Sucesos

Guanacaste: 15 muertos en tres masacres en un año y cinco meses

Una nueva masacre golpea a Guanacaste. Entre febrero del 2016 y este sábado han sido asesinadas 15 personas en crímenes múltiples. El caso más reciente se inicia con el hallazgo, este sábado, de cinco personas muertas en lugar llamado Monte Plata, en La Cruz de Guanacaste, cerca de la frontera con Nicaragua.


Las víctimas son miembros de una misma familia y fueran identificados inicialmente por la Fuerza Pública como Isaías Bonilla Bonilla, de 81 años (dueño de la finca donde ocurrió el crimen); su esposa Paula del Socorro Romero Romero de 89, y los hijos de ambos, Walter, de 24 años y Wilbert, de 26; la quinta víctima se llama Carlos Pacheco, de 21 años.

Este crimen hace recordar el descubierto el 16 de febrero del 2016. La Policía encontró aquel día una escena de terror en una casa de Matapalo, en Santa Cruz: cinco personas habían sido masacradas. Se trataba de tres niñitos y dos adultos. Las autoridades llegaron a la vivienda alertadas por vecinos, quienes informaron que se oía llorar una chiquita de forma desconsolada.


El sospechoso principal fue desde el inicio Michael Adrián Salmerón, un extranjero con antecedentes de violencia doméstica y quien tuvo una relación personal con una de las víctimas: la madre de la familia: Yeimmy Jéssica Durán Guerra, de 38 años.


Salmerón también mató a Dirk Beauchamp, de 57 años y al esposo de Yeimmy, así como los hijos de la pareja, de 6, 8 y 12 años.  Salmerón confesó haber violado a la de 12 años antes de matarla. Una bebé de 6 meses que él tenía con Durán  y una chiquita de 4 años fueron los únicos sobrevivientes. 

Cuando las autoridades llegaron las niñas se encontraban deshidratadas. La de 4 había sido golpeada y herida, pero se hallaba fuera de peligro.


Salmerón y Durán mantenían una relación sentimental a pesar de que ella estaba casada con Dirk Beauchamp. El extranjero vivía al lado de la casa de la familia, a la que se le permitía el acceso libremente.


La relación de la pareja era tormentosa. En agosto del 2015 la mujer lo denunció por haberla golpeado y el Juzgado de Violencia Doméstica de Santa Cruz le prohibió a Salmerón acercarse a la casa de Yeimmy durante un año. Esto significa que cuando el hombre cometió el crimen aún no podía acercarse a ella. 

Una hija de la mujer le había contado a La Nación que Yeimmy se había distanciado de la familia por la relación con Salmerón, quien, se dijo, consumía drogas. Pero Durán siempre defendió su derecho a estar con él.


En julio del 2016 Salmerón, entonces de 24 años, recibió en Nicaragua una pena de 183 años de cárcel por masacrar a la familia. Está preso en el país vecino del norte, hacia donde había huido después del crimen.

En el juicio en su contra se conocieron los detalles espeluznantes de la salvajada que cometió después de haber estado bebiendo licor. "Mai los mató a todos", dijo (por medio de una videoconferencia en el juicio) la chiquita de 4 años.

Odio y sangre en Liberia


Exactamente un año después de la masacre en Matapalo, Liberia fue el escenario de otro crimen múltiple. 

La dolorosa noticia se supo el 19 de enero de 2017 en la mañana. Aquella madrugada fueron degollados Joseph Briones, de 22 años; Ariel Vargas, Stephanie Hernández, Dayana Martínez e Ingrid Méndez, estos últimos de 24 años. Únicamente logró sobrevivir una colegiala de 14 años, quien después dio datos claves del agresor y el 26 de enero logró salir del hospital de Liberia, adonde había sido llevada porque el criminal también había tratado de matarla.


El sospechoso desde el inicio fue Alonso Ríos Mairena, de 33 años y detenido el 3 de febrero. Además de la información dada por la adolescente que sobrevivió, otros hechos fueron de gran importancia para encontrar al responsable.



Por ejemplo, Ríos dejó la huella de la mano izquierda en un apagador  de la casa, en el barrio La Victoria.

“Eso (la huella) significa que tuvo que ver con ese fluido fisiológico (sangre) que había en el sitio y que de alguna manera mantuvo contacto con los cuerpos o con la sangre ”, explicó Walter Espinoza, director del OIJ.

Para llegar hasta Ríos, los investigadores también analizaron llamadas y el Internet que usó el hombre el día del ataque. Los agentes judiciales hicieron un retrato hablado pocos días después del crimen. Estas evidencias y otras apuntaron siempre hacia Ríos.


Fue clave, como dijimos, el testimonio de la adolescente de 14 años que sobrevivió al crimen. Vincular a Ríos con el caso también posible gracias a que el OIJ tenía una reseña de él. En ella se encontraba el registro de sus huellas y una foto del tatuaje al lado derecho de la espalda; las autoridades tenían esos datos ya que en el 2011 Ríos había sido condenado por tráfico de drogas.

Los investigadores sabían que el jueves 19 de enero, día del crimen, el hombre usaba una pantaloneta blanca y unas tenis grises. Durante el allanamiento a la casa de Ríos los agentes judiciales encontraron una pantaloneta y unas tenis de esos colores. Todo estaba ya lavado, pero el perro Aquiles (de la K-9) indicó que había rastro de sangre en las dos piezas.

También fue decomisado un cuchillo de cocina con el que, al parecer, mataron a los jóvenes. Trascendió que este cuchillo seguía siendo usado en la casa para las labores diarias.

“De acuerdo con los estudios, el hombre atacó a los estudiantes a la 1:09 de la madrugada y los homicidios ocurrieron entre las 2:10 y 2:49”, dijo Espinoza.


Ríos entró a la casa de los estudiantes de forma agresiva, les habló fuerte y obligó a uno de los hombres a amarrar a los demás.  Ríos Mairena había trabajado para los dueños de la vivienda alquilada por los jóvenes haciendo arreglos y en mantenimiento. Eso le permitió tener acceso a una llave, lo que explica porqué entró con tanta facilidad en la madrugada.

“Después comenzó a matar, primero ultimó a los hombres y luego a las mujeres, todos (los crímenes) ocurrieron en un mismo cuarto”, sostuvo Espinoza.

Luego Ríos salió de la casa e incluso se fue hacia Carrillo, en Guanacaste, donde se quedó varios días, pero después regresó a Liberia.


Cuatro días después del crimen, el lente de La Teja captó al sospechoso de la masacre mientras pintaba la casa frente al apartamento en el que murieron los jóvenes.


La imagen la tomó Rebeca Álvarez, corresponsal del Grupo Nación en Liberia y quien le estaba dando seguimiento al caso.

Ella recordó que el sujeto tenía la cara tapada con un trapo y cuando él vio que le estaba tomando fotos le dijo: “No, no, no, yo así no juego, hágase para atrás” y después de eso se metió a la casa.


Las autoridades tenían la seguridad de que Ríos era el responsable y lo siguieron. Cuando la Policía allanó ayer la casa de Ríos y la de sus abuelos, donde solía pasar tiempo, encontraron al sospechoso escondido debajo de la cama de los viejitos.

En junio de este año la Fiscalía Adjunta de Liberia incluyó una acusación por abuso sexual contra el sospechoso, que cumple un año de prisión preventiva.

Silvia Coto

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.