Rocío Sandí.8 septiembre

Ana Catalina Morera Blanco tiene 34 años de edad y tres años de estar luchando para dejar atrás las secuelas que le quedaron luego de ser atropellada por el tren.

Cuando se dio el suceso, el 16 de marzo del 2016, su historia acaparó los medios de comunicación, ya que estuvo internada 22 días. Ella fue golpeada por la locomotora poco después de salir de clases de la Universidad Latina, en San Pedro.

Pese a las limitaciones, Ana Catalina le sonríe a la vida y disfruta cada momento. Foto: Mayela López.
Pese a las limitaciones, Ana Catalina le sonríe a la vida y disfruta cada momento. Foto: Mayela López.

El golpe principal se lo llevó en la cabeza y eso le causó daños que hicieron que tuviera que aprender de nuevo a hablar y caminar. Poco a poco ella ha ido evolucionando, pero aún hay impedimentos con los que tiene que lidiar.

“El Cenare se ha convertido en mi segundo hogar, me han tratado muy bien en las terapias, las personas que trabajan ahí son como ángeles para mí.

“Ahorita también estoy con tratamiento en el Hospital Calderón Guardia porque en el accidente sufrí una luxación en el hombro derecho que todavía me molesta mucho, me canso cuando me peino o me lavo los dientes y duele mucho cuando hace frío”, contó la sobreviviente.

También tiene secuelas en el equilibrio, la vista y la memoria, por lo que lucha a diario por mejorar.

“No puedo caminar en línea recta y tampoco puedo llevar un vaso con agua mientras camino, me cuesta un montón; en cuanto a la vista tengo días malos y algunos mejores, a veces veo entre borroso y distorsionado, pero no es siempre y con la memoria lo que me pasa es que me cuesta mucho recordar las cosas nuevas.

“Me pasa, por ejemplo, que si hoy hablo con una persona, mañana me acuerdo que lo hice, pero no recuerdo qué hablé. Mi celular es como mi diario, cuando tengo que hacer algo importante lo apunto y cuando voy a una cita médica grabo lo conversación para repasarla después y ahí voy, me la voy ingeniando para hacer frente a mi situación”, agregó.

La sobreviviente se siente agradecida con Dios y la vida por la nueva oportunidad. Foto: Cortesía de Ana Catalina Morera.
La sobreviviente se siente agradecida con Dios y la vida por la nueva oportunidad. Foto: Cortesía de Ana Catalina Morera.
Valentía y esfuerzo

La valiente reconoce que el accidente le cambió la vida y que ha tenido que esforzarse para recuperarse, pero asegura que se siente bendecida por estar viva y eso es motivo suficiente para levantarse a diario con una buena actitud.

“Tuve que dejar la carrera de Medicina en la U porque por los problemas de memoria me cuesta mucho estudiar, otra de las opciones que tenía era ser aeromoza, pero por las secuelas tampoco me es posible; sin embargo, yo creo que el 98% de la recuperación depende de la actitud y por eso trato de ser positiva siempre.

“No estoy sola, mi familia y mis amigos me apoyan y eso me hace sentir fuerte para seguir adelante con la recuperación, no me quiero rendir”, aseguró.

La luchadora dice sentirse muy afortunada de que Dios y la vida le dieran una nueva oportunidad, por eso en lugar de quejarse le pone muchas ganas para salir adelante y se enfoca en estar cada día mejor.

“A veces cuando voy a terapia veo personas que están en una cama y siento que yo más bien no tengo nada”, Ana Catalina Morera, sobreviviente.