Sucesos

La increíble historia de dos hombres que sobrevivieron seis días en el mar aferrados a una hielera

Sobrevivió seis días aferrado a una hielera tras el naufragio

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Hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar, más cuando se ha estado al borde de la muerte.

Manuel Antonio Vega Barquero todavía puede cerrar los ojos y regresar a aquel inmenso océano Pacífico donde creyó que moriría. Han pasado 52 años desde aquel momento.

Manuel, a quien conocen como Chalazo, aún recuerda el sonido de las olas golpeando la lancha, la desesperación al verla desaparecer bajo el agua y el silencio que llegó después cuando entendió que su vida dependía únicamente de una vieja hielera de fibra de vidrio que flotaba en el mar.

Naufragio
Los hombres se aferraron a una hielera. Creado con IA Gemini (IA /cortesía)

Durante seis días permaneció a la deriva junto con otros dos pescadores, sin comida, sin agua potable y sin ninguna forma de pedir ayuda. Los tres lucharon contra el hambre, la sed y el miedo mientras esperaban un rescate que nunca llegó.

Hoy, casi cuatro décadas después, este vecino de Golfito tiene 71 años, está pensionado tras haber trabajado como notificador en la Municipalidad de Golfito y lleva una vida muy distinta a la de aquel joven pescador que desafió al mar.

Aquel 9 de agosto de 1974 marcó su vida y la de su cuñado, Milton Vásquez, y un compañero de ambos, Carlos Luis Salazar, conocido como Botas.

Y, precisamente, días antes de cumplirse un nuevo aniversario de aquella tragedia volvió a hacer algo que ya forma parte de su vida: caminar cientos de kilómetros desde Golfito hasta la basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en Cartago.

“Lo hago para agradecer haber sobrevivido al mar y también a otro naufragio silencioso: la adicción al alcohol. También por un milagro en la salud de una persona que amo mucho, una parte de mi corazón”, dijo Chalazo.

Esta es la historia de un 9 de agosto. En ese momento, Manuel trabajaba como pescador artesanal en Golfito. Era una actividad que conocía desde hacía años y salir varios días al mar era parte de su rutina.

Sin embargo, aquella vez todo fue diferente. Desde antes de abordar, confiesa que en la lancha sentía que algo no estaba bien.

“Yo fui al viaje, pero no muy a gusto. Andaba indispuesto. Nosotros íbamos a quedarnos varios días pescando y yo estaba acostumbrado a salir un día y regresar”, recuerda.

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El naufragio ocurrió en Golfito

Ese presentimiento nunca desapareció. Ellos debían recoger varias líneas de pesca que habían dejado días atrás cerca de Punta Carbonera, entre Matapalo y Los Muñecos, en el Pacífico Sur. Ese era un recorrido que habían hecho muchas veces.

El primer día transcurrió con normalidad. Lograron pescar mucho y parecía que iban a volver con gran cantidad de producto.

“El océano cambió de un momento a otro. Una fuerte ola golpeó violentamente la embarcación, después vino otra y otra más. En cuestión de minutos la lancha comenzó a llenarse de agua.

‘No nos dio tiempo de hacer nada. En cinco minutos la lancha ya estaba hundida’”, recordó Manuel.

Todo ocurrió tan rápido que apenas pudieron reaccionar.

Mientras la embarcación desaparecía bajo el agua, una gran hielera blanca de fibra de vidrio se desprendió por la presión del hundimiento y salió flotando. Aquella caja utilizada para conservar el pescado se convirtió en su único salvavidas.

Los tres hombres lograron sujetarse como pudieron.

“Tuvimos que sacar un tiburón que habíamos capturado para hacer espacio. Pensamos que nos íbamos a mantener ahí unas pocas horas... jamás una semana”, dijo.

Manuel describe que la hielera medía aproximadamente dos metros de largo.

“Tuvimos que estar prácticamente de cuclillas, no podíamos acostarnos ni estirar las piernas, moverse era extremo porque cualquier movimiento nos podía volcar. El calor era insoportable durante el día, por las noches el frío calaba hasta los huesos.

“No teníamos alimentos, ni agua, ni radios, ni mucho menos bengalas, solo mirábamos el horizonte esperando ver una embarcación. Había hambre, sed y miedo”, relató Chalazo.

Misa solemne en honor a la Virgen de los Angeles
El sobreviviente es devoto a la virgencita. Foto: Rafael Pacheco Granados (Rafael Pacheco Granados/Rafael Pacheco Granados)

Con el paso de los días, había transcurrido más tiempo del que los tres pescadores habían dicho a sus familias que iban a tardar, por lo que sus allegados ya habían dado la voz de alerta.

Pescadores de la zona, vecinos, amigos, cuerpos de rescate e incluso aeronaves iniciaron una intensa búsqueda.

Pero el océano parecía habérselos tragado.

“La sed se convirtió en nuestro peor enemigo. Después de varios días sin beber, los labios estaban completamente partidos, la garganta ardía, hablar costaba cada vez más. En ese momento apareció la lluvia y esas gotas hicieron una gran diferencia entre la vida y la muerte”, narró don Manuel.

Carlos Luis llevaba puesto un pantalón de mezclilla. Cada vez que llovía, sus compañeros le pedían que se lo quitara y lo extendían sobre la tapa de la hielera para que absorbiera la mayor cantidad de agua posible.

Después, uno por uno, exprimían la tela con sus manos y bebían las pocas gotas que lograban sacar.

Era apenas un sorbo, pero suficiente para seguir luchando.

