Silvia Coto.26 octubre, 2019
Lidia y su familia viven en Sarapiquí
Lidia y su familia viven en Sarapiquí

Lidia Lisbeth Mora Aguilar supera poco a poco el trauma que le quedó por un terraplén que le cayó encima a ella y a su hija mientras iban en un taxi hace cuatro años, sin embargo, lo que aún no logra enterrar son los dolores de espalda que le dejó ese accidente.

La joven, de 24 años, dice que lo que pasó aquel sábado 26 de setiembre del 2015 no se le olvidará nunca.

Ese día Mora fue a visitar a su mamá a San José. Fue una semana llena de emergencias por lluvias, los aguaceros eran fortísimos, por lo que agarró un taxi junto a su hija Arlin, que en ese entonces tenía dos añitos, para que las llevara a la parada de buses de los Caribeños, en Barrio Amón, pues ellas son de Sarapiquí y querían regresar temprano.

“Cuando llueve muy fuerte me acuerdo de lo que pasó ese día”, dijo Lidia Mora, sobreviviente

“Estaba lloviendo mucho, pero es que era demasiado, cuando ya íbamos a llegar a la terminal, una pared que estaba al costado noreste de la estación colapsó y se vino encima del taxi, el techo quedó aplastado, el señor del taxi se logró bajar, pero el material tapó todo el taxi, a mi hija no le pasó nada porque ella quedó como metida dentro de un huequito en el taxi”, dijo la sobreviviente.

Liz, como le dicen sus amigos, asegura que ella se sentía golpeada y que un ángel vestido de tráfico que estaba regulando el pasó, fue quien la ayudó.

El techo del taxi desapareció.
El techo del taxi desapareció.

“Yo quedé como prensada con la tapa del taxi, entonces el oficial le dijo a varias personas que la levantaran para poderme sacar, y en la patrulla del tránsito nos llevaron a mi hija y a mí al hospital Calderón Guardia”, recordó la mujer, quien revive lo ocurrido cada vez que llueve con fuerza.

Cuando Mora llegó al hospital le dijeron que tenía una fractura en las vertebras T11 y T12, en la columna.

“El doctor me dijo: ‘dele gracias a Dios’ de que se puede mover, porque lo que le pasó es bastante delicado’. Me dijeron que era más peligroso operarme que quedarme así, y estuve en terapia mucho tiempo, incluso todavía porque me da mucho dolor, unas veces más que otras, incluso se me ha hecho como una pelota en el espacio entre las vertebras y me dijeron que va seguir creciendo, pero que es mejor esperar”, relató la mujer.

Está valiente incluso nos contó que los médicos le dijeron que por lo ocurrido no iba a poder tener más hijos, pues el peso le podía afectar, pero ella no se quedó con las ganas y le dio un hermanito a la pequeña Arlin, su bebé Brayner nació en marzo pasado.

“Tuve que estar en reposo bastante, pero Dios me ayudó y todo salió bien, iba a tenerlo por cesárea y nació por parto natural, pero ahora sí me tengo que cuidar hasta con lo que como, para no subir más de peso”, dijo la mujer.

Doña Liz dice que le sorprende la valentía de su pequeña Arlin, ya que, pese al sustazo, nunca le afectó.

Además nos contó que el taxista Francisco Pérez, ha sido muy amable con ella desde el accidente y se ha mantenido al tanto de la recuperación.

“Hace como un año que vi al taxista y me presentó al oficial de tránsito, yo no sabía reconocerlo y la verdad le agradezco mucho esa ayuda que me dio”, dijo.

Liz asegura que desde lo ocurrido viene poquito a San José y cuando lo hace le pide a su papá que la recoja y la lleve a la parada.

“Cuando yo voy en carro y paso por un lugar donde hay un paredón muy alto, siento miedo”, contó.

Esta sobreviviente trabaja como operaria en una piñera.