Cristian Montero Villalobos, de 21 años, era una de las grandes promesas del ciclismo costarricense.
Su talento sobre ruedas le abrió puertas; conseguía patrocinadores, ganaba competencias y confirmaba que el futuro le pertenecía.
Su madre, doña Luz Marina Villalobos, fue sin proponérselo quien sembró en sus hijos la pasión por el ciclismo. Ella trabajó recogiendo café y siempre andaba con un pequeño radio en el que escuchaba la Vuelta a Costa Rica.
Fue así como sus hijos también se interesaron por esta disciplina, al punto de que dos hermanos mayores de Cristian también obtuvieron trofeos.
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No era fácil, pero en la familia trabajaban, ahorraban dinero y así compraban bicis de segunda, que iban arreglando poco a poco. De esta manera, los hermanos de Cristian y él se fueron metiendo en serio en el ciclismo.
A Cristian le apasionaba el ciclismo, sin importar la modalidad, fuera de ruta, de montaña, el BMX, el downhill.
En su corta vida llegó a ganar unos 20 trofeos, así como muchas medallas y uniformes que permanecen intactos en la casa de su mamá, en San Ramón de Alajuela, de donde son vecinos.
El futuro de este muchacho se vio truncado por una imprudencia del conductor de bus placa AB 284, de nombre Luis Montero Guevara, quien no quiso hacer caso a la señal de un policía de tránsito de no pasar porque la vía estaba cerrada por una carrera. El sujeto siguió y metros después se estacionó a la orilla de la calle. Como Cristian venía haciendo un descenso, se topó de frente el bus y no lo pudo esquivar.
La tragedia ocurrió en la tercera etapa entre Puriscal y Grifo Alto, durante la Vuelta de la Juventud del 2005. Como muchos eventos deportivos, ese era transmitido por radio y muchas personas, casi de inmediato, se enteraron de la fatalidad.
En esa misma competencia iba Andrey Amador, el mayor exponente del ciclismo costarricense, quien vio el lamentable accidente.
Con la esperanza de que sobreviviera, a Cristian lo llevaron a la clínica de Puriscal, pero al llegar la doctora Querima Gadpalle, señaló que el paciente había llegado con un golpe en el pecho con perforación del pulmón y ya no tenía signos vitales.
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‘Hoy vuelo’ frase que se convirtió en presagio
Doña Luz recuerda la última vez que habló por teléfono con su hijo, cuando, una vez más, le dijo lo mucho que la amaba y que iba a ganar.
“A las 6:30 de la mañana (del día del accidente) lo llamé. Estaba triste ese día porque otro ciclista le había sacado una ventaja y me contó que lo habían regañado los patrocinadores. Luego me dijo: ‘Mami, pero hoy vuelo’, no se me olvida esa palabra, se me quedó grabada en mi mente, en mi corazón y en todo mi ser, porque sí, voló al cielo”, señaló la valiente mamá.
Cristian también pertenecía a la selección juvenil de ciclismo y estaba a tres días de viajar para competir en la Vuelta de Guatemala.
“Él me dijo: ‘Hoy corro (era un viernes) y el lunes, si Dios quiere, voy para Guatemala’, Diosito se lo llevó en vuelo directo al cielo”, exclama esta mamá.
Lineth Montero, una de las hermanas de Cristian, estaba en noveno año del colegio y recuerda ver a su mamá esperarla en la puerta para darle la trágica noticia que les cambió la vida a todos.
Doña Luz fue fuerte, porque le tocó informar a muchos familiares de la tragedia; sin embargo, se derrumbó cuando otro de sus hijos, de nombre Arnulfo, le puso en su mano una esclava, que andaba Cristian el día que falleció.
“A él le tocó ir a Medicatura Forense y le entregaron las pertenencias. Cuando llegó a la casa y me la puso, ahí sí que lloré. Yo soy muy fuerte y soporté para darle valor a mi familia, pero cuando Arnulfo me dijo: ‘Mami, esta es la esclava que Cristian andaba y de ahora en adelante es usted quien la carga’, no pude más. Aquí la tengo, solo me la quito por si me hacen electrocardiogramas”, expresó la mamá.