Cuando amaneció el sexto día, Manuel y Milton comprendieron que seguir esperando significaba aceptar la muerte.

Milton tomó una decisión que cambiaría el destino de los tres.

Antes de decir una sola palabra, levantó la mirada al cielo y comenzó a orar.

Le pidió a Dios que le permitiera regresar con vida para volver a abrazar a su esposa y a sus hijos.

Después anunció que iba a lanzarse al mar para buscar tierra.

Naufragio
Los hombres no podían ni moverse dentro de la hielera. Creado con IA Gemini (IA /cortesía)

“Cuando lo vi decidí que también iba a lucharla por sobrevivir. Hicimos un pacto: el primero que llegara a tierra volvería a ayudar al otro. Carlos decidió quedarse en la hielera, él no sabía nadar. Fue la última vez que lo vi con vida. No fue fácil dejarlo. Pensábamos volver por él”, dijo.

Manuel calcula que nadó durante unas cinco horas y se encomendó a Dios y a la Virgen de Los Ángeles.

El cansancio era tan intenso que hubo momentos en que sintió que ya no podía mover los brazos.

“Ya el cuerpo no respondía igual. Yo no quería morir en el mar”.

Manuel no dejó de nadar hasta que tocó arena y pensó que era un sueño, pero volvió a sentir la arena en sus pies y sintió que estaba viviendo un milagro.

Manuel Vega sobreviviente de naufragio
Manuel Vega sobreviviente de naufragio, ahora pensionado disfruta mucho de su vida. (Manuel /Cortesía)

“Miré hacia atrás buscando a Milton, pero no lo vi y pensé lo peor. Sentí una tristeza enorme porque pensé que no había logrado salir, pero pasó un rato y entonces lo vi. Fueron de los minutos más felices de mi vida”, dijo.

Ellos se abrazaron al darse cuenta de que habían vencido el océano.

Para ese momento, el agua les había arrancado la ropa, su piel estaba quemada por el sol, no sabían dónde estaban y caminaban agotados. Durante algunos minutos caían rendidos y se dormían donde fuera para agarrar un poco de fuerzas.

Llegaron después de recorrer varios kilómetros hasta la vivienda de un hombre llamado Teófilo González.

Bastó con verlos para comprender lo que había ocurrido. Les dio ayuda de inmediato.

“En ese momento nos dimos cuenta de que no estábamos en Costa Rica. Las corrientes marinas nos llevaron hasta Puerto Armuelles, Panamá. Recorrimos una enorme distancia sin darnos cuenta.

Mientras Manuel y Milton comenzaban a recuperarse, otra historia seguía escribiéndose en el mar.

Manuel Vega sobreviviente de naufragio
Don Manuel Vega fue a la romería luego de caminar 9 días, en la foto de segundo de derecha a izquerda. (Manuel /Cortesía)

Carlos Luis Salazar Barrantes continuaba desaparecido.

Las autoridades panameñas organizaron sobrevuelos para intentar localizar la hielera.

En Costa Rica, familiares, pescadores, Cruz Roja y vecinos mantenían la búsqueda.

Durante varios días, la esperanza permaneció intacta.

Todos pensaban que podía aparecer en alguna playa o ser encontrado por otra embarcación.

Pero nunca ocurrió. La búsqueda se prolongó durante 22 días. Jamás encontraron rastros de Carlos Luis.

Tampoco volvió a aparecer la hielera que salvó las vidas de Manuel y Milton.

“Nunca supimos qué pasó con él. Siempre he tenido la esperanza de que lograra sobrevivir y apareciera en algún lugar, pero nunca encontramos ninguna respuesta”, dijo don Manuel.

Manuel Vega sobreviviente de naufragio
Don Manuel se ha dedicado a servir a Dios. Foto: Cortesía Manuel Vega (Manuel /Cortesía)

52 años después, esa herida que nunca terminó de cerrarse sigue abierta.

Chalazo cuenta que cuando llegaron a Golfito nadie podía creer que estaban vivos porque ya los daban por fallecidos.

“Todos nos tocaban porque pensaban que estábamos muertos”.

Don Manuel asegura que sobrevivió al océano, pero las pruebas no terminaron.

Con los años apareció un enemigo mucho más silencioso: el alcohol, un naufragio que le costó vencer, pero lo logró.

Esa segunda oportunidad para vivir lo acercó a la Iglesia y se convirtió en catequista. Disfruta de su tiempo para servir en la parroquia Patriarca San José de Golfito, Filial San Vicente de Paúl.

“La Virgen me ha sostenido. Ella y Dios hicieron un hombre nuevo. Por eso cada paso que doy es una forma de decir gracias”.

Desde 2022, Manuel emprendió una nueva travesía. Ya no sobre el mar. Ahora sobre las carreteras del país.

Cada año sale desde Golfito rumbo a Cartago para participar en la Romería hacia la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles.

Este año, inició la caminata el 22 de julio junto con su iglesia y, luego de nueve días, lograron llegar el 31 de julio a los pies de la Negrita.

“Cada kilómetro representaba una oración. Cada paso era una forma de agradecer. También llevaba muy presente el recuerdo de mi cuñado, Milton Vásquez Quesada, quien falleció en marzo del año anterior, el mismo hombre con quien compartió aquella lucha por sobrevivir en medio del océano.

‘Voy lleno de agradecimiento donde ella. Si hoy estoy aquí es porque Dios y la Virgencita nunca me abandonaron’”, dijo.

Los años no han dejado de pasar y él aún piensa en lo que vivió en el mar, pero como un gran milagro.

Silvia Coto

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.

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