Sucesos

Frankenstein tico escapó de la cárcel para asesinar a enfermera en cementerio de Cañas

Convicto construyó un túnel para salirse del tabo en las noches de luna llena.

Cristino Barrios Briceño fue un reo que aterrorizó al cantón de Cañas, Guanacaste, hace 57 años, porque logró hacer un túnel en su celda para escapar las noches de luna llena y en una de sus tantas fugas asesinó a una enfermera.

En la comunidad le tenían tanto miedo que lo llamaron el Frankensteins tico, pues ese era uno de los monstruos de las películas de terror más famoso de esa época.

Los cañeros decían que era una imitación del actor William Henry Pratt, más conocido como Boris Karlof, famoso por su representación Frankenstein y otros monstruos y asesinos en el cine.

La mañana del 19 de febrero de 1954 la paz del cementerio de Cañas se vio interrumpida, el cuerpo de la enfermera María Ferreto fue encontrado cerca de una de las tumbas, la víctima tenía una herida de machete en la cabeza, fue prácticamente decapitada. También tenía un fuerte golpe en la cabeza.

Don Mario Rojas tenía ocho años cuando este caso ocurrió, ahora tiene 75 y vive en Liberia, Guanacaste.

Respiraban miedo

Don Mario nos contó que aunque lo único que recuerda del caso es que tuvo mucho miedo y por muchas noches no pudo dormir, conoce la historia porque su padre se la contó varias veces, pues fue policía durante muchos años y le tocó estar en servicio cuando ocurrió ese crimen.

”Papá trabajaba en lo que se conocía como la Guardia Rural, y ese día lo vinieron a buscar a la casa para avisarle que necesitaban que les ayudará a los compañeros porque no tenían carro y ocupaban ir al cementerio porque habían encontrado a una mujer que la asesinaron, y ya solo eso le dio miedo a todos.

“Recuerdo que papá le dijo a mi mamá que una asesino andaba suelto y que cerrara bien las puertas de la casa y que por ninguna razón, ni ella ni mis seis hermanos, salieran de la casa”, relató el ahora pensionado.

Don Mario asegura que para la gente de aquella época y también ahora el cementerio era un lugar santo y de paz y no podían concebir que una situación de ese tipo ocurriera.

“Recuerdo que alguna gente, incluyendo a mi mamá, habló con el padre para que luego hicieran una misa en el cementerio y él diera su bendición y se pidiera por la señora asesinada. Era algo espeluznante para todos, pensar en el sufrimiento de esa mujer”, dijo el hombre a quienes sus amigos le dicen Marito.

Pasó poco tiempo para que los oficiales reconocieran quién era la víctima, se trataba de María Ferreto, una mujer de 26 años que era enfermera, ella trabajaba en el centro de salud de Cañas, lo que ahora es el CAIS de Cañas.

“Ella, decía mi papá, era una señorita amable, muy estudiada, que por su carisma para atender y su paciencia tenía el cariño de la comunidad, a mi papá una vez lo había atendido junto a un médico de aquí porque un maleante lo corto en un brazo con el pico de una botella de vidrio y le dejó un herida muy grande”, mencionó Rojas.

Por la poca información que había del crimen, la falta de pistas o testigos, llegaron hasta policías de San José para investigar lo ocurrido y dar con el sospechoso, pues la gente tenía miedo de que se tratara de un asesino en serie.

La Oficina de Detectives de San José, mandó a dos investigadores a Cañas para que durante el tiempo necesario se mantuvieran en Guanacaste hasta dar con el responsable del homicidio.

“Eran, según decía papá, unos señores con mucha experiencia y con conocimiento para resolver casos que eran complicados, en la capital les tenían respeto, aquí la gente los chineaba porque el calor para ellos era insoportable y pasaban caminando y preguntando todo el día a ver si lograban dar con pistas”, dijo don Mario.

Los investigadores eran Carlos Chaves Vives y Hernán Solís Zamora, quienes cuando llegaron a la zona no pudieron ver el cuerpo de María, pues ya lo habían enterrado en el mismo cementerio donde fue asesinada. Los detectives tuvieron que andar durante dos semanas por Guanacaste y hasta algunos lugares de Puntarenas.

