Para José Andrés Araya Navarro, de 29 años, no había nada más importante que su familia y así lo demostró al sacrificar su propia vida para salvar a su hermanita de 10 años y a su prima de 16 años, quienes luchaban por no ser arrastradas por el mar.
Las dos adolescentes sobrevivieron gracias a un verdadero milagro ocurrido entre las olas; lamentablemente, José Andrés no corrió con la misma suerte y murió ahogado.
Katherine Araya, hermana del joven, contó que una de las cosas que más les parte el alma es que él estaba a pocos días de vivir uno de los momentos más importantes de su vida, un sueño que la tragedia le arrebató para siempre.
“Él estaba con una muchacha desde hace un año y ya se había decidido formalizar, le iba a pedir que fuera su novia, pero la idea de él era casarse en un futuro. Mi hermano quería hacerlo esa siguiente semana, pero él quería que mi mamá estuviera, como siempre fue muy de familia”, contó Katherine.
La tragedia que tiene a toda esta familia de luto ocurrió la tarde del pasado sábado 11 de julio, cuando José Andrés y sus seres queridos se encontraban compartiendo juntos en playa Linda, en Savegre de Quepos, Puntarenas.
Tragedia ocurrió en segundos
Katherine recordó que ese día ella se encontraba junto con su hermano y el resto de su familia disfrutando de la playa, incluso contó que José Andrés había sacado su laptop para que vieran uno de los partidos del Mundial.
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En ese momento, su hermana menor de 10 años y su prima de 16 años se encontraban jugando voleibol en la playa. La tragedia ocurrió en cuestión de segundos.
“Ellas fueron al mar a lavarse la arena, y en un momento cuando nos levantamos vimos que ellas estaban en peligro, ya la corriente las había arrastrado. Yo nada más vi que levantaron las manos pidiendo ayuda. Ahí el mundo se nos vino abajo”.
El esposo de Araya se lanzó al mar de inmediato, pues era un buen nadador. José Andrés hizo exactamente lo mismo, pese a que él no sabía nadar; aun así, no lo pensó dos veces, pues deseaba salvar a su hermanita y a su prima.
“Mi esposo no podía acercarse a ellas porque el mar lo sacaba, incluso una ola lo golpeó en el cuello y lo dejó aturdido, y la última vez que vi a mi hermano fue cerca señalando donde estaban ellas”.
Milagro y tragedia en el mar
En medio de esa angustiante situación, Katherine dijo que ocurrió un verdadero milagro, que hasta el día de hoy no sabe cómo explicarlo.
“De verdad vimos un milagro; de repente el mar se calmó por completo y las niñas salieron caminando de la mano y en ese momento, que las niñas salen mi esposo las toma y las saca, porque el mar se calmó por un segundo nada más, para que ellas salieran”.
En ese momento toda la atención estaba en las jovencitas, pero de inmediato, Katherine se dio cuenta de que José Andrés no aparecía y, al recorrer el mar con la mirada, lo observó flotando en el agua, por lo que dio aviso a unos salvavidas que con mucha dificultad lograron llevarlo a la orilla.
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“Yo pensaba que si lo llamaba por el nombre iba a despertar. Llamé a mi mamá, y le dije: ‘Mami, mi hermano se está ahogando, necesito que lo llame, dígale el nombre, dígale que usted lo espera en la casa’. Mi mamá y yo empezamos a orar, pero no hubo forma de que mi hermano despertara”.
Para Katherine, esa acción de su hermano fue el último gran gesto de amor hacia su familia.
Con un alma buena
Las palabras se quedan cortas a la hora de describir la clase de persona que era José Andrés. Su hermana lo recuerda como un joven que amaba a su familia por sobre todas las cosas y que siempre buscaba promover esa unidad familiar.
“Él siempre abogaba por esa unión familiar, por estar juntos, por compartir los fines de semana, le gustaba mucho agradar a las personas. Tenía una personalidad muy liviana, una mirada tranquila y era muy tranquilo”.
José Andrés fue un hermano que siempre estuvo presente para Katherine y la apoyó tanto en las buenas como en las malas y que le dejó un hermoso recuerdo al ser él quien la entregó en el altar el día de su boda.
Durante dos años, José Andrés trabajó en el área de contabilidad de un supermercado de la familia en Manuel Antonio, pero en sus últimos 15 días de vida laboró en un hotel en Uvita junto con su hermana.
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“Él era muy diferente, porque uno siempre anda por la vida buscando cómo hacer dinero y para él eso nunca fue importante, me decía para él lo importante era la familia, el amor.
“Yo nunca he querido hijos y él le dijo a una compañera que quería tener dos hijos, para darme dos sobrinitos y que yo los alcahueteara, como hice con él”.



