Josué Solís Páez tenía 15 años cuando salió de su casa para ir a una fiesta. Aseguró que regresaría, pero nunca volvió.
Han pasado más de 15 años desde aquella noche del 13 de mayo de 2011 y su familia todavía no sabe qué ocurrió con él.
No existe una respuesta sobre dónde terminó aquel adolescente que pronto cumpliría 31 años.
Su hermana, Karol Solís, todavía publica de vez en cuando fotografías de Josué en sus redes sociales y mantiene vivo su recuerdo, aunque reconoce que después de tantos años la familia ha aprendido a convivir con una ausencia que nunca entendió.
“Han pasado tantos años. Si él estuviera bien ya hubiera regresado”, dijo.
Josué era el menor de siete hermanos, cuatro hombres y tres mujeres. La familia había vivido en Desamparados, pero se trasladó a Cartago y el muchacho llevaba poco tiempo viviendo en Paraíso.
Había dejado el colegio y, según recuerda Karol, durante su adolescencia se había metido en algunos problemas. En Cartago comenzó a relacionarse con jóvenes de la zona.
Se preparó para ir a una fiesta en Llanos de Santa Lucía la tarde del 13 de mayo de 2011.
Salió de la casa y dijo que regresaría; era cerquita, pero aquella fue la última vez que su familia supo de él.
Al principio nadie pensó que se tratara de una desaparición.
Buscaron en todas partes
“Nosotros al principio pensamos que era por algo que no había regresado, pero que lo iba a hacer”, recordó Karol.
Pasaron las horas y luego los días. Cinco días después, Karol acudió al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) para denunciar la desaparición.
La familia comenzó entonces una búsqueda que se extendió durante años. Empapelaron con fotografías de Josué diferentes lugares.
Dos meses después de la desaparición, recibieron un aviso que hizo que la familia volviera a movilizarse. Les dijeron que supuestamente el cuerpo de Josué estaba tirado en los alrededores del Campo Ayala.
Karol recuerda que no sabía cómo contarle aquello a su mamá. Entonces, llamó a uno de sus hermanos y comenzó a llorar.
Al día siguiente, a las 6 de la mañana, salió junto con una hermana y sus sobrinas para buscar.
El lugar era enorme. Revisaron los alrededores, los huecos, un tanque de agua y un botadero de basura. También llegaron hasta el Salto de la Novia.
La persona que les había dado el aviso les dijo que Josué había entrado a ese lugar, pero que no lo había visto salir.
Karol nunca le contó aquello a su mamá.
“Nosotros empapelamos con la foto de mi hermano toda esa zona”, recuerda.
Con el paso de los años, el caso fue archivado. Karol explicó que la familia recibió la comunicación de que ya no había un investigador asignado y que el expediente podría retomarse si aparece nueva evidencia, como un cuerpo que pueda corresponder con las características de Josué.
Para ella, esa situación dejó una sensación de abandono.
“Para nosotros hubo falta de interés en el caso de mi hermano”, afirma.
Poco interés policial
Karol considera que la desaparición de Josué también estuvo marcada por el hecho de que era un adolescente varón que había dejado el colegio y que tenía problemas.
“Yo siempre he dicho que en este país es difícil ser hombre porque es nulo para algunas cosas, más para la ley se le da menos importancia. Tal vez para la gente no, pero la ley sí. No es visible, no es llamativo”, expresó afligida.
La familia recuerda que el OIJ calificaba el caso como extraño porque durante años no apareció una pista que permitiera establecer qué había ocurrido.
No hubo una noticia que confirmara que estaba vivo. Pero tampoco apareció un cuerpo que confirmara su muerte. Y esa incertidumbre es la que más pesa.
“A mí sí me gustaría saber qué le pasó”
La mamá de Josué murió hace seis años. Mientras estuvo viva, nunca dejó de esperar a su hijo y se aferró a la esperanza de volver a verlo.
“Cuando estaba mi mamá viva siempre se guardó la esperanza de que volviera porque nunca hubo un cuerpo. Uno tiene esperanza. La mayor era de mi mamá”, dijo Karol.
Después de la muerte de su madre, Karol quedó como una de las personas que continúa manteniendo vivo el recuerdo de Josué.
A sus hermanas les cuesta hablar del tema. “A todos nos duele mucho”, dice.
Para Karol, no saber qué ocurrió es una herida que no le permite cerrar la historia.
“Sí me gustaría saber qué le pasó. Cerrar esto tan doloroso”, afirma.
Este 15 de octubre, Josué cumpliría 31 años.
Karol todavía recuerda al muchacho que salió de su casa aquella tarde y nunca regresó.
Aprendió a no guardarse nada
Con el paso de los años, aprendió a no guardarse las palabras de cariño y a decirle a su familia lo que siente.
“Me quedé con muchos ‘te amo’ y cosas que le quería decir y no pude”.
Cuando piensa en su hermano, todavía pide algo a Dios.
“Siempre le pedí a Dios que si estaba vivo estuviera bien, que no le estuviera faltando nada y que, si no estaba vivo, que no haya sufrido, que no me lo torturaran”.
La pregunta en casa sigue siendo la misma: ¿Qué pasó con Josué?
Según datos del OIJ, en los últimos años, 57 personas siguen desaparecidas. Solo el 1 por ciento de los casos no se resuelven.