La advirtieron

Una las pistas más importantes que recibieron los oficiales fue la declaración de Víctor Rodríguez, un amigo muy cercano de María, quien aseguró que él vio a la mujer el mismo día del homicidio y que le contó que le mandaron a decir que una persona la iba a apalear, pero ella no sabía quién era la persona que tenía esas intenciones contra ella.

Esa misma versión se la había contado María a la mujer de la casa donde ella vivía, pero, al parecer, la señora tenía algunos problemitas mentales que impedían que se convirtiera en una testigo.

Otra pista extraña que llegó a los investigadores era sobre un tipo con actitud extraña, nervioso y hasta borracho, pero parecía imposible porque se trataba de un hombre que estaba preso.

“Para la gente no podía ser ese hombre que estaba preso porque la única manera que pudiera salir de la cárcel era que un oficial le abriera y le cerrara el calabozo, pero muchas noches hasta se quedaban solos o con un solo vigilante”, comentó Mario.

El sospechoso era Cristino Barrios Briceño, quien estaba preso en la cárcel de Cañas, los agentes llegaron a interrogarlo, pero de inmediato el hombre les dijo que no sabía nada del crimen y que no conocía a la víctima.

Chaves y Solís le enseñaron una foto de la mujer y no la reconoció. Sin embargo, los nervios que lo invadían lo delataron, los agentes decidieron revisar la celda de Cristino, y descubrieron que debajo de la cama había un túnel que le permitía salir de la cárcel y regresar siempre que quería.

Su compañero de celda no se aguantó y lo echó al agua. Contó a los oficiales que Barrios en las noches de luna llena se salía de su celda y al amanecer volvía y se acostaba.

Cristino tenía mucho tiempo de estar preso por un homicidio y eso le había dado la oportunidad de ir haciendo el túnel y excavar con sus manos, la misma tierra que fue haciendo la colocó sobre la tierra de su celda y la fue compactando para que nadie sospechara.

Los oficiales no descartan que otra persona que conocía bien la cárcel le ayudará desde afuera a hacer el túnel.

El compañero de celda del sospechoso aseguró que la noche del 18 de febrero Barrios salió y cuando regresó al día siguiente estaba muy tomado, nervioso y trasnochado, se mostraba ansioso y desesperado.

Además, los agentes ya sabían que el sospechoso conocía a la mujer, porque el padre de él le alquiló durante un largo tiempo un apartamento pequeño a María. El padre de Cristino se llamaba Inocente y era el padrino de la enfermera.

Confesó

El hombre fue trasladado a la Oficina de Detectives en San José el viernes 13 de marzo de 1954, al sospechoso le contaron todo lo que se sabía del caso y no le quedó más que confesar que mató a la enfermera.

El hombre se salió esa noche de luna llena, se entregó al guaro y después con un machete anduvo caminando por varias cuadras, se topó con la enfermera que salía de su turno, al parecer, ella no era de su agrado y la golpeó con el machete, la cargó para no dejar huellas y la llevó hasta el cementerio, donde la mató, según relatan los periódicos de la época.

La investigación generó una lluvia de felicitaciones los investigadores, aunque no lograron determinar la hora exacta de la muerte de la mujer, se cree pudo ser asesinada a la medianoche por la rigidez del cuerpo cuando la encontraron.

”La gente se sintió contenta de que dieran con el asesino, mi mamá hace pocos años decía que la gente se queja mucho de que los casos no se resuelven, pero que antes en esas épocas eran muy pocos los que lograban resolver y que algunos era por pura chiripa, como dicen los muchachos de ahora porque no había nada tan tecnológico como ahora”, dijo don Mario.

El hombre fue sentenciado a 25 años de cárcel por la muerte de la enfermera.

María era soltera y su sueño era trabajar en un hospital de San José como el San Juan de Dios, por lo que se esmeraba mucho en su trabajo.

”Papá decía que a ese hombre lo recordaban como un monstruo y le tenían mucho miedo, durante mucho tiempo se hablaba con frecuencia sobre lo ocurrido, pero como todo por la cantidad de años que han pasado ya quedó en el olvido.

El detective Chaves falleció el 28 de agosto de 1992 a los 76 años y el investigador Solís el 2 de febrero del 2011 a los 91 años.

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.