La pulsera permanece intacta y es parte de los tesoros que conserva esta madre, quien frecuentemente, lo visita en el cementerio y le reza.
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Enseñanzas del ciclista Cristian Montero
Este 12 de agosto se cumplieron veinte años exactos de este fatal hecho, que enlutó a los amantes del ciclismo y al país, en general, ante el doloroso accidente.
A dos décadas de esta fatalidad, hay enseñanzas que dejó Cristian, que no mueren, sin importar los años que pasen.
Lineth, recuerda el gran amor que su hermano profesaba por la mamá de ellos.
“Somos nueve hermanos, él era el menor de los varones, y nunca se fue de la casa. Él siempre era de abrazarlos (a los papás), de decirles cuánto los amaba; incluso, justamente la mañana antes del accidente, él habló con mi mamá por teléfono y le dijo lo mismo, que él la amaba muchísimo.
“Él siempre que salía a entrenar, se devolvía con flores para mi mamá”, recordó Lineth, sobre ese mensaje de amor que dejó su hermano y el cual sigue siendo recordado.
La tragedia ocurrió tres días antes del Día de la Madre y, desde ese momento, esa fecha especial pasó a otra dimensión; incluso, al joven pedalista lo sepultaron ese día en medio de una multitud de personas y de ciclistas, que llegaron a custodiar el ataúd de Cristian.
“Para mi mamá fue muy difícil, tardó muchos años en procesar y, definitivamente, yo espero que ninguna mamá pase por eso nunca. Ahora yo soy mamá y creo que si a mí me llegara a pasar, me volvería loca. No entiendo, ¿cómo mi mamá logró manejar todo ese dolor y procesarlo, canalizarlo? Le tomó años y esfuerzo, y sigue siendo un recuerdo doloroso, pero a la vez, también hay recuerdos alegres porque fue una persona tan cariñosa y alegre", dijo la pariente.
Febrero también pasó a ser un mes de muchas emociones, porque Cristian cumplía años el 23 de ese mes y su mamá al día siguiente, el 24.
“La ausencia de él fue complicada para todos, pero sobre todo para mi mamá, porque él siempre tuvo esos detalles con ella (de llevarle flores).
“Siempre se les celebraba el cumpleaños juntos y por más de 10 años no celebrábamos el cumpleaños de mi mamá por el duro recuerdo que era, porque ella, siempre, siempre lo compartió con él. Fue hasta hace unos años que lo volvimos a celebrar”, recordó la hermana.
Doña Luz mantiene intactos los recuerdos de su hijo, ella limpia los trofeos y los cuida como un gran tesoro.
En la familia siempre hablan del buen muchacho que tuvieron en casa y su recuerdo es lo que les da la satisfacción de saber que fue alguien bueno.
“Era una persona sumamente cariñosa y divertida, con un sentido del humor grande; donde él estuviera era como el centro de las risas, porque era una persona muy alegre. Además, le encantaba el deporte, el ciclismo, la música, era bailarín y bueno para contar chistes. Recordar todo esto nos causa alegría por la persona que tuvimos en casa”, manifestó su hermana Lineth.
Cristian estudiaba Recursos Naturales en la UNED y estaba pronto a terminar su carrera.
El caso llegó hasta los Tribunales de Justicia; doña Luz y su esposo viajaron durante cuatro años desde San Ramón hasta San José y luego a Puriscal. Ella conversó con el chofer que irrespetó la orden del tránsito y cansada de todo el proceso, en la última audiencia, decidió que no lo condenaran ni seguir con el proceso penal.
Algunos en la familia no estuvieron de acuerdo con la decisión de doña Luz, pero se la respetaron, porque ya estaba cansada y señalaba que nada le iba a devolver a su hijo.
Ellos les piden a los conductores respetar a los ciclistas y cuidarlos en carretera, pues no andan haciendo daño, solo buscan cuidar la salud y hacer deporte mientras se divierten en bici.
Pese al dolor de esta tragedia, en este hogar siguen disfrutando del ciclismo; es así como doña Luz siempre le pide a Dios por sus familiares que son ciclistas y todos los aficionados que prefieren salir a disfrutar del viento, las cuestas y los descensos sobre una bicicleta.