cinco horas en sacar el cuerpo del turista hasta un lugar seguro, donde luego fue entregado a las autoridades judiciales.
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En medio de esa angustiosa situación, Vega recordó una situación que hoy le causa gracia, pero en aquel momento le provocó cierta tristeza.
“En aquel entonces nosotros habíamos hecho una actividad y habíamos comprado zapatos para todos. Yo iba contentísimo, rajando con los zapatos nuevos, pero cuando llegué a la base, ya no traían suela, se me quemaron ahí arriba, porque la arena ahí era como una lija”, contó.
En cuanto al visitante extranjero, en ese momento se decía que supuestamente había muerto tras ser impactado por una piedra expulsada por el volcán; sin embargo, Vega dijo que por el estado del cuerpo, era difícil determinar qué le había pasado, lo que sí era un hecho era que “a él lo mató la erupción”, destacó.
Lleno de orgullo
Tras la exitosa recuperación del cuerpo del estadounidense, trascendió que la embajada de ese país expresó su agradecimiento a la Cruz Roja; sin embargo, Vega dijo que al menos, al equipo de búsqueda y rescate de San Carlos nunca le dijeron nada.
Eso realmente no le importó, pues aseguró que él nunca había hecho su labor con el fin de recibir algún reconocimiento; siempre había trabajado de corazón pensando en ayudar a los demás.
“Yo lo veo y lo siento así: cuando voy y salvo una vida o le ayudo a una familia a tener paz, a recuperar el cuerpo de un ser querido, para mí eso no tiene precio. Para uno no tiene precio el sentir que aquella familia llegue y le diga: ‘Gracias por haberme entregado el cuerpo, gracias por haberme rescatado’, para mí eso es el mejor salario que le pueden pagar a uno”.
Actualmente, don Luis Guillermo se mantiene muy activo en la Cruz Roja y uno de sus objetivos es transmitir parte de sus conocimientos a las nuevas generaciones de cruzrojistas; por ejemplo, su hijo, quien orgullosamente sigue sus pasos como rescatista.





