.12 febrero

En momentos en que el tema del abuso sexual anda en boca de todos, se ha creado un espacio muy sano para conversarlo con seriedad en la familia y lo mismo deberían hacer maestros y profesores en las aulas.

Y para estar a tono con las revelaciones de Lorena Bobbitt, quien rompió el silencio después de 25 años de haberle cortado el pene a su marido, un tema que no es suficientemente tratado es la la violación dentro del matrimonio.

La noche de 1993 John Wayne Bobbitt llegó borracho a su casa y violó a Lorena, su esposa. No era la primera vez que lo hacía. Lorena Bobbitt confesó que harta de los abusos físicos y sexuales de su marido, fue a la cocina, agarró un cuchillo bien afilado y le hizo el daño a John.

Y es que la violación es uno de los delitos que van en aumento. Así lo indica el hecho de que en el 2015, la Fiscalía recibió 1.432 denuncias, en el 2016, se atendieron 1.470 y en el 2017 llegaron a 1.607. En esos números no se especifica cuántas mujeres fueron violadas por sus esposos, pero aunque las cifras estuvieran, especialistas que trabajan con mujeres maltratadas o violadas, aseguran que los reportes serían mínimos porque gran cantidad de mujeres no reportan el ataque sexual cometido por sus parejas por vergüenza o porque desconocen que el sexo forzado dentro del matrimonio también es considerado violación.

“Muchas mujeres y hombres creen que no tienen derecho, una vez en pareja, de rechazar tener relaciones sexuales, ya que lo ven como parte del contrato matrimonial o de convivencia”, dice la sicóloga estadounidense Bibiana Geller.

Pero esto no es así. Dentro del matrimonio, unión libre, o noviazgo la mujer o el hombre tiene el derecho de decir “NO” ante el deseo de su pareja de tener relaciones íntimas, y ese “NO” quiere decir llanamente “NO”. Cualquier acto sexual forzado dentro del matrimonio o una relación sentimental es considerado como violencia sexual doméstica y es castigado por la ley.